Otro adiós sin despedida

Hasta ahora le he visto dos días cada semana y dos horas cada día.

Cuatro semanas sin paradas ni retardos ni faltas ni errores.

Ha sido uno de los alumnos más avanzados, debido principalmente a que se ha pasado media vida manejando esos aparatos del diablo, de teclado y ratón, por el bien y el progreso de su empresa.

Hemos hablado bastantes veces, antes o después de clase, acerca de la utilidad de cierto programa, de si se podía o no hacer tal o cual cosa, de si yo sabía hacerlo, si podría explicarlo a toda la clase o, al menos, a usted en persona.

Ya el primer día me medio informó de sus conocimientos de la materia que se supone que tenemos que tratar durante dos meses o mucho más, lo cual siempre ha sido una ventaja para ambos, para usted como oyente y para mí como predicador.

Se le ha visto siempre interesado por mis a veces repetitivas palabras, y, bastantes veces, le he sorprendido probando por su cuenta, yendo un poco más adelantado que la mayoría, investigando cosas que posiblemente sólo le interesan a usted y que el resto de los que se encuentran encerrados en la misma sala, no saben ni de lejos qué está haciendo.

Nunca me ha parecido de los más longevos de la clase; entre tanta gente de tan avanzada edad, siempre hay a los que uno ve más mayores, más cercanos al lógico final, y los que aparentan cierta juventud interior, los que se ve que no sólo no arrastran nada sino que prefieren empujar con una sonrisa en los labios. A usted siempre le he incluido con los del segundo grupo, sin dudarlo ni por un momento.

...y llega un día como el de hoy, lunes de silencio y preguntas sin respuesta, en el que la directora del centro me comunica con la máxima neutralidad posible que usted ha muerto, que ha tenido un derrame cerebral que ha acabado con su vida, que se le ha llevado al otro lado, destrozando a su familia, dejando únicamente tristes recuerdos en el aire, recuerdos que se ahogarán durante mucho tiempo en las lágrimas de la gente que le quería...

Y le pregunto, muy sinceramente, cómo diablos se supone que debo reaccionar ante lo sucedido? Qué es lo que debo esperar de esta mísera vida cuando veo que gente como usted, que aparentó una aparente buena salud y la más absoluta de las corduras, acaba en el frío cementerio sin haber tenido oportunidad de despedirse de los suyos?

Espero encontrar algún día la respuesta, aunque ya no sirva para nada.

Descanse en Paz, E.A.T.

La muerte acecha en todas partes y es lo único seguro por lo que todos pasaremos un día u otro; es inevitable. Lo malo, lo peor, es que nos la podemos encontrar en cualquier esquina, muy a pesar nuestro, sin esperarnos dicho encuentro. Y cuando no somos nosotros, son seres cercanos a nuestro entorno los que se la encuentran, siendo todo, al fin y al cabo, doloroso de verdad.

Damien, 28/02/00