
| Oculto
Afán de Autodestrucción |
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| A qué cojones estoy jugando? Creo haber conocido la tristeza y lo más seguro es que sea la misma que siente un niño cuando el día de su cumpleaños se le cae el helado al suelo. Me ahogo en un vaso de agua, me hundo en la miseria de mi propia existencia, arruinada por mí mismo, único culpable de lo que me suceda. Escribo y escribo palabras tristes, añadiéndole la (mi) desfachatez de publicarlas, estando todas ellas al alcance de cualquier extraño y me doy cuenta de que la mayoría de veces no sé ni siquiera por qué escribo lo que escribo o porque lo dejo colgado de mil pantallas a las que todos pueden acceder. Existe muchísima gente en este y en otros lugares que saben infinitamente más de tristeza de lo que posiblemente yo nunca llegaré a imaginar, que la viven y la arrastran cada día con cada bocanada de aire que respiran, que sufren, que viven el dolor... Una tristeza más palpable, más física, más real. Y mientras yo, aquí, sentado, sin verdaderos problemas, no hago más que alabar o desmerecer al único protagonista de mis historias, yo mismo, mi ego, mi misma persona, el mundo que gira a mi alrededor o el mundo alrededor del cual giro yo, como si sólo yo existiera en este mundo, como si el narcisismo se hubiera adueñado de mí. Cuento mis problemas cotidianos, y los que no lo son, como si se tratara de la historia que todos quieren leer, que todos quieren conocer. Pero sé que no es así. Y no sé si tomármelo como un modo de desahogo, una manera de expulsar mis demonios, mis fantasmas, mis complejos, mis miedos... o pensar que mi egocentrismo se ha expandido tanto que me impulsa a hacer lo que hago. Sea como sea, sé que por mucho que escriba, no va a cambiar nada en mi interior, por que anda ya demasiado podrido y escarmentado. Yo sé lo que puedo sufrir - y desgraciadamente no sé bien lo que sufren los demás -, pero quizás eso no sea suficiente para hacer lo que hago, para pensar como pienso, para ser como soy. Es difícil ver más allá de la oscura niebla y de la ceguera mental, es difícil olvidar el vacío que a uno le invade aunque se sea consciente que ese esfuerzo perdido, esas energías destrozadas, se podrían emplear en ayudar a otra gente o empezar por uno mismo o que, simplemente, uno no tendría más que dejar de pensar en sí mismo como si del centro del universo se tratara, olvidando un poco la soledad y la desolación que se siente y mirando hacia delante, con la cabeza bien alta y llena de esperanzas. Pero es para mi una meta demasiado complicada, algo demasiado lejano, ya que en el fondo poseo un Oculto Afán de Autodestrucción... |
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| Damien, 17/09/99 | |
