| Querida, cariño mío, con este enlace que nos une
de por vida, es cuestión de tiempo que aprendas a despreciarme como yo me desprecio.
Con el tiempo aprenderás a sentir repugnancia hacia mí, del mismo modo que desde que
recuerdo siento yo por mi propia existencia.
No es mi intención que me comprendas; difícilmente lo conseguirías a menos que vivieras
bajo mi piel, como yo intento hacerlo noche tras noche, comprender todos y cada uno de mis
actos, de mis pensamientos, de mis tristes huellas en la arena, mientras éstas se
desvanecen en el tiempo y en el espacio, borradas por el mar de la desgracia y del sumo y
vital error que me destroza.
Soy tan complejo como simple, tan sencillo como complicado, por que en el fondo estoy
hecho de lo mismo que tú, sólo que pulido con un artefacto caduco y decadente.
Y es, dulce mía, cuestión de tiempo que acabes ignorándome, sin apenas entenderlo, por
falta de esperanzas, abandonándome a mi propio destino, el que laboriosa e
incorrectamente he ido labrando para mi persona durante todos estos años.
Por que, a fin de cuentas, ni me comprendo yo ni jamás me comprenderás, permanentemente
oculto entre la niebla de acero de mi prisión sin luz ni aire ni alimento.
Al final tú y yo seremos lo mismo, despreciables y ofensivos, tú me abandonarás a mí y
yo te abandonaré a ti, como un simple juego de niños...
Niños que juegan con vidas.
|