Larga y absurda espera


He pasado largas horas estirado semi desnudo en el sofá, mirando el techo blanco que me protege del agotador sol, a la espera de lo que no va a suceder, de lo que no va a llegar, eso que no sé qué es y que tantas veces espero absurda y tristemente escondido en mi caparazón de cartón podrido.

La espera se hace eterna mientras sigo mirando el techo protector, esa imagen opaca, vacía e hipnotizante que hace que las horas pasen y pasen y ni siquiera pase por mi cabeza la idea de moverme lo más mínimo con tal de percatarme que sigo vivo, de que soy algo más que la carcasa de un ser inanimado, que soy algo más que un mero cadáver.

El tiempo transcurre de manera terrorífica, los cambios son nulos y, así mismo, yo tampoco cambio. Se puede percibir un hedor a estático, a inmovilidad, a pasividad aniquiladora que no hace más que engendrar más y más gusanos enormes, repugnantes y nauseabundos, de la pereza más envilecedora, de la desidia corroedora que parece alimentarme.

Te he buscado día y noche, te he esperado hasta el amanecer, he deseado que llamaras a la puerta de mi vida pero no lo has hecho.

Has estado escondida en algún lugar suficientemente lejano como para que yo no te encontrara jamás.

Sé que existes, me han contado que así es.

Te he visto en la sonrisa de muchas personas y en la cara de alegría de otros tantos, pero sigo pensando que me evitas premeditadamente, que eliminas cualquier posibilidad de contacto conmigo y sigo sin entender porqué.

No sabes cuanto te he deseado, cuanto te necesito y tú, sin embargo, sigues manteniéndote inalcanzable a mis brazos...

Maldita felicidad, dónde te has escondido? Dónde diablos estás?

Damien, 23/07/99