Instantes

Hay días en los que la vida se llena de preguntas, se me debilita el corazón y me fallan los sentidos, el ser pasa de un estado de incertidumbre a convertirse en puro sentimiento.

La vida de repente es un desierto de desolación y mi entorno es como un baile de máscaras donde la realidad se oculta en un engaño y entonces ocurre; la tristeza invade todo mi ser y la pasión de vivir es arrebatada por un abismo muy hondo lleno de oscuros sufrimientos, besos manchados con sangre y todo esto sólo por amor, por querer regalar la luna sin preguntar, por querer alcanzar las estrellas sin pagar su precio, tan sólo por querer escuchar aquellas palabras sin nombre y no cumplir las reglas del juego más hermoso: la vida.

Esta es la historia para quien pueda interesar, es la triste historia de una mente que sabía demasiado y un corazón dañado por saber, estos un día eligieron una fría noche de invierno para desenmascarar los sentimientos ocultos en el destino.

La vida son momentos, instantes que huyen de la alegría y habitan en la nostalgia; los instantes más tristes son los que más recuerdas y menos deseas recordar. Los más difíciles de olvidar serán los que perdurarán en mí para siempre.

Todo empezó una noche cuando me envolvieron las tinieblas, tuve un gran afán por saber que me escondía el futuro y si tendría algún as escondido en la manga; salí de casa y en el silencio de la noche vagué por las calles hasta llegar a un lugar donde vivía una gitana que revelaba los secretos del destino.

Carmen la gitana me hizo pasar a su humilde casa, yo entré con mi desesperada incertidumbre y sin pensar en las consecuencias le rogué que me mostrara lo que me deparaba mi destino, ella como tantas veces lo hizo una vez más, arrebatándome con sus palabras mi gozo de la vida y regalándome a la vez una triste amargura que destrozó mi felicidad para siempre. Carmen me reveló le llegada de la dama negra para una persona muy cercana a mí a la cual yo quiero mucho y entonces el miedo se apoderó de mi alma, cumpliendo esta para siempre cadena perpetua en la cárcel del miedo.

Mi vida ya no es la misma después de haber vivido estos instantes, ahora mismo me siento prisionera, esclava del destino, sólo vivo esperando que pase lo que me contó la gitana.

Esta vez el destino me tiene atrapada, me quiere hacer pagar por haberle despertado de su sueño eterno simplemente por mi curiosidad. Cada día los recuerdos se me hacen más dolorosos, la vida más difícil de comprender, vivo en un castigo, cada día me despierto con las mismas preguntas: ¿habrá llegado ya el momento?, ¿verás hoy a esa persona? o ¿es demasiado tarde?...

Estoy todo el día meditando, me encuentro en cada instante en el horizonte donde se funden el amor y la desgracia. Nadie puede llegar a imaginar lo embarazoso que es poder mirar a esa persona a los ojos y hablar con ella, compartir sus sueños, llorar, quererla, darle un beso, abrazarla... sabiendo cosas prohibidas que jamás le podré contar. Cuando la miro veo en ella un sueño que se ha desvanecido como una flor sin agua y sin luz, como un amor sin amor.

Qué amargo es vivir sabiendo que un día la ha de perder, el día que esto suceda sólo me quedará recordar, revivir el amor que teníamos escondido entre nosotros dos, recordaré el instante en el cual un día entre el silencio sólo se oía el mar y el latir de nuestro corazón sin notar el ruido de la gente alrededor dejando irse los minutos, las horas, los días... sólo en compañía de nosotros dos, recordaré esos días llenos de emociones nuevas, pensaré en tus ojos con una mirada enamorada, con tu rostro, tu presencia, tantas cosas que jamás podré olvidarte.

Ahora sólo me queda buscar un mañana que me cure las heridas, pero me seguiré preguntando: ¿fue un error o era lo mejor que podía haber sucedido?, no lo sé, ahora mismo mi esperanza se ancla en una frase de una gran sabio, como muy bien dijo un día Voltaire "las cosas pasan de la mejor de las maneras", por lo tanto nada es mejor que nada, y yo seguiré esperando encontrar la llave que encierre a los instantes en una habitación donde quedarán cubiertos por el polvo y jamás volverán a resurgir en mi vida, permaneciendo para siempre en el más recóndito de los lugares, convirtiéndose así en instantes del olvido.

Mientras no encuentre la llave de mi salvación yo seguiré en el frío juego de la vida coleccionando instantes.

Luci, la de los labios carnosos,
hace mucho tiempo