(Días infernales en tres partes)
Todas las mañanas del mundo, al saberme despierto, me preguntaré
seriamente, medio dormido, si vale la pena levantarse, si no sería mejor quedarme en la
cama y no empezar un nuevo y bochornoso día.
Todas las tardes del mundo me daré cuenta de todo el tiempo que llevo perdiendo hasta
entonces y sabré a ciencia cierta que hasta que finalice el día no haré otra cosa que
perder el tiempo y no hacer nada que merezca la pena.
Todas las noches del mundo, al acostarme, rezaré por que esa sea la última noche, por
que sea la noche más eterna.
Todos los días del mundo seré consciente de mi vacío y le pediré a los dioses que no
exista un mañana.
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