Mi Judas


(La curiosidad mató al demonio)

Recuerdo ese día perfectamente. Lo recuerdo como si fuera hoy, ahora, y dudo que pueda olvidarlo jamás por el mal trago que me hizo pasar, por el dolor que me causó y por ese daño que parece irremediable (incurable) y que me fue torturando día tras día sin haber perdido la suficiente fuerza en la actualidad.

Me podría volver loco con sólo de pensar intensamente en la pesadilla que empezó para mí ese día, el día del cual me he arrepentido constantemente desde entonces hasta hoy.

Lo más doloroso de todo es que fue casi sin querer, que mi mala suerte, mi compañera del alma, la que me sigue allá donde vaya, me llevó hasta el mismísimo centro de la hoguera en que se convertiría mi ya para entonces jodida existencia.

Aprietas una tecla, esperas un rato, y con buenas intenciones empiezas a dedicarte a "hacer limpieza". Si hubiera sabido lo que me esperaba como consecuencia de tal limpieza, hubiera arrancado a correr como perseguido por la muerte o por la peste para no volver jamás.

Pero, sin embargo, encontré allí en medio algo que preveía que me causaría demasiados dolores de cabeza.

Una vez delante, me planteé si seguir con mi misión allí, la de realizar una limpieza exhaustiva, o aprovechar esa oportunidad inoportuna que el destino, el sucio destino, me había deparado y servido en bandeja, la sorpresa de poder ver lo que sólo dos vieron.

Estúpido de mí, lleno de curiosidad, envidia y celos, me dirigí al borde del precipicio con una sonrisa maliciosa en la boca, pensando que no sería todo tan malo, a pesar de saber de antemano que caería irremediablemente hacia el vacío,  u n a  v e z   m á s.

Y tal como había intuido todo se volvió contra mí; leer esas palabras me rompieron el alma al instante, me crucificaron de nuevo como al nazareno.

Supe allí, en ese mismo momento, lo que ya mucho antes había intuido, descubrí un gran secreto guardado bajo llave, el mismo secreto guardado bajo la llave del pecado que he revivido entre lágrimas y nauseas muchas noches desde entonces.

La curiosidad mató al demonio, y mi curiosidad se vio ultrajada por palabras que describían hechos, y hechos que descubrían sentimientos, sentimientos atados a personalidades que ya no quería conocer, que quería olvidar lo más pronto posible.

Y lo más amargo de todo, lo que quizás más daño me hizo, fue que, después de haber luchado a muerte para conseguir intimidad, la mía y la de los demás, hubiera caído tan bajo leyendo lo que no era mío, metiéndome en los asuntos de otros, donde nadie me había llamado, sabiendo de la vida privada de otros, traicionando mis propios dogmas más arraigados y traicionando a la persona que más quería.

Yo mismo fui Judas
Mi Judas

... y ahora lo pago, sin beso, monedas de plata, olivo ni cuerda con las que redimir mi pecado y mi pena...

(Cuando te pasas tanto tiempo odiando a tus enemigos, criticándolos pública o privadamente, acabas pareciéndote a ellos. En mi caso, he acabado siendo aún peor que mis enemigos.)

Damien, 23/08/00