
| Rostros
de medianoche |
|
| Me enamoro demasiado fácilmente de todas
esas caras. Cada noche, al acostarme, cuando se supone que debo dormir, aparecen a mi lado rostros apetecibles, facciones humanas, venidas de la calle, del mundo físico, y me hacen compañía hasta el amanecer. Intento dormir pero mi siempre - insoportablemente - intranquilo cerebro me llena de ansiedad, de sueños desbordados de deseos y de suposiciones nocturnas, acerca de qué podría ser, acerca del porqué no es. Me resulta ya demasiado complicado averiguar si se trata de verdaderas caras o si no son otra cosa que máscaras, antifaces que sirven para esconder las profundas intenciones o desintereses de las criaturas de las que yo nunca esperé nada malo ni tampoco nada bueno (ni debería hacerlo jamás). El convencerme de que esos rostros no son físicamente reales, que están allí por que yo así lo deseo, por que en el fondo quiero que me acompañen, me parece sumamente complejo a estas altas horas de la madrugada, cuando creo que estoy soñando, cuando debiera estar descansado de verdad, y simplemente me doy cuenta de que puedo abrir los ojos con total facilidad y percatarme de que todavía permanezco despierto y angustiado. Los bonitos rasgos faciales me sonríen mientras me aseguran que tienen lo que nunca antes he conseguido ver en ningún otro, que tienen la llave que ando buscando desde hace lustros y que ha de permitirme abrir la puerta y salir del castillo encantado (maldito) en el que reino. Todos esos rostros, todas esas caras que me miran con cariño, llenas de vida, y que me quieren convencer de que traen el cielo y la paz, el amor y la harmonía, hacen que mi cerebro no pare de dar vueltas pensando en ellas, sin, al fin y al cabo, encontrar una salida, encontrar una solución... ... por que cuando llega la mañana, esos rostros ya no están aquí, a mi lado, en mi cama, para de nuevo mirarme, sonreír y confirmar que realmente han encontrado el camino que yo un día perdí. |
|
| Damien, 24/01/00 | |
