No puedes llegar a imaginar cuanto te odio. Dudo que nunca por tu mente pase la idea de
que alguien como yo pueda tener algo en contra tuyo, aunque imagino que algo debe intuir
tu vacío cerebro, dado que a partir de cierto día debiste notar que mi comportamiento
contigo cambió de manera algo disimulada.
Y si disimulaba no era ni mucho menos por que no tuviera valor suficiente para realizar un
cambio radical con respecto a mi actitud hacia ti, sino que todavía no era consciente de
lo que estabas haciendo, de lo que te estabas ganando. Mi odio hacia ti estaba en fase de
desarrollo y te aseguro que ha tenido tiempo de sobras para desarrollarse, crecer, madurar
y hacerse tan fuerte que sé que si te encontrara alguna vez en persona todo mi ser
recibiría una sacudida tal de energía negativa que, o bien me iría corriendo por no
poder soportar ni por un instante tu presencia o bien te mataría allí mismo con mis
propias manos.
Tú llegaste como si nada, pero al poco tiempo ya me di cuenta de que tu mirada iba
siempre por mal camino, que tus apestosos ojos miraban lo que no debían mirar y que tales
actos me estaban poniendo de mala ostia.
El destino y tú mismo, perro pulgoso hambriento, hicisteis que la cosa empeorara,
aprovechando mi ausencia para asentarte en un lugar que no te pertenecía, para hacerte un
sitio en un débil y desesperado corazón en busca de apoyo.
Me hiciste pasar la peor época de este año, te lo aseguro, haciendo que cada día de mi
vida fuera un juego de supervivencia, dolido de sólo pensar qué harías ese día, para
ver si podría soportarlo, si harías más el buitre o si te estarías calladito, sentado
y tranquilo sin tocar mi piedra preciosa.
El respirar se me hacía difícil y mi trabajo se veía perturbado por tu sola presencia,
demasiado peligrosa según mis intuiciones, que hacían que yo perdiera todo el tiempo
vigilándote y observando todo lo que hacías.
Hiciste que llegara a odiar a la persona que más deseaba a la vez que tú eras mi mayor y
peor enemigo y me entraban ganas de aplastarte el cráneo contra el teclado que descansaba
bajo tus desagradables manos, portadoras de esas uñas llenas de carroña que tienes, la
única carroña de que la eres capaz de alimentarte sin ayuda de la puta y cruel suerte
que tuviste durante cierto tiempo.
Tiempo después, cuando ya pensaba que sólo me quedaba enfrentarme con el sangriento
recuerdo, me enteré de algo que no debería haber sabido jamás, dado que aunque tú
gracias a dios ya no te encontrabas en mi entorno, volví a tener un bajón de los que no
se olvidan, de los que cuestan superar... de nuevo, y en la distancia, me jodiste en lo
más profundo de mi ser...
Te aseguro que no tengo más sentimiento hacia ti que odio y rencor, y que no sé como
actuaría frente a tu hueca persona, pero creo que el odio y la rabia que llevo dentro se
materializarían en algo que jamás has visto y que espero por tu bien que no lo tengas
que ver nunca en tu simple y nauseabunda vida.
Me hundiste en la miseria que aún hoy me priva de caminar con decisión y seguridad.
Espero que tengas oportunidades en la vida de pasar el infierno que yo pasé por tu culpa,
por que te aseguro que si no las tienes yo te las daré, yo te haré vivir la agonía por
la que pasé por tu culpa durante los 2 meses que creo que pasaste cerca de mi amor.
A ti, y a todos los que, como tú, se dedican a hacer de buitre por la vida sin pararse a
pensar en las consecuencias, que te jodan bien jodido y que te den por culo con un hierro
lleno de estrías y agujas a fuego vivo.
Nos veremos en el infierno...
( A veces, cuando pienso con cordura
y serenidad sobre esa época agónica de mi vida y lo que aconteció, me doy cuenta de que
quizás tú no fueras más que un simple muñeco, una especie de víctima, como yo fui una
vez.
A pesar de todo, por poca iniciativa que tuvieras en lo que tú y yo sabemos, no hay
perdón para ti.
Nada puede ya salvarte. Condenado a mi odio eterno... ).
|