
| Abre la boca
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| Siento frío, cuando veo la luz acercarse,
y me doy cuenta, de que estoy desnudo. No puedo respirar, tengo cables de acero que me
atraviesan los pulmones, y me llegan al cerebro. Me trepanan con la dulce oscuridad de tu
boca, solo confundida con la de tu vello púbico. Madre, he pecado, he sido malo... Juan,
el que siempre me hace burla... le he pateado hasta la muerte, y luego... le abrí la
cabeza... y me comí sus sesos. Madre... porque te vendes en la calle... no ves que la
infecciosa muerte arrastra las mortajas en tus esquinas... y que las cuentas limitan a tus
sirvientes, que penan por tu sexo... zarpa mortal... que les arranca los ojos. Uno en uno,
dos... uno en uno tres, dos en dos y dos, siete... y mientras nos sentamos, la vida se nos
escurre entre la piel y en asiento... es un reguero de espuma, es una lavativa... es el
alma que se esparce y desaparece. Y me estrujo los dedos, sin saber que solo dos son
míos... y el mañana es el ayer que acaba hoy... y mientras la morfina hace efecto, yo me
pregunto a cuantos de mis hermanos me parezco. Madre esta oscuro, apaga la luz para que la
noche me atienda, me mire a los ojos y me abra la boca, para dejar de respirar. |
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| John Merrick, 15/02/00 | |