Arremete contra mí

 

Aparece de pronto, inesperadamente. Llama a la puerta y haz que al abrirla una mueca de alegría, una gran sonrisa, esconda mi imperfección facial. Mírame a los ojos como nunca me has mirado antes. Haz que tu mirada atraviese el húmedo cristal de mis ojos y llegue hasta lo más profundo de mi alma.

Arremete contra mí, atácame, atrápame, lléname de besos y de cariño, que la sorpresa se ciña en mí mientras tu pasión me llena de golpe de calor y ensueño.

No me dejes apenas respirar con tus labios y con tus brazos y manos que me abrazan y se aferran a mí como si éste fuera el último día de nuestra vida.

Sigue así durante un rato, hasta que te canse estar de pie, y luego arrástrame hasta el salón. Estírame en el hasta entonces calmo sofá. Salta encima mío, aprópiate de mi cuerpo, viólame, desgárrame la ropa que lleve encima hasta que tengas todo mi cuerpo desnudo para ti.

Úsalo, abusa de mí, succióname, bésame, recorre con tu lengua todo mi cuerpo, lléname de placer mientras me veo incapaz de soportarlo todo sin estallar, mientras los dos nos satisfacemos sin interrupción ni descanso.

Abrasa mi carne con el calor que desprende la tuya. Haz que los dos ardamos en las llamas de la pasión.

Araña mi espalda y mi pecho con tus afiladas uñas, déjalas regocijarse en la sangre que sale de los arañazos que me produzcan, la misma sangre que acabará mezclándose con el sudor en el que tú y yo resbalamos.

Márcame con tu sello sexual, con lo que espero de ti. Demuéstrame lo que vales, la lujuria y la fogosidad con las que tanto tiempo te he asociado.

Libera tus instintos más bajos, los que llevas guardados desde hace ya mucho tiempo, escondidos bajo tu piel, los que tantas veces has deseado hacer realidad.

Pero, cariño mío, cuando acabes, devuélveme lo que es mío.

No olvides sacar mi corazón de tu bolso y dejarlo encima de la mesa, por que, a pesar de todo, todavía me pertenece.

Damien, 21/09/99