Mi Barrio

 

Algunas veces las cosas son más absurdas de lo previsto.

Me llaman del Centro Cultural de mi barrio para avisarme que organizan un concurso de plástica y otro de cuentos, cuya temática es precisamente: mi barrio. (Composición tema: la vaca II)

Si hablo de absurdos es porque lo mas ridículo del caso es que me siento a escribir algo sobre mi barrio, sin tener en cuenta que para mi este es un barrio muy puto.

Entonces trato de pensar en el paisaje, en su gente, las costumbres del oeste, o algo similar y me pongo en cambio a pensar en todos los reputos vecinos que tengo, en esos viejos chotos con cara de fracaso y cuya única actividad en la vida es intentar amargarme la existencia. Ergo, ningún poema épico, mas bien una comedia tragicómica propia de Fellini.

Pero no soy Fellini y tampoco guionista del grotesco italiano (aunque quisiera serlo, es lo que más quisiera en la vida!)

Y me pongo a escribir... y escribo:


Mi barrio es un barrio muy puto, no por el lugar en sí mismo, porque en realidad es bastante bonito. Lo que es desagradablemente insufrible son mis vecinos, son todos viejos y me odian por no ser vieja, entre tantas otras cosas...

También podría criticar la numeración de las calles, que esta como el orto.

En la vereda de enfrente (donde vive la vigía Lombarda que controla cada uno de mis pasos) la numeración es 2700. En la mía (mi vereda), la numeración es 2900. Eso en realidad a mí me tiene sin cuidado, en verdad me importa un carajo. Pero lo que sí me rompe las pelotas soberanamente es que, como vivo en una esquina, todas las personas perdidas (y son absolutamente todas las que buscan una dirección en mi calle), vienen a tocarme el timbre para que los oriente, como si en la puerta hubiese un cartel que dijera: Aqui se orienta.

Soy guía de turismo, bah... en realidad lo fui. Ya no lo soy ni lo seré jamás porque olvide el nombre de todas las cosas importantes de guiar. Pero parece ser que hay una fuerza kármica que me obliga a responder a cada uno de aquellos perdidos con mi mejor sonrisa y muy buenos modales: que se vayan a la concha de su madre o que consulten el Catastro Municipal porque yo estoy muy ocupada depilandome las piernas, o tomando cafe o pegando figuritas en mis albumes.

Otro tema son los evangelistas y testigos de Jehová que a toda costa, insistentemente pretenden convertirme en una persona honrada y beata, en un despreciable ser con fe. Pero de esto no le echo la culpa al barrio, sucede por todas partes.

Enumerar uno a uno a todos los mierdas que habitan mi entorno seria demasiado extenso y además no valdría la pena, así que no hablare mas de mis vecinos, excepto para decir mis ultimas palabras con respecto a ellos: yo no los odio y ellos me odian justamente por eso...

Mi barrio es puto porque las mujeres barren las veredas todas las mañanas y entonces la mía se ve peor de lo que esta si ellas no se encargaran de lustrar de tal modo las baldosas como para que la diferencia se note aun más.

Hay algo más estúpido que barrer una vereda? Bueno, por aquí las cosas son así, por eso digo que es un barrio puto.

De vez en cuando un viejo se muere y yo comienzo a desear que la casa deshabitada sea adquirida por alguna persona con la que pueda conectarme de algún modo. Esto podría ser algún muchachito lindo e interesante o bien alguna mujer joven e interesante a la que pedirle una taza de azúcar por la madrugada, o con la cual compartir alguna birra, o hacer un fasito cuando los niños están en el cole.

Nada de eso. Las casas deshabitadas permanecen deshabitadas durante eternidades, se llenan de gatos y el olor a pis (de gato) invade toda la atmósfera de mi puto barrio.

Los comerciantes de mi barrio son un tema aparte, sin dudas...

Nunca están cuando uno los necesita. Por ejemplo, un lunes a las siete de la mañana en que uno necesita cigarrillos para el desayuno. Los hijos de remilputas abren sus negocios a las nueve y uno se tiene que ir pateando hasta otro barrio para conseguirlos... Lo peor es que cuando regresa, ya están todos abiertos y te abarrotan el buzón con promociones y panfletos de distinta índole ofreciéndote los servicios más diversos, servicios que no sirven para un sorete.

En fin, me han pedido que escriba algo sobre mi barrio y esto es lo que mañana recibirán en el Centro Cultural de... mi barrio, con la secreta esperanza de que me dejen de joder con boludeces. Aunque presumo que, sólo para molestarme, tal vez me den el primer premio.

Lucrecia, 14/12/99