
| Claustrofobia
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| ...y entonces se cerró la
puerta del sótano, dejando el pequeño cuarto en una oscuridad casi total. Mi primera reacción fue ir corriendo hacia la puerta para intentar abrirla, pero la acción fue inútil, pues la habían cerrado con llave desde el exterior, y por mucho que lo intenté, la puerta no cedió ni un solo milímetro. Empecé a gritar, a pedir auxilio, a golpear la puerta, pero nadie respondía a mis peticiones de ayuda. Mi pulso se empezó a acelerar, y comenzó a dolerme la garganta de los potentes chillidos que salían de mi boca, así que decidí dejar de dar gritos, y pensé en tranquilizarme un poco. Lo intenté, pero fue imposible, mi corazón latía cada vez más y más deprisa y parecía que no hubiera forma de pararlo. Estaba apoyado frente a la puerta, todavía dando golpes, y comprendí que estaba solo en aquella desolada casa, así que me di la vuelta e intenté observar el interior de aquella habitación desconocida para mí, pero estaba oscura, muy oscura y no conseguí ver mas allá de un metro desde la posición donde yo estaba. A tientas, llegué hasta una de las paredes laterales del cuarto oscuro, y me deslicé con el trasero apoyado en la pared hasta tocar el suelo, quedándome sentado a la izquierda de la habitación. Mi corazón seguía palpitando muy deprisa, y noté que me costaba respirar. Tenía miedo, mucho miedo, no podía controlar mi pulso, y me estaba quedando sin aire; era necesario salir de allí, y salir cuánto antes, pero no tenía fuerzas para hacer nada, tenía todos los músculos en tensión, y ninguna parte de mi cuerpo obedecía a lo que le ordenaba mi mente. Quise levantarme e ir de nuevo hacia la puerta, pero no pude. Había un silencio aterrador en ese lugar, lo único que oían mis oídos eran los rápidos latidos de mi corazón, y mi respiración cada vez más dificultosa. De repente se me hizo un nudo en el estómago, y se me erizó todo el vello de mi cuerpo, tuve la sensación de que no estaba solo en ese lugar, de que alguien o algo me estaba observando. En ese momento, aguanté la respiración para agudizar al máximo mis oídos, y mientras, mis pulsaciones, volvían a incrementarse de forma peligrosa; notaba que todo mi cuerpo se movía al compás de los latidos, y empezó a llegar a mi brazo izquierdo un dolor que se propagó hasta la parte izquierda de mi pecho. Fue entonces cuando oí el ruido, un ruido que provenía del extremo opuesto de la habitación desde donde yo estaba. Al oírlo, mi corazón se paró de golpe, no llegaba aire a mis pulmones, y el dolor se intensificó de tal manera que perdí el conocimiento. Así es como perdí la vida en aquella casa abandonada y desconocida, todo por la maldita curiosidad. |
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| Bastard, 8/7/98 | ||