
| La breve y desgraciada - pero intensa - vida de una compresa
|
|
Quizás actuara de manera impulsiva el príncipe heredero de la monarquía inglesa al afirmarle por teléfono a su amada de toda la vida que quería ser su Tampax. Imagino yo que, excitado y con ganas de excitar a la contertuliana telefónica, decidió optar por una manera un tanto brusca y soez de decirle a la mujer con la que se acostaba a escondidas de todo el mundo que deseaba estar dentro de ella, o sea, que deseaba permanecer en el interior de su vagina, quizás sólo su pene, lo normal, o quizás todo él dentro de esa pequeña cavidad cavernosa y carnosa que tanto parece gustarnos. Pero es posible que el poco agraciado príncipe no se hubiera parado a pensar profundamente en que la vida de las compresas, al fin y al cabo, no sólo es brevísima y ciertamente desagradable sino que, de manera bastante desagradecida, son abandonadas a la soledad o a la muerte, tiradas a la basura o a cualquier lugar. Ser una compresa es vivir largo tiempo encerrada en una caja con compañeras de tu misma especie sin poder ejercer, permanecer allí atrapada hasta que alguna mujer te necesite, hasta que alguien precise de ti, momento en el cual saldrás de la caja para pasar a un lugar en principio mejor, y al final bastante peor. La vida de una compresa, esté dentro o sólo en permanente contacto, es estar en el mejor lugar del mundo para acabar bien pringada y enguarrada, bien sucia y mojada y, acto seguido, lo más pronto posible, ser eliminada sin miramientos ni perdón, acabar en una papelera o contenedor entre montones de despojos caseros (o no) como papeles rotos, cajas de yogures vacíos, comida en las últimas, condones usados y demás calaña producida por y para la humanidad. Sin un uso concentrado de materia gris podríamos afirmar que la trayectoria o la vida de una compresa se asemeja demasiado a la de un cerdo, que nace para morir y acabar dentro de los que se lo comen a gusto, o como una cosecha, cuya vida es segada, en su mejor momento, tiempo después... Así que, no sé si en nombre de todas las compresas y tampones o en nombre de la mayoría de las mujeres, a pesar de que yo ni me considero compresa ni mujer, querido príncipe, antes de echarle un piropo a tu amante, piensa lo que dices y escoge bien tus palabras. |
|
| Damien, 03/07/00 | |