Un deseo para el 2000

 

(Dos horas después...)

Ya ha llegado la hora cero, los ordenadores de todo el mundo (parece que) siguen en marcha y sin ningún problema aparente mientras la gente, a estas horas y como algo que cada año cae, se lo está pasando de muerte, cogiendo unas borracheras del copón que no olvidarán jamás, pensado que ya hemos cruzado las puertas del nuevo milenio y que a partir de ahora las cosas van a ser mejores, más novedosas y más estupendas que nunca.

Yo, por mi parte, me he acabado la copiosa cena, la misma que alguien ha decidido preparar para recrear una de las - supuestas - noches más felices del año (o de lo que fue el año), me he comido las 12 uvas - 12 piedras en mi garganta - de siempre, a mi ritmo, a mi paso, sin prisa, poco a poco, con cuidado de no atragantarme precisamente esta noche y previamente habiendo intentado en vano el no tener que seguir con la tradición.

Como es habitual, como suelen hacer muchas personas, y dado que nunca antes lo había hecho, al son de las campanadas he decidido pedir un deseo para este año 2000, a ver si se cumple.

Mi antojo ha sido tan simple como claro, tan deseado por mí como que son 12 y no más las campanadas que empiezan a sonar cada 1 de enero de cada año a las cero horas, cero minutos y cero segundos.

He pedido que el año que viene, por estas fechas, pueda encontrarme tan y tan lejos de aquí que no tenga ni siquiera la remota idea de que se encuentra al caer un nuevo año, que no tenga que soportar de nuevo toda esta tortura festiva que ha sido, es y será para mí la Navidad y todo lo ésta que comporta: las comidas especiales o en grandes cantidades, los turrones, las uvas, el cava, el vino, las fiestas, la alegría de la mayoría, los regalos de reyes o de abuelos de barba blanca provenientes de no_sé_dónde, las reuniones familiares y el estrafalario y repulsivo ambiente que se respira por las calles y casas de casi todas las ciudades del mundo.

Me da lo mismo dónde y con quien estar. Tanto si estoy perdido en el desierto, en la cueva más profunda, encerrado en una cárcel en el sótano de un búnker iraquí como en otro mundo, en otra galaxia o en otro universo: sólo le pido a este 2000, cuando se acerque su punto y final, estar bien lejos de aquí para no tener que sufrir toda esta baratija navideña que todos parecen disfrutar.

Por fin ha acabado ya todo... hasta dentro de un año.

Damien, 01/01/00