La Historia del Rey Don Fulano

 

Dedicado a Isaac d'Aiguaviva,
por meterme en estos embrollos.

NARRADOR: En un lugar muy lejano,
en un mundo muy distinto
vivió el rey Don Fulano,
amante del vino tinto.

REY: (Borracho) Es que bebo demasiado,
es que quiero al vino tinto,
es que me siento angustiado
si las tripas no me pinto.

Bebo por mi reina esposa.
Por sus muy largas coletas.
Porque ahora está en la fosa
tras haber comido setas.

NARRADOR: Todo lo hacía por el vino.
Por las nubes se subía.
Mas, sin comer, quedó fino.
Sin peso murió un buen día (cae al suelo).

HEREDERO: ­Hay mi padre borrachito!
­Que tristeza nos has dado!
Has muerto en tu rinconcito
y, al caer, no te has manchado.

INFANTE: (Entrando) ¿Qué ha pasado? ­Madre mía!
¿Qué hace papá ahí tumbado?
Ha muerto, me lo temía:
el envase ha caducado.

HEREDERO: Ve y llama al sepulturero.
Que entierre al rey, hermanito.
Voy a ser el heredero.
­Ya te dejaré un poquito!

INFANTE: ¿Un poquito? ­Soy tu hermano!
Además, ­mira qué mono!

HEREDERO: ­Anda! No seas gusano.
¿Quieres la mitad del trono? (se dan la mano).

NARRADOR: Ya habéis visto qué personas.
Todas ellas son iguales.
Tal vez todas sean monas
mas no valen dos reales.

SEPULTURERO: (Entrando) Mi cliente me está esperando.
No querrá ver malvas ahí.
Por favor, no estén mirando.
Trabajo mejor así (sale con el cadáver).

INFANTE: Ha sido un final muy triste
para un rey tan rico y bueno.
Tuvo un pequeño despiste:
beberse un vaso tan lleno.
HEREDERO: No fue el vino su asesino.
Fue una mezcla de productos,
con aceite de ricino
y agua de los acueductos.

INFANTE: ­Qué bajo me habéis caído!
Matar a un rey tan bondadoso...
Mucho me habéis dolorido
y, por eso, ahora toso (tose).

SEPULTURERO: (Entrando) ­Virgen Santa! ¿Qué ha pasado?
El muerto está bien vivo.
Aunque mucho me ha pagado
sin aceptar el recibo (enseña el recibo).

INFANTE: ¿Por qué os ha pagado a vos?
No habéis hecho el agujero...

SEPULTURERO: Lo he hecho, más otros dos,
para usted y el heredero.

REY: (Entra aún borracho) Mi vida aún no está rota.
Por fin he dejado el vino.
­Mi reino por una bota!
Una bota de ricino.

NARRADOR: El rey no quiso matarlos,
les apreciaba y quería.
Sólo quiso utilizarlos
en pruebas de puntería.

Mas algo había aprendido:
había algo más que el vino.
El tinto fue sustituido
por aceite de ricino.

Jam, sin fecha