
| Huelo a mí. Huéleme
|
||
| A pesar de que la estancia es lo
suficientemente grande como para que uno no se dé cuenta de los olores, los perfumes y
las pestes de los demás, es inevitable que yo me huela a mí mismo. De hecho, y a pesar
de mis anteriores palabras, creo que mucha gente no percibe su esencia. O bien no saben
olerse, o bien nunca se han parado a pensar - a oler - su olor, ese aroma que cada uno de
nosotros desprende, acabemos de ducharnos, sudemos como cerdos al acabar de hacer el amor
de la manera más cansina y movida posible o de trabajar duramente bajo el sol durante 8
horas seguidas para acabar la casa de los sueños de alguien a quien no conocemos y a
quien no queremos conocer. Pero volvamos a mi olor, que para algo soy yo quien escribe esto. Me huelo, me doy cuenta que desprendo un olor, un olor que no necesariamente tiene que gustarme, pero que al fin y al cabo es un olor. Quizás debería preocuparme más porque mi olor gustara a los demás en vez de pensar si me gusta o no cómo huelo, en el caso de que haya alguien que sepa apreciar mi olor o que haya alguien a quien me interese o me preocupe que le guste mi olor. Y en el caso de que alguien huela mi olor, en el caso de que alguien me huela, no estoy seguro de que llegue a sentir lo que siento yo cuando me huelo, lo que siento yo cuando huelo el olor que mi cuerpo (o quizás algo más profundo que la simple carne junto con la sangre, el agua y todos los otros elementos que conforman mi cuerpo) emana. Lo huelo. Huelo el olor. Me huelo a mí y me doy cuenta de que existo, en este momento soy consciente de ello precisamente gracias al olor que desprendo, a mi dudosa capacidad o virtud de olerme a mí mismo. La realidad quizás sea otra. Quizás sea que huelo mucho y mal, que apesto en cantidades industriales, cosa que no sería nada positiva para la percepción y reacción de los que estén a mi alrededor o de los que tienen que soportar a mi lado largas e interminables horas durante el día. De todos modos estoy convencido que no huelo ni mucho ni mal; simplemente huelo, como los demás, una brevísima, pobre e ínfima fragancia que emito y que en estos momentos estoy aprendiendo a apreciar, que estoy asimilando. Y me asimilo a mí mismo, aprecio que hay vida en mí, cosa que tampoco me tiene que llenar de alegría, pero que al menos me hace saber lo que hay y lo que no hay. Huelo a mí. Huéleme. ( Hay días que no soporto mi olor. Odio oler a mí. Odio olerme,
|
||
| Damien, 7/09/98 | ||