"Nos íbamos al cine, y como te he dicho
cuando no estaba abierto de caras al público, cuando terminó la peli, nos íbamos cada
uno a su casa, pero tú pierdes el tren y yo te acompaño con el coche hasta tu casa, pero
me paso de largo y nos vamos a una casa de una colega mia, que tenia las llaves por
casualidad y...................................................... hasta que nos
levantamos para desayunar... "
18'30 de la tarde. Después de haber reído bastante rato (hoy no estaban los jefes
y eso quiere decir que había algo más de libertad), Jhood me propone que, como quien no
quiere la cosa y a cambio de la ayuda que me ha prestado con el último proyecto que
tenía en manos, la acompañe al cine a ver Pactar con el Diablo. Me mira con cara de
niña que acaba de romper un plato y me dice que su novio no puede acompañarla y que hoy
es el último día que hacen la película en la ciudad.
Mi primera reacción, como es normal en mí, es decirle que no, que no me gusta salir y
que se aburrirá un montón si va al cine con alguien como yo. Ella insiste, argumentando
de nuevo que le debo un favor y que ni mucho menos se va a aburrir conmigo, que más o
menos ya me conoce y se ha acostumbrado a mi manera de ser. Le digo que lo meditaré y que
si acepto se lo diré cuando haya pasado un rato (a ver si cuela). Ella, más lista que
nunca, se ve venir la negativa, me coge la mano -con lo que me quedo helado-, me mira
fijamente a la cara, muy seria, y me dice que haga el favor de decir que sí, que no me
arrepentiré y que ella tampoco lo hará. La palabra "por favor", ha salido unas
15 veces en los pocos minutos que llevamos de conversación y este hecho, y el de que no
me gustaría quedar mal con ella, son los que hacen caer la balanza hacia el "sí,
acepto" que ella tanto parece ansiar y que yo tanto temo.
Ella me devuelve la pelota con una sonrisa dulcemente complaciente y, de nuevo, una mirada
que se me antoja algo lasciva. Paranoias mías.
Así que quedamos en que al salir de trabajar, a las 19'30, iremos rápidos al cine XYZ
que hay al lado de la oficina y, cuando la película se acabe, ella me llevará en coche a
la estación debido a que la película dura cerca de 2 horas y el último tren que va a mi
ciudad sale a las 21'30.
Aún sigo sin estar del todo de acuerdo con la idea de ir al cine, pero dejo que mi mente
se vaya por otros derroteros para olvidar un poco el tema. Vuelvo a mi trabajo. Ella hace
lo mismo.
19'30. La tengo delante de mi mesa, de pie, con su bolso, con sus pantalones ajustados que
marcan esas piernas y ese culo tan excitantes, preparada ya y esperando a que cierre todos
los programas que tengo abiertos y a que apague mi ordenador. No la hago esperar más y lo
cierro todo de golpe. Me pongo la chaqueta, cojo pelas del monedero y dejamos atrás la
oficina que nos alberga y nos da cobijo durante tantas horas al día.
Se la ve contenta y decido, para dejar las cosas claras, tal y como son, reiterarle la
cuestión del posible fracaso que esta inesperada "salida" tiene en mi mente.
Ella arguye que deje de decir tonterías, que como no me calle se enfadará conmigo y eso
es algo que no aceptaría por nada del mundo, así que le pregunto qué sabe de la
película y así la cosa se tranquiliza (no yo).
Hablando de lo que vamos a ver llegamos a la puerta del cine donde, en vez de encontrarnos
una cola de gente ansiosa por que les toque su turno para comprar una entrada, nos
encontramos con un vacío solo comparable a la imagen que uno tiene de cualquier desierto,
sin nada más que alguna lagartija o algún animalejo habituado a esa calurosa soledad.
Nos miramos extrañados al no ver a nadie más que la taquillera, que nos mira con cara de
ver dos espantapájaros que salen del campo y que acaban de llegar a la ciudad.
Ella es la primera en reaccionar y le pide a la misma mujer que nos mira con cara
extrañada dos entradas. Al dejar atrás la vieja taquillera es cuando me doy cuenta que
yo no sólo no he pagado su entrada sinó que tampoco he pagado la mía. Es más, ella no
me ha dejado pagar mi entrada, poniendo como excusa que ha sido ella la que me ha invitado
al cine y no yo.
La verdad es que no me siento muy bien. Me siento un poco mal, bastante mal. El hecho de
que habitualmente no salga no quiere decir que cuando lo haga pueda hacerlo mal y ésta es
la impresión que me estoy llevando en esos momentos. Ella, de nuevo tan atenta, ve mi
proyecto de frustración y me tranquiliza diciendo que otro día ya lo pagaré yo (oye
-pienso yo-, no creerás que voy a venir otro día al cine contigo, no? Y tu novio qué?
Es que ha desaparecido? Quieres que se entere y que se cometa un asesinato?).
Todo está oscuro y en la enorme pantalla, donde tantas y tantas películas han sido
desnudadas por el público (masas inconformistas de gentío aburrido y vacío), van
apareciendo una serie de nombres familiares, bien sonantes y harto conocidos por todo
aquél que no viva en un pueblo de mala muerte donde no hayan ni radios, ni televisión,
ni cine, ni revistas ni nada que le comunique con el mundo exterior.
Seguimos con las sorpresas al ver(no-oir) que no se oye ningún ruido y que somos los
únicos ocupantes de la sala. Nadie más. Sólo ella y yo. Joder...qué flipe... no está
mal para ser la primera vez que voy al cine con una chica... no está nada mal... parece
que nos lo hayan preparado para nosotros dos!!
Esta vez la dificultad no se basa en encontrar un asiento libre sinó en escogerlo, así
que nos ponemos por en medio, en la parte derecha del pasillo que divide en dos la sala.
Nos sacamos las chaquetas, acomodamos el trasero en nuestros respectivos asientos y nos
disponemos a disfrutar de tan, a priori, interesante película.
La película está ya empezando y nos ponemos a hablar en voz alta, como si estuviéramos
en el salón de casa viendo la película en la televisión y es que el ambiente y la
inexistencia de gente hace que nos encontremos "como en casa". Vamos, que
podríamos ponernos a saltar y a pegar gritos o jugar al escondite sin ningún tipo de
problema...
La película sigue con su rollo y nosotros con el nuestro, medio mirándola, medio
hablando de cosas tan dispares como un breve pero detallado repaso de los cines en los que
hemos estado o las películas que hemos visto en ellos, haciendo bromas sobre lo de estar
solos en un cine vacío y a oscuras, sobre la maternidad en Jerusalén y sobre el
pesimismo de unos y el optimismo de otras.
Al cabo de un rato largo, casi a media película, se asoma a la sala el acomodador, nos
giramos y él nos mira con cara de mala leche, investigándonos con su mirada para, al
cabo de pocos instantes, volver a meter la cabeza por donde la ha sacado. Supongo que
quería comprobar que estando solos como estamos, no nos habíamos puesto a realizar cosas
malas aprovechando el buen rollo que el ambiente nos obsequiaba, así que le debemos haber
decepcionado y se ha vuelto con la cola y con su curiosidad entre las patas a su lugar de
trabajo.
La película acaba y es entonces cuando me doy cuenta de que tampoco ha estado mal y de
que quizás debería repetir la circunstancia algún día a ver si le cojo el gustillo a
la cosa de salir al cine bien acompañado. Parece que ella piensa lo mismo: parece que
tampoco se lo ha pasado mal del todo pero ya sé yo que el gustillo de ir bien acompañada
al cine ya lo ha más que experimentado (exprimido, quizás?). De algo servirá que tenga
novio, no?
-Qué hora es?-, pregunta alguien de los dos y, al mirar el reloj y ver la hora que es ya,
no puedo evitar soltar una palabra malsonante que produce una leve sonrisa en su cara que
me sorprende por poco rato ya que no paro de pensar en si habrá salido el tren o aún
estará esperando a que yo llegue. Apuesto por la primera opción pero, como nunca se
sabe, le comento a Jhood si tiene el coche muy lejos.
Mientras salimos a toda prisa me dice, tranquilizándome, que el coche lo tiene cerca. 10
minutos y unos cuantos (muchos) cientos de metros más tarde, llegamos a su ligero (de
peso) coche y, mientras entramos, le comento que si me hubiera dicho que estaba tan lejos,
me hubiera ido andando a la estación. Ella afirma que no pasa nada: - no pasa nada,
seguro que llegaremos a tiempo. Si ella dice que no pasa nada, no pasa nada. Al llegar a
la estación han pasado 14 minutos de la hora de salida del tren, ella me dice que vaya a
ver si aún está arriba que me espera y si ve que no vuelvo se irá.
Subo corriendo y al ver que ya no hay nada ni nadie arriba, bajo de nuevo algo más lento
y desalentado pensando en dónde pasaré la noche y en la mala suerte que he tenido en
este último momento. Tan bien que ha ido hasta ahora la cosa...
Ella ve mi cara de jodienda y mal rollo y me dice, para sorpresa mía, que me lleva hasta
mi casa, que no hay ningún problema. Que a pesar de que no le viene de paso, estará
encantada de llevarme y que no aceptará un no por respuesta.
El no siempre lo llevo encima ... pero ... las pocas ganas que tengo de quedarme en esta
ciudad a dormir y su tenacidad (ya sabemos como son las mujeres cuando se proponen algo)
hacen que no tarde más de 5 segundos en decirle que "dejo" que me lleve pero
que otra vez no le dejaré hacer lo mismo. La verdad es que si lo pienso bien, me doy
cuenta de que siempre es ella la que está ganando. Todo sale como ella quiere...
mujeres...
Ya son casi las 10 de la noche y nos dirigimos a mi ciudad, lejos de su pueblo y más
lejos de la ciudad que dejamos atrás.
Es extraño. Conduce bien. Yo tenía entendido que las mujeres conducían mal pero Jhood
me demuestra que en ella esta regla no se cumple.
Mientras me pregunta si me gusta Erotoman, coge una cinta de un compartimento para cintas
que tiene el coche y la introduce en esa especie de miniordenador lleno de botones y luces
al que a veces algunos le llaman frontal extraible. Le digo que ni me gusta ni me
desagrada y escucho una recopilación que ella se ha hecho del conocido guitarrista y
compositor. Se ve que le gusta mucho. Demasiado, diría yo, pero bueno... sobre gustos no
hay nada escrito... solo de pensar que ha querido ir al cine conmigo me vienen nauseas
(por ella, no por mi...).
Es tarde y mientras escuchamos a Erotoman, con la poca luz y la consabida vibración
(parecido al ronroneo de un gato muriéndose de placer al rascarle bajo la barbilla) que
produce el coche, empiezo a pensar en esta tarde curiosa que hemos tenido y en como se ha
comportado ella conmigo. Si algo ha quedado claro es que no ha seguido siendo tan
simpática como siempre sino que aún lo ha sido más, mostrándose mucho más abierta y
más cariñosa que antes. Es más, ahora que lo recuerdo, en la escena de los asesinatos y
las torturas que comete el protagonista, casi al final de la película, cuando menos hemos
hablado y más atentos a la pantalla hemos estado, se me ha agarrado al brazo y me ha
preguntado si me molestaba que lo hiciera y que estaba muerta de miedo. Yo, evidentemente,
le he dicho que no pero lo curioso es que con todo el lío del tren se me había olvidado.
Bueno... creo que esto de ir al cine con Jhood me ha alterado un poco, así que mejor
dejar de pensar en esto y ...coño! nos hemos pasado de mi ciudad! Jhood! que te has
pasado!! Dónde estamos!!
- Ostras! ni me había dado cuenta!...uf.. pues estamos ya muy lejos de tu casa... oye..
mira.. estamos cerca de JroñeVills de la Costa. Aquí una amiga tiene una casa y me
parece que tengo las llaves en el bolso. Me las dejó hace un tiempo por si quería ir a
su casa ya que ella se ha ido a pasar unas semanas a las Malvinas. Por qué no llamas
desde su casa a la tuya y les dices que volverás algo tarde? Me parece que hay de todo en
la nevera y en la despensa y así redondeamos la jornada de hoy, no?? (sonriendo, como
siempre).
- Ufff... quieres decir? - digo yo, que estoy ya más perdido que el arca que busca
Indiana Jones.
- Sabes que me están pasando hoy cosas muy raras y nuevas? No serás bruja, no Jhood?
- Jejejeje.. no tonto! Cómo quieres que sea bruja! No ves que cara de buena niña que
tengo??
Y me mira, efectivamente, con cara de no haber roto ningún plato en su vida.
- Oye...y tú que? También tendrás que ir a tu casa no?
- Llamaré desde la casa de mi amiga, como tú. No se nos va a comer nadie por ir tarde a
casa, a que no?
- Bueno bueno.. ay diox...
A los cinco minutos llegamos al pueblo. Había estado allí hace unos años y con la poca
luz que hay no puedo discernir si ha cambiado mucho o si sigue como antes.
Paramos delante de un chalet enorme y me pregunto si realmente vamos a entrar allí. No me
equivoco. Jhood abre la puerta como si hubiera estado hace poco tiempo allí o como si se
conociera la casa de toda la vida.
Entramos y mientras nos acercamos a la cocina, que es donde hay un teléfono, me doy
cuenta que la amiga de Jhood parece no tener los típicos problemas que todos tenemos,
como el de que somos ricos pero tenemos agujeros en los bolsillos por donde se nos escapan
las pelas...
Primero llama ella y le dice a la persona con la que habla que llegará muy tarde y que no
la esperen. Me toca. Lo mismo. Se sorprenden en mi casa y doy como excusa la verdad pero
sin nombrar que estoy con una chica, no vayan a pensar que miento o cualquier cosa mala de
las que suelen pensar los familiares, sean padres, madres o parientes lejanos.
Cuando me giro me la encuentro al lado mío, en la otra parte de la esquina que forma la
mesa de comer y la mesa en la que se encuentran los utensilios habituales de dicha
habitación.
Está apoyada en la mesa con las manos detrás, supongo que justo detrás del culo. Me
mira con cara de quien va a decir algo importante, entre tímida y seria, así que yo hago
lo mismo: la miro pero más bien con cara del que va a oír algo importante, algo cercano
al miedo o a un mal presentimiento.
- Oye... que todo ha sido un montaje... no se como decírtelo pero... me he encaprichado
de ti y lo he preparado todo para que pudiéramos estar aquí los dos solos y...bueno...
Argh!!! Me muero! Me muero, abuela! Qué estoy oyendo??? Estoy a punto de cagarme encima!
Más que ponerme rojo me quedo blanco. Como he dicho antes estoy muerto. Me quedo mudo. No
sé qué decir. He entendido bien lo que me ha dicho? Que se ha encaprichado de mí? Eso
qué quiere decir? Que me va a disecar aquí mismo? O es lo que yo pienso?
Sin mediar más palabras, al ver que no respondo (y que no respiro) ella se acerca a mí,
me rodea el cuello con sus brazos y acerca su cara a la mía. Noto su respirar, caliente,
confortante, como recae en mi cara, que mira hacia abajo llena de verguenza. Dios.. me
quiero morir.. estoy nervioso, muy nervioso y ella lo nota. Parece tener más sentidos que
dedos en todo el cuerpo.
Se acerca más a mí, levanto mínimamente la cara y la vista para comprobar que es ella
la que tengo delante y no un monstruo devora-hombres que se me quiere comer y esparcir mis
restos por el suelo y llego justo a tiempo para apreciar en su máxima plenitud como sus
labios se unen a los míos. Madre mía... no puedo creérmelo... nunca hubiera imaginado
que llegara hasta aquí con Jhood.. y es que encima esto me está encantando!!
Sigue besándome y lo hace con una maestría que me deja bastante alucinado. Lo hace muy
bien y eso me anima a soltar la lengua por allí en medio a ver qué pasa. El resultado es
que tenemos un combate de lucha libre entre dos lenguas ansiosas por tomar contacto con el
contrincante. Nos estamos así besando durante unos largos minutos que se me antojan el
detonador de la bomba que se está generando en mí (y supongo que en ella también). Hace
ya un rato que me he decidido a rodear su parte trasera con mis brazos y bajar mis manos a
su culo para poder acariciar y amasar esa parte que tantas veces había observado con
detenimiento en tiempos muertos en los que no había nada mejor que hacer. Yo soy muy
tonto pero en estos momentos la única neurona que tengo tiene un nombre y ése no es otro
que Sexo.
Cada vez los lametones son más atrevidos y desinhibidos. Bajo mi mano derecha a su
entrepierna a ver qué se cuece por esos lares y, gracias a que ella lleva unos pantalones
de algo parecido a la lycra, que en definitiva lo único que hacen es pegarse a su cuerpo
(sus piernas) y facilitarme el reconocimiento de la zona erógena de Jhood. Mis dedos
empiezan a moverse con algo de desorden entre sus piernas mientras veo y noto que ella no
rechaza mis atrevimientos digitales. Pero no me quedo contento con esto y, aprovechando
que estoy más salido que Pifio y que sé que ella no opondrá ningún tipo de
resistencia, la cojo por el culo y la siento encima de la mesa de comer, que me llega a la
altura del ombligo. Una vez sentada le empiezo a desabrochar los pantalones a lo que ella
me dice que me encargue de los zapatos y que ella se sacará los pantalones. Se queda en
bragas y le digo que se estire en la mesa, que repose su cabeza y espalda contra ella.
Cuando la tengo estirada hacia atrás me doy cuenta que las bragas (que no son las que a
mí me ponen a mil, pero en este caso ya no importa, por que ya lo estoy) están mojadas
por el centro, que es a donde dirijo mi boca y, por ende, mi cabeza. Primero empiezo con
mordiscos suaves con las bragas como único escudo protector de su coño. Gracias a dios
ella no se mueve demasiado y deja que mi trabajo sea de lo más fácil por el momento.
Con la mano izquierda aparto la parte baja de las bragas hacia un lado y, al ver lo que se
esconde detrás de ellas, no puedo esperar más y se las saco con mucho cuidado y
suavidad. Ahora todo su coño es para mí. Todo y para mí solo, nadie más esa noche
podrá probar esa rajita húmeda y llena de arrugas que me está enamorando por momentos.
Esa noche ella es mía.
Con mis dos manos separo sus piernas lo máximo que puedo (o que ella me permite) hasta
tener en frente la flor que Jhood tenía guardada para mí para ese día tan especial. Me
quedo un rato mirando su coño y ella levanta un poco la cabeza y me mira como diciendo
que qué diablos estoy haciendo allí parado (tan raro lo tengo?, debe pensar...). Lo tomo
por una señal y decido atacar. Vuelvo a descender mi cara hacia su epicentro y sigo con
los mordisqueos a los que les añado, para mayor placer de Jhood, lametones y lenguetazos
que hacen que ella ahora se arquee como si de una poseída se tratara. La cosa se vuelve
más complicada ahora que ella no deja de tener lo que parecen convulsiones de
endemoniada, pero no desisto ya que no me perdonaría una oportunidad tan valiosa como
aquélla.
Paso mis manos por la parte externa de su culo, de abajo arriba, describo una curva y ya
las tengo descendiendo hacia su coño. Una vez que están a la altura justa, apoyadas
donde comienza el vello púbico, separo los labios mayores, habiendo apartado, si se puede
decir así, todo lo que es el hermoso pelamen que se halla sobre el coño, en sí mismo
(en este momento parece que ser que los labios menores me piden a gritos que también los
separe o al menos que juegue con ellos, cosa que descarto rápidamente: todo a su tiempo,
coño!) con cuidado y jugando un poco con mis dedos y mi boca descubro el clítoris: -
qué escondido que lo tenías, eh Jhood?- pero ella sigue con sus gemidos y sus disfrutes
y pasa de mis frases quizás algo inadecuadas o inoportunas. Me parece más que perfecto;
debe estar en el paraíso y eso es algo que me honra, así que yo me esfuerzo a que no
vuelva, que se quede donde está y no vuelva a la tierra.
Me paso un rato jugando con su pequeño artefacto que se ha puesto hace poco bastante duro
y ha enrojecido y que ha sido el paso previo a un orgasmo que ha inundado mi cara de rica
miel de la granja San Francisco. Rico, rico, como diría el cocinero degenerado de la
tele. Después de relajarse ella y de saborear yo el líquido vaciado en mi boca, aparto
mi cara de su entrepierna y ella se sienta en la mesa. Tiene la cara roja y a mí me pasa
más o menos lo mismo, aunque sé que no es la parte de mi cuerpo que en estos momentos
está más roja. Pronto lo comprobaremos.
Me doy cuenta que tengo pelos de su coño en mi boca y me los saco, dejándolos caer sobre
el suelo.
- Te ha gustado?-, le digo.
- Mucho. Me ha gustado mucho.- me dice, respirando algo hondo.
- Bueno... ahora me toca disfrutar a mí, no?
- Sí,
(sonriendo, con esa sonrisa de felicidad verdadera que no acabo de entender).
Empiezo a desabrocharme las botas mientras ella acaba de sacarse la poca ropa que tenía
puesta. Me saco toda la ropa y le presento a Mirra, que yergue erecto y, como muy bien
imaginaba, está más rojo que mi cara.
Ella lo mira y parece que me da un aprobado: prueba superada, esto es mucho más facil que
las matemáticas. Supongo que estamos todos muy alterados y cansados, así que me siento
en la silla que está en frente de Jhood y ella, tan lista y hábil como siempre, se
acerca a mí, separa las piernas, las apoya en los laterales de la silla, con su mano
izquierda se agarra a mí y con la derecha atrapa mi explosivo pene (por lo de que está a
punto de explotar) y lo introduce en su deliciosa vagina metamorfoseada en alcantarilla de
fluidos varios. La previa dilatación hace que la introducción de mi instrumento en su
cueva no acarree más problemas que los que la propia postura lleva consigo misma.
La sensación y el placer que siento es tan grande que dudo que pueda aguantar más de 10
sacudidas sin correrme, pero hago esfuerzos para que la cosa esté más compenetrada (y
cronometrada) y me pongo a pensar en la última película gore que ví la semana pasada,
Holocausto Caníbal, en la de sangre y la de vísceras que salían en ella, mientras que
Jhood ya tiene sus dos manos en mis hombros, lo que le ayuda, junto con mis manos, a subir
y bajar en este noble arte del polvo casero y atrevido.
Sus tetas son hermosísimas, no me había percatado antes: estaba demasiado ocupado con
mis otros menesteres. Como en este mundo no hay que dejar nada al libre albedrío, dejo la
sangre y las vísceras para más tarde y me dedico a chupar sus tetas, a mamar de ellas y
a jugar (es que en el fondo soy un puto crío) con sus pezones, también duros. Al usar
mis dos manos para favorecer el placer mutuo, me veo como un panadero que amasa la harina
mezclada con agua para meterla luego en el horno y obtener el rico pan de cada día. De
nuevo se oyen gemidos y esta vez son también los míos. Los dos respiramos muy
violentamente y eso quiere decir que vamos por buen camino; cerca del final del camino.
Como si se tratara de un Rocco Siffredi, pero sin un trabucón tan grande, intento
practicar alguna postura adquirida por las horas pasadas frente a la pantalla del
televisor visionando películas guarras. De algo también tienen que servir.
A base de gestos y miradas le insinúo que se vuelva a estirar en la mesa pero en la parte
baja, donde pueda llegar mucho mejor que antes.
Una vez estirada y con mi pene a punto de estallar, la penetro dejando sus piernas en mis
hombros, cosa que parece gustarnos a los dos. Gustarnos demasiado, tanto que, como si de
dos cronómetros ajustadísimos se tratara, los dos tenemos el orgasmo al mismo tiempo (yo
el primero y ella el segundo, qué rabia...) y nos corremos a gusto.
- Mierda!- le digo -me he corrido dentro!- y la verdad es que me sabe mal decir estas
cosas cuando aún no nos hemos recuperado del placer conseguido pero... es inevitable!
- Tranquilo, no pasa nada. Hoy es una fecha señalada. No pasará nada.- responde ella con
toda tranquilidad
- Estás segura? A ver si ahora vamos a tener un monstruito ajasalayé?
- Tranquilo, lo tengo todo controlado-, a lo que yo vuelvo a pensar que Jhood tiene algo
de bruja.
Acerco mi cabeza a la suya y nos volvemos a fundir en un largo beso. Ya casi soy un
experto!
Nos levantamos, dejamos la ropa en la cocina y nos dirigimos a la habitación donde se
encuentra la cama más grande cogidos de la mano. Los dos vamos desnudos y no hay ningún
tipo de vergüenza entre nosotros. Es como si hubiéramos hecho esto infinidad de veces y
nos conociéramos muy bien.
Ella va un momento al lavabo y mientras, yo me relajo, estirado en la cama y pensando si
esto que me esta sucediendo es real o no es más que el producto de una de mis fantasías
sexuales... pero una boca húmeda y caliente que atrapa a mi pene y que empieza a
succionarlo y a lamerlo con devoción, me saca de dudas...
Y así hemos pasado toda la noche... tres polvos más, un 69 tiernísimo y jugoso como
ninguno, y algún que otro experimento acompañado de un posterior dolor de espalda,
huevos y cabeza que me parece que (nos) me durará varios días.
Por la mañana me despierto y me encuentro su cabeza apoyada en mi pecho, así como su
brazo derecho, que pasa por encima de mi relajada y dolorida barriga, aferrado al que le
ha producido gran placer esa noche. Qué momentos, joder... que momentos tan
inolvidables...
Le acaricio un poco el pelo y ella se despierta, mirándome a los ojos, con una mirada que
me obliga a dejar atrás mis pensamientos que de ella tuviera la noche anterior sobre su
posible pertenencia a una raza de hembras de negro que viajan por la noche con una escoba
entre las piernas.
Nos besamos ardientemente de nuevo (todo empieza y acaba en beso, verdad?) pero en vez de
ponernos otra vez a follar como unos locos, decidimos recuperar energías y nos vamos a la
cocina a desayunar....
[continuará?....]
Nota final: La historia, todos
los nombres, personajes e incidentes contados en este insano relato son, por desgracia
(;-), ficticios. Cualquier parecido con personas, lugares o acontecimientos reales, no es
más que producto de la más pura y malvada coincidencia. Esta historia está dedicada a
una peasso moza que tuvo, en la noche del miércoles 25 de febrero del 98 al jueves 26
(del mismo mes y mismo año), un sueño - más bien una terrible pesadilla- en la que
echaba los susodichos polvetes con el que aquí tan "idamente" escribe. Dedicado
a ella por la desgracia de haberlo soñado y por haber tenido lo que hay que tener para
luego contármelo. Gracias Jhood, ese día pusiste algo de luz en mi camino.
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