Manifesto por la Lucidez

¡Oye tú despierta!, ¡no me oyes despierta!. Si no no podrás escuchar mi manifiesto.

Espero que ya vallas despertando, pues si no te has dado cuenta tú eres tú y sin embargo en este momento tu consciencia no lo sabe, por lo que dan muestras de vuestro estado de sueño. Andas sin saber como hacerlo, respiras sin saber ni notar la realidad de la inspiración y la espiración, ¡no sabes que estas vivo!, pues no escuchas tu corazón, ni tu respiración. Eres un esclavo de tu exterior, este te llama, te obliga a oír, oler, ver, sentir. Estas sometido, eres un zombie.

Vas a tu casa tranquilamente a dormir o a comer, sin embargo sin verla, sentirla o divisarla tienes la seguridad de que estará en su sitio. Vives de tu fe en presunciones lógicas, pero no comprobadas ni demostradas.

Si llegando a este punto no te has dormido y comprendes el sentido lógico de la organización de estas palabras lúcidas, observarás que tienen un sentido racional y una información y contenido interesante, de la misma manera que cuando sientes tu respiración y palpitar del corazón te dan muestras de una realidad lógica que afirman que eres real. En tus acciones estás seguro de que sabes quien eres, ¡programas tus acciones!. Te exaltas en la vida cada vez que despiertas y después vuelves a reposar. No sirve de nada construir un despertador como este, ya que la realidad cuando se hace rutina; el respirar, la respiración, la espontaneidad se guía por la fuerza del inconsciente de nuestra vaga cordura y dormimos plácidamente con despertadores en todos los lados que ignoramos. E incluso podemos soñar que estamos despiertos y somos reales, cuando no es más que una falsedad. La prueba de esto es que la horas se hacen minutos y los días segundos, la vida pasa y su inmensidad no es más que un flash, un despertar y un dormir.

-dulce sueño-.

Anibal, 25/09/00