
| La Muerte |
||
| Yo estaba allí, muriéndome lentamente en
el suelo de una triste, oscura, silenciosa y gris calle del centro de Barcelona. Me
sentía extraña, no sentía dolor, ni rabia, ni pena. Solo un poco de tristeza al pensar
que aquel desconocido hombre me había disparado solo para robarme la cartera. No podía
gritar, nadie me oía. En aquellos instantes sólo me pasaban por la cabeza todos los
buenos recuerdos de mi triste y corta estancia en el mundo. Y yo me moría, lentamente,
desangrándome. De pronto perdí el conocimiento y cuando volví en sí me encontré encima de una nube blanca. Y entonces deduje que había muerto. Vi a lo lejos una sombra. Sin saber como me acerque a ella y era un ángel (lo supuse). No era un ángel como corrientemente había imaginado. No tenía alas. Era de piel negra, con un "piercing" en la nariz; llevaba el pelo teñido de rubio y tenia los ojos verdes. Eso sí, vestía un traje blanco muy elegante. Y yo me encontraba ahí, ausente de mi mundo y extraña dentro de este sin saber que hacer ni que decir. El ángel me llamó por mi nombre y me preguntó que era lo que me había gustado más de mi vida. -El mar- le dije, pero no sabía exactamente que contestarle. Asintió y me dijo que se llamaba David y que me protegería en mi estancia en el paraíso. Yo me encontraba desconcertada. Mi pura imagen del típico angelito con alas había cambiado. Le pregunté si el paraíso era "eso". Me dijo: - sígueme -; y lo hice, como impulsada por una fuerza exterior que no podía dominar. Me mostró una playa de arena blanca, sol, agua cristalina y palmeras, lo que siempre había soñado. -Esto es tu paraíso- dijo. Cuando me dispuse a entrar no me dejó. De pronto empezó a hacer cálculos. -22 buenas acciones por 5 puntos por buena acción salen un total de 110 puntos. 12 malas acciones a 7 puntos resultan 84 puntos. Total: 110 menos 84 son 29 puntos. A 14 puntos por hora de paraíso puedes disfrutar de él durante 2 horas 10 minutos - dijo David. Luego aún me encontré más desconcertada y veía al ángel tan tranquilo. -Tu aún tienes suerte- dijo- hay quien va directamente al infierno -. ¿Qué pasaba ahí? ¿Qué clase de paraíso era eso? ¿Toda una vida esperando para esto? Me quedé absolutamente parada sin saber que hacer. Durante mi estancia en el paraíso solo pensaba y pensaba. Y ahora me encuentro en el vacío; en él entre la muerte y la vida, a punto de que mi alma se reencarne con otro cuerpo y a punto de que mi mente sea borrada para empezar de nuevo. Y mientras espero pienso ¿qué me está pasando? |
||
| Lora, 18-5-99 | ||