
| No me mires más de esa manera
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| Álex, aunque sea por aquí, tengo que
decírtelo ya y sin más rodeos: ni me caes bien ni nunca lo harás. Desde el primer y único día que te conocí - gracias a dios -, ya me di cuenta que alguien como tú y alguien como yo nunca nos haríamos amigos, ni de lejos. Me di cuenta que pertenecías a otro estrato al cual yo ni pertenezco ni, en mis peores pesadillas, deseo pertenecer (te lo aseguro). Tú con tu traje azul oscuro, tus zapatos de marca y tu corbata, deseosa de asfixiarte, y yo con mi ropa vieja, rota, mis botas, las mismas que no dejaste de mirar en todo el rato, y mi chaqueta medio deshecha, uno frente al otro, mientras tú pensabas que me había equivocado de lugar... Sí, me mirabas las botas negras con cierto gesto de repugnancia en tu falsa sonrisa de tontopollas, deseando acabar pronto con esa especie de entrevista para poder seguir alardeando de tus milagros diarios delante de tus dos compañeras de trabajo. Pobres desgraciadas. Tu pelo, corto y bien peinado, con su buena dosis de gomina o laca, y el mío, más corto todavía, sin mierdas encima más que mis propias ideas y pensamientos, llenos de porquería como están, dejaban claro quién era el visitante y quién el visitado, quién el que sobraba y quien el que duraría unos cuantos años. Puede que esté prestando a confusiones al decir lo que digo. Puede que creas que te odio, que tengo ganas de acabar con tu vida, pero te aseguro que lo que siento por ti no es odio sino pena. Pena por que sé que eres tan falso como el que más, por que no eres más que una mera carcasa, un maquillaje ficticio a la espera de poder hacerle la pelota al jefe de tu empresa, a ver si te sube el sueldo o el puesto, haciéndote el listillo, el gracioso y el joven pero emprendedor y eficaz trabajador. Sé que eres de los que llegan a casa y se sacan la ropa pero siguen con la falsa máscara puesta, haciéndose el tipo interesante allá donde vayan, estén donde estén, y que venderían a alguien cercano por un buen puesto en el trabajo y una buena opinión de los altos cargos y del resto de la gente en general. Y sé que muchos quisieran estar en tu puesto pero... no puedo más que sentir pena por ti por que yo, aunque no tengo nada de eso, ni nunca lo tendré, intento día a día esquivar la falsedad, la mía y la de los demás, haciendo uso de ella sólo en los momentos más extremos, cuando las necesidades son insalvables, mientras que tú haces de esa apariencia el pan de cada día, el arte de cada instante, lo cual, muy posiblemente y lejos de pesarme, te dará algunos beneficios. Para bien o para mal, siempre habrá alguien como yo que, en vez de admirarte por hasta donde has llegado y por ser como aparentas ser, sentirá la más grande de las lástimas, a la espera de que algún día algo o alguien te haga pensar en el modo en el que actúas, en la ropa que llevas y en las mentiras que hay detrás de tu corcada sonrisa Profidén. Álex, nunca me has caído bien. Por tu bien espero que cambies. (al igual que espero, tan falsamente como tú, cambiar yo algún día...) |
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| Damien, 03/04/00 | |