
| Núria. La Chica de las Botas
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| La primera vez que te vi, me pregunté por
qué te pintabas los labios, los ojos y las uñas con colores tan llamativos. Es que no te
das cuenta que no necesitas nada de esto para que los demás sepamos cómo eres? Es que no
entiendes que ya tienes unos atributos que dicen de ti más que cualquier otra pintura o
color? Está, por ejemplo, tu voz, sensual, firme, compacta y armoniosa que tanto me hace pensar que sabes muy bien lo que quieres y que tienes las cosas más que claras. Sí... debo reconocer que la voz te define bastante, y aunque podría muy bien estar equivocado, me gusta mucho tu voz y me hace pensar en lo genial que tiene que ser oírte decir algo a la oreja, bien cerca, bien flojito, suave y obsceno... Pero, seamos sinceros, no ha sido la voz lo que primero hizo fijarme en ti. Apareciste, como una visión, en minifalda y con unas botas hasta las rodillas que me dejaron de piedra, preñado de ese deseo imposible con el que tantas veces pensé desde entonces. Por qué no dejas que te saque las botas? Por que no permites que baje lentamente cada una de las cremalleras que custodian tus piernas, las mismas cremalleras que hacen las veces de candados colocados en esas armaduras protectoras que tapan lo que uno quiere ver y que, ayudadas por la minifalda, dejan entrever lo que a uno puede conseguir volverle loco? Me encantaría poder estarme un día entero admirando esas piernas que tienes, ese pequeño retazo de visión que regalas a todo el mundo, ese espacio entre el fin de las botas y el precipicio de la minifalda, ese mundo carnal cubierto de medias cuadriculadas que muestran mucho menos de lo que uno tiene en el cerebro, que pretenden medio esconder esos esculturales miembros con los que dios y los genes te premiaron al nacer y el ejercicio luego también, y que tú pareces haber conservado tan bien... Tus uñas, las que llevas pintadas de ese color granate, hacen que se dispare mi imaginación y que imagine arañazos por el cuerpo, caricias en la nuca y mordiscos en el cuello, como si tú no fueras otra cosa que una vampira de la noche (evidentemente), una chica misteriosa que esconde algo a la espera de ser descubierto... La verdad es que nunca he estado de acuerdo con el hecho de que las chicas se pinten. Siempre he pensado que vosotras, de por sí, sois suficientemente guapas (ya sea por dentro como por fuera) como para no ser necesario que os pongáis porquería encima para parecer más de lo que sois, para dar la impresión de que en vuestras vidas cada día es carnaval o fin de año. Tampoco me gustó demasiado que ver a una chica por la calle fuera una experiencia muy parecida a ver a una Drag Queen en una discoteca o a Godzilla disfrazado de astronauta del futuro, con enormes y llamativos armatostes cubriendo ciertas partes del cuerpo y siendo el centro de atención de todo el vecindario, aunque que no me gustara demasiado no quiere decir que lo desaprobara. Pero siempre llega un día en el que a uno se le caen todas las teorías por el suelo. Ese día llegó, y en eso se quedó. (Núria:
quien pudiera pegarte un mordisco...) |
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| Damien, 27/01/00 | |