Otro pétalo que se cae

 


Es una tarde de esas en que nos gana la melancolía.

Esos sitios donde uno espera sin saber que espera o intentando engañarse con el no saber.

Efecto de una gripe que consume las defensas o causa de un destino (ese viejo cretino) que pesa como pesan los ojos y el cuerpo y la risa.

Algo nuevo, algún tónico, algún estímulo que se salga de las superficies ya harto conocidas y que ya no alcanzan.

Quisiera ser arquitecta y construir casas hexagonales o tal vez ingeniera de torres y puentes flotantes.

No sé, algo que en el riesgo pueda florecer, algo que alimente ganas de ser, de darlo todo por una mirada, de colgar adornos navideñamente estúpidos, de volver a pegarle a esta guitarra cansada del maltrato perpetuado por mis manos durante siglos.

Quisiera ser la mesera en una cantina de la Boca y esquivar todas las noches a cientos de borrachos desvariados y luego terminar borracha y vomitando mi pena en el baño. Y después dormir hasta que la espina duela y los huesos pidan a gritos alguna inercia.

O tal vez la cuestión sea otra que nada tenga que ver con nostalgias. El asunto sea que nunca estas a tiempo y que no me queda tiempo.

¿Pero que mierda creemos que somos para merecer la maldición de los dioses?

No somos mas que unos míseros imbéciles creídos que el sufrimiento ayuda en algo... o que la tortura engendra alguna  veta heroica....

No es así... En realidad no somos mas que mierda pura.

Hoy, de todos modos voy a tratar de ser feliz. Creo que una ducha me vendría bien.

Lucrecia, 14/12/99