Postales

 

Un, una, unos... (postales)

Un hombre muere atropellado por un Ford Escort modelo 91, en la esquina de Cabildo y Juramento.

Un hombre atropella a un auto azul, y el auto muere instantáneamente.

Un perro se rasca la sarna del hambre y sus ojos aún están vivos.

Es blanco (o lo fue alguna vez), ahora sus costras lo aparecen sanguíneo y sucio.

Una chica pasa con una minifalda a lunares, moviendo su culo como si fuese un satélite.

Un tipo golpea la ventana del bar y grita una grosería que no es muy bienvenida.

Un tipo mea su cerveza en un árbol de la Plaza de Belgrano y los ángeles de la Redonda lo miran con desprecio, o indiferencia... que es casi igual...

Una mujer se corta las venas en el cuarto de una pensión oscura en Blanco Encalada y Mendoza, sonríe mientras recuerda a ese chico de Bahía y la sangre va cubriendo las sábanas que no se han cambiado desde hace mucho tiempo.

Un grupo de aspirantes a arquitectos toman diezmil fotos a la Iglesia y a la fachada del Museo Larreta, y la del histórico Sarmiento. Ríen y fuman y no saben... aún no saben... por eso parecen felices.

Una ambulancia se abre paso entre automóviles congelados, la sirena narcotiza a los transeúntes y la vieja sin brazos que pide en la esquina lanza carcajadas de pavor que irritan a los camilleros que recogen los despojos de la calle.

Una mujer se desmaya. Un hombre se mete el dedo en la nariz. Un anciano entra a una agencia de quiniela para gastarse los últimos centavos de la jubilación en un sueño: el 460, a la cabeza y a los premios.

Una pareja se está besando como en una película prohibida para menores de 18.

Las lenguas se enroscan en un juego salvaje. Son muy jóvenes y contagian el deseo a todo aquel desprevenido que pasa y los ve.

Una gárgola baja de una columna dórica o jónica... ya no sé y se esconde detrás de la fuente.

Una chica se inyecta veneno en una habitación con vista a las Barrancas y se coloca para afrontar una entrevista de trabajo que no va a conseguir.

Un niño llora porque quiere un muñeco pokemón. La madre sigue caminando rumbo al Super, impasible pero harta del calor y la rutina.

Un adolescente entra en Towers Record sin un mango y piensa el modo de vencer las alarmas para llevarse el último de Metallica. La alarma suena al rato.

Un patrullero detiene el tránsito que ya se ha descongelado, mientras en la otra esquina un dealer reparte papeles a los chicos de la secundaria de 11 de Septiembre.

Un avión surca el cielo y lo corta en dos mitades perfectamente distinguibles, una es blanca, la otra es negra y todo se confunde una vez más.

Un hombre sale de la Clínica y compra agua mineral para llevar a su mujer internada desde hace días. Está cansado, se nota en su andar y su rostro. Seguramente piense en el puto cáncer y esté puteando a dios que permanece impertérrito y estancado en el altar de la Redonda.

Una mujer está sentada en un banco en la plaza, tiene unas hojas y un lápiz... escribe...

¿quién sabe que cosa?... mientras espera que el mundo se detenga.

Lucrecia, 11/01/00