Quiero

 

Quiero volar lo más alto posible, surcar los mares de cielo inalcanzable que se hallan sobre nuestras cabezas y ser el fuego que arde sin parar, ya sea en medio de vientos imparables o bajo lluvias descontroladas. Quiero soportar los dolores más inhumanos, atravesar la dura y fría roca gris que separa el pensamiento de la acción, quiero sentir como vibra el mundo bajo mis pies, como caen los edificios a mi alrededor mientras ando eufóricamente, sintiéndome un dios o algo superior.

Quiero ser más rápido que el guepardo, que un cohete o que la luz, más fuerte que el acero y más antiguo que las raíces del árbol milenario que espera irrisoria y aburridamente su fin.
Quiero apagar y encender las llamas que arden en los corazones de todos y quiero ser el Cupido que decida quien pretende a quien, a mi gusto y a mi antojo, cuando a mí me apetezca.
Quiero ser el sol que muere por la noche y quiero ser la luna que se esconde por la mañana, quiero ser el día y la noche, la claridad y la oscuridad, lo conocido y lo desconocido.

Quiero ser el que mejor toca la guitarra, el piano y todos los instrumentos y enamorar, dormir o violentar a todos aquellos que me escuchen y se crean afortunados de poder hacerlo.
Quiero ser música, LA música, y ponerme en la mente de todos, repetirme día tras día hasta que todos me sepan y me amen y no puedan estar sin mí. Quiero ser el reflejo de la luz descarada que nos visita cuando el día empieza a ofrecer calor y quiero ser el calor que ofrece la luz del astro rey llamado sol.

Quiero partir el muro endiablado que envuelve y cierra este planeta y lo llena de envidias, quiero ser el odio que todos llevamos dentro y explotar lejos de aquí, muy lejos de aquí, produciendo una onda expansiva que todos recuerden hasta el final de sus días, los días contados de cada uno de ellos.

Quiero introducirme en el suelo, adentrarme en las más oscuras profundidades de la tierra, visitar los infiernos más malditos, llevar allí algo de paz así como llevar al cielo un trozo del hierro ardiente que quema al rojo vivo en el reino de Satán.
Quiero ser, asimismo, el mal que reina en todos los rincones de este mundo y el bien que sobrevive en algunos, pocos, lugares de este planeta.

Quiero ser la humedad que habita en las cuevas más negras y profundas, quiero reptar por las paredes, saltar muy alto y abrirme paso velozmente entre las ramas de los árboles de un tenebroso bosque, lleno de niebla y misterio, mientras éstas me azoten la cara y sienta la fuerza del aire producido por mi suprema e insuperable velocidad.

Quiero ser la espada del Rey Arturo, el Arca de Noé, la tabla de los 10 mandamientos, la soga que ahorcó a Judas, la corona de espinas de Cristo, las tres carabelas de Colón, el carro de Papa Noel y todas esas cosas que se supone que existen o existieron y a las cuales también se supone que deberíamos tener en cuenta.
Quiero ser Leonardo Da Vinci, Platón, Aristóteles, Newton, Hawking, Stephen King, Steven Spielberg, Dalí, Bukowski, Bruce Lee y todos esos genios que han hecho y hacen de este mundo algo más apto para la vida.

Quiero ser el cuerpo perfecto, el más fibrado y el más atractivo, el pene más grande, el ser más agradable, la mente más abierta, grande y genial, más simpático y más cariñoso, atraer a miles de mujeres a mi alcoba y satisfacerlas hasta límites con los que ellas nunca hubieran soñado.
Quiero ser la escoria más putrefacta y maloliente de este mundo, ser la peste en persona, estar cubierto de pelo, de escamas y de piel que cuelga durante breves instantes antes de caer al suelo.

Quiero dar miedo a la gente, que sueñen conmigo todas las noches, mirando hacia la puerta, desde su cama, ser el terror que ellos temen y el miedo que en ellos habita.
Quiero ser el hombre más rico del mundo para saber lo que es tener todo lo que uno quiera (o casi todo) y quiero ser el hombre más pobre del mundo para saber qué es SOBREvivir, vivir sin un duro en el bolsillo, sin qué comer, sin nada.

Quiero ser el pasado, el presente y el futuro. Quiero vivir en la época medieval, llevar espada en el cinturón y luchar con monstruos enormes, feos y estúpidos, vencer el eterno rival y ganarme la mano de la doncella que espera con lágrimas en los ojos mi llegada triunfal.
Quiero vagar por el espacio y por el tiempo, ser EL TODO y ser LA NADA.

Quiero ser el sexo en su forma más pura y satisfactoria, quiero ser la droga que todos deseamos llevar dentro para poder mantenernos en pie o incluso poder realizar cosas que no haríamos sin ese veneno en nuestro cuerpo.
Quiero ser el volcán del que emana la sabia de la Tierra y la lluvia que inunda ciudades enteras, que entierra bajo sus destrozos a miles de gente inocente y que suprime del mundo más vidas de las deseadas. Quiero ser la guerra sin causa ni motivo suficientemente profundo como para iniciarse, la guerra que mata más gente que las anteriores lluvias catastróficas y que cualquier otro desastre natural e ilógico.

Quiero ser, tener y poder dar la felicidad. Quiero ser la pena, la tristeza y la maldad.

Quiero tener el poder para reinar este mundo y quiero que este poder se me presente en forma de rayos luminosos que emanen de mi pétreo cuerpo, que salgan despedidos hacia las demás cosas y que éstas alegren su cara al recibir la semilla que infundo en ellas. Quiero ser Akira, Tetsuo y Drácula, sorprender, atrapar y encerrar bajo mi negra y enorme capa, morderle el cuello a todas las bellas mujeres que habiten este planeta, chuparles la sangre y hacerlas eternas esclavas de mi ambición de posesión.

Quiero poder estar donde yo quiera en el momento en el que yo quiera y con la persona que yo quiera.

Quiero querer como nunca quise a nadie y quiero que me quieran como nunca lo hayan hecho.

Quiero.

(Querer NO es poder.)

Damien, 18/4/98-2/5/98