
| De mayor, rico
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| Durante el presente y el anterior año en
la televisión, han emitido varias veces diferentes reportajes sobre tal o cual niño
prodigio, sobre éste o ese personaje joven que, a su corta edad, ya es empresario, ya
tiene más dinero del que uno pueda soñar, diversos tipos atípicos en una sociedad
cambiante y a veces, a estas alturas, aún sorprendente. Se han hartado de enseñarnos lo bien dotado que estaba el chaval para el mundo de los negocios, la enorme cantidad de dinero que genera su o sus empresas al final de año, lo bien que cotiza en la bolsa o el sorprendentemente favorable futuro que le espera al chico. Un cerebro superdotado, un chico fuera de serie, un hijo único, mucho dinero para la familia, otra cosa que explotar, en cierta manera. El presentador, periodista que también envidia la suerte del protagonista del reportaje que le toca presentar cada cierto tiempo, nos recuerda lo joven que es y, en voz alta, se pregunta cómo de millonario será el chaval cuando hayan pasado ya unos años, cuando sea mayor. Ya en su cabeza, sin emitir un solo sonido al respecto, se pregunta cuantas chicas caerán en los brazos del joven, cuando ya no lo sea tanto, única y exclusivamente debido a la cantidad de billetes que le pertenecen. La envidia le sigue carcomiendo por dentro, y se dice que él también quiere tener tanto dinero, pero sabe que ya es demasiado tarde. Todos queremos ser ricos, y yo sé que formo parte del mismo grupo que el joven millonario. Cuando sea mayor, seré rico en infortunios, en pequeñas y grandes desgracias que habrán dejado mella en mi cuerpo y mi mente prematuramente, seré rico en pena y dolor, en odio y rencores, en enormes cantidades de tiempo perdido y en todas esas cosas que nadie nunca quiere pero que yo atraigo como imán al metal. Seré poseedor de millones de ilusiones que acabaron en nada, intenciones frustradas, deseos imposibles e hipótesis mundanales que nunca tomaron cuerpo, así como montones diversos de historias para no dormir que precisamente eso harán, no dejarme dormir haciendo de cada día un peldaño más que me conducirá abajo de todo, donde el fuego que arde eternamente tiene cuerpo líquido e infernal. Al fin y al cabo, como el chaval de la televisión, yo de mayor también seré rico, a mi manera... |
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| Damien, 10/04/00 | |