
| Ruinas y Demolición: la Constante Universal
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| Me extraña que durante tanto tiempo no
haya sido consciente. Desde mi fría - helada - habitación, hasta la cocina, pasando por
el lavabo o la terraza, uno se puede dar cuenta sin esforzarse apenas, que esta casa es
una ruina. La pintura de las paredes empieza a caer y cuando no es ésta, es la propia pared que, cansada quizás de estar tantos años en una misma pose, o ayudada quizás por la fuerza de la gravedad, cae a trozos al pétreo suelo de mármol. Los bordes de las gastadas ventanas empiezan a descascarillarse, a la vez que se corroe el metal de las juntas y las bisagras se oxidan, produciendo un odioso ruido cada vez que éstas se abren o se cierran. Los aparatos domésticos, o electrodomésticos, son los que más se exceden con los que habitamos esta guarida construida hace tanto tiempo: se alternan, uno a uno, para dejar de funcionar o para seguir haciéndolo de tal manera que es inevitable pensar otra cosa que no sea la pronta jubilación del aparato en cuestión o la llamada a un oportuno reparador que se encargará de hacernos saber que él se gana la vida de esta manera, con los billetes que habrá que canjearle a cambio de la reparación "prontamente perecedera". Es, así, una casa en vías de extinción la que habitamos mi familia y yo, una casa que dentro de poco no será más que escombros bajo los cuales descansaremos eternamente los que ahora nos preocupamos por su salud y no por la nuestra... ... por que nosotros también estamos en vías de extinción, todos y cada uno de nosotros, sin excepción, convertidos en ruinas en el mismo momento de nacer por el desgaste y la deformación diaria a la que nos vemos sometidos o a la que nos sometemos nosotros mismos... De la nada vinimos, y nada
acabaremos siendo. |
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| Damien, 24/12/99 - 07/04/02 | |