
| Lost Wisdom | |
Estuve mirándome las botas durante un largo rato, eran viejas y estaban muy gastados, pues hacía varios años que las usaba, suspiré, me levanté y me enfundé mis guantes de cuero, me abroché el pectoral, me puse la capa y salí de mi habitación. Bajé al piso de abajo, el comedor estaba vacío, no me extrañó, el sol aún había de salir por el oscuro horizonte; el tabernero estaba limpiando las mesas con un trapo grasiento, definitivamente aquella no era la mejor taberna en la que había estado durante mis viajes, me saludó cordialmente y me preguntó si quería ya la bolsa de comida que le había encargado el día antes. Le dije que sí, me miro sombríamente, dejó el trapo encima de la mesa y entró en la cocina, unos segundos después salía con una bolsa bastante grande, me la dio, nos miramos a los ojos y le dije que si no estaba de regreso después de 2 semanas podía venderse mi caballo y mi equipaje, el tabernero me miró y dijo: "Por favor señor, ya he vendido 5 caballos y 5 equipajes, está seguro que quiere ir?", me lo miré otra vez, el pobre hombre estaba asustado, como respuesta le dije otra vez que si no había vuelto en 2 semanas podía venderse el equipaje y mi caballo, cogí la bolsa y salí de la taberna. El ambiente estaba frío, había llovido durante la noche, y había una neblina que no dejaba ver la Luna, el día perfecto para una venganza. Entré en el establo, allí durmiendo junto a otros caballos estaba el mío, un caballo de guerra, sereno y muy fuerte, lo había tenido más de 6 años, nunca me había fallado y le había cogido un cierto cariño, no quería condenarle conmigo, miré al cielo y vi el sol como estaba empezando a salir, me aseguré la espada en el cinturón, comprobé que tenía mi daga en el cinto y empecé a caminar por el sendero que me conduciría hacia mi destino. Durante el camino recordé los tiempos en que había caminado junto a mis amigos, me reí para mi mismo, ahora mismo Dernal estaría refunfuñando por la cuesta, y Evelyn lo estaría poniendo más furioso, Tanis estaría intentando calmar a Dernal i Emuaj estaría con el arco en mano convencido que en cualquier momento caerían sobre nosotros una tribu entera de orcos, y finalmente Sesnar estaría buscando plantas raras para sus potingues que tantas veces nos habían salvado. Ahora estaba caminando solo. Nos separamos en Wotanburg, a unos 40 kilómetros al norte, estábamos todos juntos en la taberna del Paladín de la Espada, tomando tranquilamente unas cervezas, la mañana siguiente nos disponíamos a bajar aquí, a Serinland, éramos unos simples aventureros en busca de tesoros, todos teníamos nuestros sueños, oro, gloria, princesas... y teníamos noticias que en Serinland se había descubierto un templo muy antiguo y que según la gente estaba maldito, el destino quiso que mi hermano fuera asesinado aquella noche y yo partí inmediatamente hacía mi hogar para acudir a su entierro y ajustar cuentas con su asesino, un ladrón de la peor calaña, rogué a mis compañeros que partieran sin mi, que aquello era un asunto personal, y que les encontraría en Serinland cuando todo hubiera acabado. 2 semanas y media más tarde llegué a Serinland, en la taberna sólo me encontré un tabernero muy preocupado y poco dispuesto a hablar del templo, todo el mundo me dijo que mis compañeros habían partido hacía el templo hacía 2 semanas y que no habían vuelto, y que no volverían... no tardé mucho en llegar a la conclusión que tenía que ir a buscarlos, ellos eran todo lo que me quedaban en el mundo ahora que mi hermano estaba muerto, mi familia había sido muerta en la Guerra de la Lanza, hacía unos 15 años, durante aquella maldita guerra conocí a Dernal y de allí formamos el grupo. Llegué al punto indicado hacia medio día, todo coincidía con lo que los aldeanos me habían contado, un templo esculpido en la roca, la entrada era una boca de un dragón, que miraba en tono desafiante a cualquier imprudente que quisiera adentrarse en sus secretos. Me quité la capa, la amagué en unos arbustos cercanos, desenfundé mi espada bastarda, la que mi padre me había dado en su último suspiro en las almenas del castillo di Caela, con una flecha negra clavada en su pecho. Me arrodillé y clavé la espada en el suelo, según la tradición de los Caballeros de Solamnia, de los cuales yo era un descendiente, había que hacer unas pregarias a Paladine, Habbakuk i Mithas, los dioses de la orden para que el espíritu se salvase si el cuerpo caía en el combate. Así lo hice. Me miré una vez más la entrada... fría, oscura y siniestra, recordé una vez más mis amigos, sonrientes, felices... y muertos! Con lágrimas en los ojos entré decidido a acabar con el monstruo que me había arrancado lo que más quería. Estuve andando por los laberínticos pasadizos del templo horas enteras sin ninguna señal de trampas, ni monstruos, ni fantasmas ni de mis amigos, de pronto vi un pasadizo, no era como los otros, algo en mi corazón me decía que allí había algo, corrí hasta el final y vi una puerta, era de oro puro, no podía creérmelo, hacía unos 3 metros de altura y 2 de longitud, y tenía incrustaciones de piedras preciosas, debía tener más valor que toda Wotanburg. Toqué la puerta, se abrió silenciosamente y pude ver más allá una habitación con pilares, una alfombra roja y un trono al final, había banderas negras por toda la habitación, y antorchas de fuego azul por las paredes, el fuego no era normal, no desprendía calor, daba la sensación de que en vez de hacer luz se comiera la oscuridad, di un paso adelante con cuidado, una vez dentro la habitación vi que estaba totalmente limpia y el aire era embriagador, olía a rosas y incienso, noté que me tranquilizaba. El trono estaba encima de una escalinata era de marfil y estaba exquisitamente tallado, el él se representaban hadas y otros espíritus del bosque, tenía almohadas rojas y... había en él una chica sentada, al verla mi boca se abrió de par en par, no debía tener más que 17 años, era una chica pelirroja con los cabellos muy largos y ondulados, que le caían en cascada por sus hombros, tenía una piel muy pálida excepto por las pecas en sus mejillas inmaculadas, sus labios eran rojos como la sangre y estaba sonriéndome con la sonrisa más encantadora que puede haber visto un mortal, la chica vestía un vestido de novia. Se levantó y cayó al suelo, me asusté, me cayó de mi mano la espada, sentí como golpeaba al suelo, nunca en mi vida me había caído la espada, ni en combate ni en retirada, vi la chica como se intentaba levantar del suelo, me miró con una cara penosa, sus ojos eran la viva imagen de la desesperación, me dijo algo en un lenguaje que no podía comprender, estaba muy débil, seguro que era una víctima del monstruo que había acabado con mis amigos... ella no podía ser, una chiquilla inocente, algo tan bello no podía ser un monstruo, cuando llegué a la escalinata algo me izo parar me la miré bien, había en ella algo que no era normal... tal belleza no podía ser normal... me volvió a mirar y me susurró algo... estaba llorando ... no! No! Ella no podía causarme daño, estaba asustada y débil, no podía dejarla allí, era tan bonita, sus facciones me habían enamorado, puse mi pie sobre el primer escalón y ella me dijo otra cosa... no podía entenderla... seguí subiendo la escalinata que me parecía interminable... la iba mirando era perfecta, cara de niña cuerpo de mujer, era la perfección echa carne... ella no podía hacerme ningún daño, lo sabía, era una niña asustada, y yo era su salvador, la iba a sacar de aquel templo maldito y seríamos felices para siempre, seguro!, cuando llegué a su lado me arrodillé, la abracé y le miré su cara... ella me miró y me sonrió... no era una sonrisa agradable, era una sonrisa fatal, lo siguiente que sentí fue un impacto y cuando volví a abrir los ojos estaba levantado del suelo, aquella niña me estaba levantando por el cuello con mi peso y mi armadura a 5 pies del suelo... no, era demasiado bella para ser malvada... miré otra vez su cara... su cara era pálida, su sonrisa lujuriosa.. y sus ojos... sus ojos se habían vuelto blancos... pude ver que su vestido estaba sucio de sangre y que su boca se habría mostrando unos colmillos terroríficos... estallé en lágrimas... era demasiado bella como para hacerme daño... |
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| By way of Lora, 05/09/00 | |