Más allá del día tres (1.9)
Supongo que quien lea estas líneas, cuando llegue al punto y final de esta historia, cuando haya consumido todas las palabras que en ella se escriben, no habrá creído ni una sola. Lo comprendo. Más aún, espero que así sea, que estas frases sean tomadas a la ligera, con diversión, como si de un cuento ruso, aleccionador, se tratase. Pues mi intención al plasmar los hechos en estas hojas de papel, no es impedir que otros sufran el mismo destino que mis dos compañeros, ni intentar dar una lección moralista a nadie sobre los peligro que entraña jugar a ser más de lo que somos. No, simplemente escribo para no olvidar, para que jamás pase por alto que una vez tuve dos amigos que se querían y que seguramente pues no sé con certeza qué les ocurrió no volveré a ver.
He decidido relatar los hechos que acontecieron cada día por separado, aislando por capítulos las acciones que componíamos al transcurrir los últimos momentos que pasamos juntos. No sé si esa es la manera más literaria de relatar algo tan grande o por lo menos a mí me lo parece, pero soy de ciencias y esta es mi manera de expresarme, como si de un informe se tratase. Eso sí, he procurado, para que el objetivo de estas letras se vea cumplido con mayor fidelidad, expresar parte de las emociones que había en mi interior en cada uno de los momentos claves. Por otra parte, ciertos hechos que relato más adelante no son más que meras suposiciones, un acercamiento personal a lo que la realidad dejo transcurrir cuando yo no me hallaba presente; meras hipótesis que entremezclo con los hechos reales que conozco para intentar encontrar una explicación, sino lógica, por lo menos aceptable que no creíble.
Por último y aquí lo dejo escrito, prometo leer estas palabras, corregirlas y reinterpretarlas día a día, sin permitir que el tiempo las borre de mi cabeza.
Vida
(versión 2.3)
DÍA UNO (1.2)
Quizá porque fue el primero es el día en el que los recuerdos menos frescos aparecen por mi cabeza, por lo menos hasta los hechos verdaderamente importantes que ha quedado gravados en mi memoria y que difícilmente creo que olvide jamás. De aquella mañana de mayo, recuerdo que, como de costumbre, llegaba tarde a clase y corría por los pasillos de la facultad con la bata blanca de laboratorio a medio poner y con la mochila, donde llevaba todos mis trastos, abierta a la altura de mis rodillas, mientras la gente que cambiaba de aula o que tenía unos minutos de descanso se apartaba de mi camino para evitar se atropellados. Si hubiese sido un día normal seguramente no habría llegado exhausto a la puerta del laboratorio donde hacíamos las prácticas, mi hubiese entrado como una exhalación en él, provocando que todo el mundo se me quedase mirando; pero casualmente esa misma mañana se repartían las zonas de trabajo en el exterior para el día siguiente y conociendo al profesor como lo conocía me veía, mientras esquivaba a las personas en los pasillos, tomando muestras y tratando de limpiar, junto a mis cuatro compañeros de grupo, la parte más asquerosa, guarra y maloliente del estanque que habíamos delimitado como zona de prácticas.
Vaya, al fin el señor Jiménez se ha dignado en aparecer, por la clase se jactó el profesor, mientras el resto de los alumnos, la mayoría buenos conocido míos, reían, unos de una manera más escandalosa que otros. Y ya que se toma tan en serio esta asignatura y pone tanto interés en estas clases prácticas, creo que dejaremos que él y sus compañeros de grupo se queden con la última zona, después que el resto de los mortales que a los que no nos interesa tanto elijamos las menos interesantes.
Esas palabras del profesor nos sentaron como un tiro a los cinco compañeros que formábamos el sexto grupo de prácticas, y por supuesto al resto de los grupos fueron como el alivio de meter la mano quemada debajo de un chorro de agua fría. Los murmullos se elevaron por encima del silencio que desprendían aquellas cuatro paredes de yeso, y las miradas de mis cuatro amigos, o compañeros de grupo, según se mire, delataban algo más que simple malestar por aquella situación. Yo encogí mis hombros y me disculpe, realmente, no sabía que otra cosa podía hacer a parte de eso, y ellos parecieron comprenderlo, aunque por sus caras, y por las pocas palabras que me dirigieron durante la clase práctica, que más bien parecía un seminario de recogidas de muestras, no creo que lo aceptaran con mucho agrado. Supongo que esa es una de las pegas de relacionarte con un grupo de personas que más o menos te cae bien; puede incluso que a algunos llegues a quererlos, siempre a tu manera, y por supuesto en una escala descendiente entre ellos, pero lo que no puedes controlar son sus manías y su forma de actuar, sus defectos. O aceptas o abandonas, pero hagas lo que hagas, si quieres seguir a su lado siempre acabas tragando más de un trago poco dulce. Y eso más o menos fue lo que les sucedió aquel día.
Lo que no puedo determinar, ni siquiera sopesando las ventajas y desventajas de todo lo que me ha sucedido, es si mi llegada impuntual a aquella clase fue cuestión de buena o mala suerte, o simplemente sucedió porque así debía ser. Aún así sigo preguntándome que habría sucedido si llego dos minutos antes; quizá todo habría sucedido de igual manera, tal vez en un lugar diferente, o a otra persona distinta. Aunque si de una cosa estoy seguro es que es pregunta no tiene respuesta.
Día dos (1.0)
No me acuerdo el día de la semana en el que caía ese maldito día, ni siquiera estoy seguro ya en que mes estábamos cuando todo sucedió. Sólo recuerdo que el sol estaba radiante, ni una sola nube aparecía por el cielo, ni cerca ni lejos, y según el parte meteorológico con el que me había despertado la radio, a lluvia no aparecería durante toda aquella semana. Eso, y que, como de costumbre, volví a despertarme tarde, con sueño, y con muy pocas ganas de recoger bichitos, plantitas y granitos de arena que después tendríamos que clasificar, ordenar, catalogar, y por supuesto analizar. La consecuencia de todo aquello es que después de pasar a recogerles con mi coche, cada uno en un lugar diferente, me encontré con un coche destartalado, de segunda mano y con el motor sin demasiadas ganas de mantener su fiabilidad, a toda hostia, por caminos rurales esquivando piedras y a alguna que otra oveja perdida, mientras mis cuatro compañeros de grupo, a los que más o menos consideraba mis amigos se agarraban los unos a los otros y a cualquier parte estable de aquel trozo de chatarra que me atrevía a conducir.
¿De verdad es necesario que corras tanto? me preguntó Marta, desde el asiento de atrás, situada en medio de Gemma y Gloria, y agarrándose como podía a ellas para no perder el equilibrio.
Si quieres que lleguemos media hora tarde, no hace falta que corramos le respondí sarcásticamente.
Guárdate el sarcasmo para otras situaciones, porque te recuerdo que has sido tú quien ha llegado tarde, y quien llegó tarde ayer, metiéndonos de cabeza en aquel vertedero inmundo.
¿A que te bajas?
Si, hombre, para que lleguemos más tarde aún dijo Julián, desde el asiento del copiloto.
¿Y quien te ha dicho que pienso parar?, las ventanillas de atrás son lo suficientemente grandes, incluso para ella respondí con determinación, mientras la miraba por el espejo retrovisor. Todos reímos, incluso ella, aunque su sonrisa, más forzada que la de los demás, algo lógico por otra parte, fue acompañada por un gesto agrio cuando volvió la cabeza hacia el exterior del coche y observó la zona donde en teoría debíamos haber estado un cuarto de hora antes.
Que desastre dijo mientras seguía mirando por la ventanilla. Todos miraron hacia el exterior, y de las risas pasamos a una conversación algo más seria. Y lo peor es que ya no se puede hacer nada. Vete tú a saber cuanto tiempo tardará esa zona del lago en recuperar su antiguo estado.
Tal vez no demasiado si a partir de ahora no se la maltrata tanto. Además, las fábricas que había río arriba han cerrado, y es poco probable que se vuelva a instalar ninguna más. Supongo que los vecinos de la urbanización de al lado no lo permitirán, ya tienen bastante con los olores actuales como para que se les acumulen más comentó Gloria.
¡Ey! Para, que ya hemos llegado dijo Julián, mientras señalaba con el dedo a un grupo de personas que caminaban lentamente por el borde del lago. Eran el tercer grupo de prácticas que se había detenido en una zona a recoger muestras de agua. Dejé el coche a un lado de la cuneta y decidimos, sin discusión, que había llegado ya el momento de empezar a caminar.
Día dos (1.2)
No es necesario explicar que nos llevamos una buena bronca del profesor, junto con la típica explicación, que nos conocíamos de memoria sobre nuestra irresponsabilidad y lo poco lejos que llegaríamos si continuábamos con esa actitud, dividiéndonos en dos grupos bastante claros, el señor Jiménez que no llegaría nunca a ninguna parte, y la poca inteligencia que demostraban aquellos que le seguían y se dejaban arrastrar por su actitud. Después de eso, nos entregó un mapa con las zonas delimitadas y nos mandó al otro extremo del lago, donde la contaminación y la degradación del paisaje se hacía más evidente. Aquello era un yermo, la tierra, sin apenas algunas plantuelas enfermizas que crecían alejadas del agua, que por su parte aparecía en la orilla negra y espesa, sin que la luz pudiese atravesar más de unos centímetros hacia el interior, creando sobre la superficie un artificial reflejo pálido del azul del cielo que nos cubría.
Que asco dijo Gemma, mientras dejaba sus cosas junto el único árbol que aún no había desnudado sus ramas de hojas. No pillaremos nada raro aquí ¿verdad?
Tú, por si acaso, no toques demasiado el agua, y ni se te ocurra beberla dijo Julián con su característica media sonrisa. Por otra parte, creo que lo mejor que podríamos hacer es dividirnos y que cada uno se dedicase a un tipo de muestras específicas, ¿os parece bien?
Nadie le contestó con palabras, nos limitamos a asentir con la cabeza. Era típico en nosotros, nuestro rol había sido asignado desde que nos conocimos, yo era el payaso, el gracioso y el que siempre la cagaba en los momentos más delicados, y Julián por su parte era el líder impuesto pero aceptado. No sé como explicarlo, simplemente sus ideas, casi siempre, eran las mejores o las que más lógica tenían en el momento adecuado, cosa a veces más importante que el tener una idea magnífica en un momento en el que no sirve para nada. Las tres chicas, evitando machismos innecesarios, aunque estoy seguro que habrá personas que no les guste demasiado lo que voy a decir, eran la parte de humanidad que a nosotros nos faltaba en ocasiones. Eran nuestra mitad oculta, aquella que solo se enseña si es necesario, eran la seriedad que solía faltarnos y nuestras ganas de seguir jugando, nuestra manera de seguir viviendo, el objetivo de nuestros comentarios, de nuestras gracias, de nuestras faltas de respeto, y en un caso particular, hasta de nuestro amor.
No recuerdo exactamente todo lo sucedido aquel día, sí, recogimos muestras, nos hicimos las típicas gracias, y sobre todo nos divertimos mucho juntos, aunque, como no, unos más que otros.
¿Cómo lo llevas? pregunté a Julián, mientras recogía muestras de agua, siguiendo su única filosofía en la vida: no hagas que los demás hagan algo que tu no estás dispuesto hacer.
Con cierto asco, pero aguanto, cuando llevas un ratito te acostumbras a la peste me contestó. Yo por mi parte me dedicaba a recoger todo bicho viviente que hubiese a nivel del suelo, aunque la verdad, no es que hubiesen demasiados desperdigados por ahí. Quizá era que soy más listo de lo que aparento, pero siempre me las arreglaba para escoger el trabajo que menos cansado parecía.
No me refería a eso, sino a tu ardor de estómago.
Eres un cabrón me respondió con una sonrisa, un día se te escapará cuando ella esté delante y la liaremos.
Sí, claro y va a relacionar que yo te hable de problemas estomacales, conque siempre que estás a su lado se te suelta la barriga. Además si se entera será mejor para ti, tanto si se descojona de risa, como si empieza a hacerte algo de caso, en ambos casos acabas ganando tú; en el primero porque te enteras que tú y ella sois una pareja más que ridícula, por lo menos desde su punto de vista, y en el segundo porque por fin tienes la oportunidad que tanto deseabas.
No, si visto desde ese punto de vista las tengo todas conmigo. El problema es que el resto de mi cuerpo, no se cree esa lógica tan aplastante.
Lo que tienes que hacer es no pensártelo tanto e invitarla a cenar un día de estos, y ya está. Todo solucionado, como si sí, como si no.
No, si estoy de acuerdo con esa idea pero para poder hacerlo primero tendré que acordarme donde he guardado el valor.
Ahí detuvimos la conversación, se había apartado demasiado del carácter instructivo que había pretendido darle en un primer momento, y se desviaba muy lentamente, como la mirada de Julián hacia Gemma, a zonas más intimistas que no tenía demasiadas ganas de abordar. No porque no me encantase rebozarme en los problemas emocionales de los demás, sino por que mi visión del tema no era la más adecuada para él. Supongo que lo que en realidad andaba buscando era una casamentera que le ayudase, alguien que le preparase el camino, que se lo resolviese todo más o menos; un método de librarse de la parte más agobiante de todo cortejo, el tener que enfrentarte de una vez a ti mismo y a una mirada dulce que normalmente eres incapaz de aguantar. Así que, en silencio, más o menos como había venido, mientras el continuaba su exploración lejana de un sueño con cuerpo terrenal, y mientras las nubes comenzaban a situarse por encima de nosotros, apagando el brillante y artificial azul del lago, y mostrando su verdadera cara, alejando aquella fría máscara, y mostrando la apagada realidad. Agua gris, plantas muertas, y un desierto acuático difícil de olvidar. Sobre todo ahora que nada es ya lo que era.
Día dos (hipótesis)
Había dejado a Julián sólo alejándome de él mientras percibía cada curva de aquella chica, que si bien yo encontraba normalita, había que reconocer que tenía su encanto, y sobre gustos no hay nada que pueda explicarse. Lo que sucedió después, cuando me encontraba a unos metros de él, de espaldas, es mera especulación, aunque habiendo escuchado los testimonios de la gente que podía haberlo visto, creo que no se aleja demasiado de la realidad.
Las nubes nos habían cubierto por completo, y amenazaban con descargar una tormenta sobre nuestras cabezas, intimidándonos con truenos y algún que otro relámpago que no llegaba a impactar en el suelo y se arqueaba regresando a su lugar de origen. En esa situación, Julián, que continuaba con su trabajo cerca del agua, deslizó los tubos de muestras hacia la orilla, mientras su mirada se perdía, ya no hacia su chica favorita, sino al cielo, mientras situaba su mano, desnuda a escasos centímetros del agua. Así, exhausto, atrapado por sus propios pensamientos, mantuvo la posición durante instantes, en los que cientos de ideas pasaron por su mente, entre ellas la que le obligó a meterse en el lago, incluida la ropa.
Día dos (1.5)
Yo estaba de espaldas a él, cuando Gemma se acercó a mí y extrañada se quedó quieta mirando hacia el agua, como si la imagen que estuviese viendo no concordase en modo alguno con lo que en algún momento debería haber sido.
Bonito paisaje, ¿eh? pregunté sin saber exactamente que era lo que estaba plasmándose en sus retinas. En un principio creí ver en ella la respuesta complementaria a lo que Julián pretendía, un gesto de admiración mutua, necesario y suficiente para hacer circular entre ellos algo más que palabras. "Comería de su mano, y ni siquiera se da cuenta", pensé al tiempo que volvía a observar el rostro de Gemma. No se había inmutado, ni al escuchar el chiste. Extrañado, dejé los viales que llevaba en las manos y me decidí a dar la vuelta, solo para observar aquello tan espectacular que la había distraído de mi ingenios frase.
Julián ya había entrado hasta las rodillas en el lago, destrozando de por vida sus pantalones, unos de esos con tantos bolsillos, y continuaba caminando, mirando hacia el cielo, tropezando continuamente con la piedras que había depositadas en el fondo del lago, y perdiendo el equilibrio lo suficiente como para ensuciarse el resto de él. Embobado, sin saber qué narices debía hacer o decir, fui dejando escapar las oportunidades con el tiempo que desperdiciaba, en un torpe intento de comprender como una persona a la que consideras medianamente cuerda es capaz de hacer algo así. Cuando por fin conseguí que los pensamientos no me retuviese, el agua le llegaba a la altura del pecho, y seguía caminando hacia el interior, con los brazos extendidos en la misma dirección que seguía su mirada.
Si quieres suicidarte hay formas menos asquerosas le dije, intentando que el humor condujese la ilógica de la situación. Julián no pareció escucharme, como si el resto del mundo estuviese alejado de él por algo más que aire que nos rodeaba. Nos ignoraba, a todos, solo parecía atento a cualquier cosa que pudiese caer del cielo mientras, lentamente, se situaba en su lugar, dentro de aquel recién creado puzzle en el que él era una de las piezas principales, sin la cual la estructura de las demás se pierde. Quieto, en medio del agua, lejos de todos nosotros, protegido por el asco que todos sentíamos a poner nuestro cuerpo en contacto con aquel líquido, con lo brazos extendidos, y la mirada perdida hacia alguien superior, esperó. Segundos, minutos, quizá muchos minutos, hasta que las nubes que ya habían acabado de cubrirnos por completo encontraron su lugar en aquel enorme trozo de mundo y cumplieron la función que les había sido encomendada.
Fui el que pudo observar mejor toda la escena, y el que también recibió de lleno la mayor parte de los efectos secundarios que siguieron a aquel chasquido azul que el roce de ambas masas nubosas creó. Julián con los brazos abiertos, y un tenue olor a ozono en el aire que no presagiaba nada bueno. Lo vi caer, lentamente, alejado de él, cambiando su dirección, mientras mi amigo permanecía impasible en su lugar del mundo y cuando su fulgor azul, mortecino nos invadió a todos dejé de poder ver. Aquel rayo, caído del cielo golpeó directamente en el pecho de Julián, hundido unos centímetros en el agua, le atravesó, y al contactar con esta, una explosión, fiera, pero muy dulce, elevó una gran columna de humedad que al alcanzar la altura adecuada cayó sobre nosotros como una fina lluvia negra, cubriendo nuestros cuerpos, e impidiendo que nuestra visión pudiese alcanzar aquello que sucedía en el centro de aquel lugar.
Al agotarse aquella falsa lluvia, solo quedamos nosotros, para poder ver el espectáculo que la naturaleza nos había preparado para aquél día. El rayo continuaba chispeante, crujiente, golpeando el agua, haciendo que hirviese, mientras que de Julián solo se podía intuir la silueta bajo el agua, con el rayo atravesándole y continuando su camino hasta el fondo de aquel lugar.
Mierda, no... mierda, no... mierda, no balbuceaba Gemma a mi espalda mientras se dirigía nerviosa, con los ojos enrojecidos y las lágrimas saladas limpiando su cara de aquella lluvia extraña, difusa e ilógica, hacia la orilla, tropezándose, sin atender a razones, sin preocuparse que podía estar sucediendo. Mi reacción, como de costumbre tardó en llegar, aunque esta vez conseguí impedir que uno más de nosotros se introdujese en el interior de aquello que desde aquel momento había dejado de ser, para nosotros un lago normal y corriente. Se había llevado a nuestro amigo, y eso nos marcaría para toda la vida, aunque lo más extraño aún estaba por llegar.
Con firmeza, con la máxima fuerza que el miedo me permitía ejercer en aquellos instantes, sujeté a Gemma por la cintura, mientras ella se agitaba, coceaba e intentaba librarse de mi presa con toda la fuerza que la determinación la había otorgado.
¡Tengo que ayudarle! gritó con furia mientras descargaba sus codos y sus piernas una y otra vez sobre mi cuerpo, haciéndome tambalear, consiguiendo que mis rodillas, temblorosas cediesen ayudándonos en nuestro camino directo al suelo.
¡No puedes ayudarle!, tenemos que esperar que ese rayo se aparte para poder acercarnos, y rezar para que no le haya sucedido nada grave. No todo el mundo muere cuando le alcanza un rayo le dije mientras desde el suelo, su espalda contra mi pecho, ella intentaba separarse. Había sonado muy falso, pero aún así pareció que la música de mis palabras había amansado a la fiera de su cariño; su fuerza se desvaneció mientras en su lugar nuevas lágrimas de desesperación mezcladas, que no agitadas, con las de impotencia caían hasta unirse a todo el agua que nos rodeaba. Yo me sentía fatal, tenía la desesperación entre mis manos, y no sabía que hacer con ella, entonces, mientras el dolor y el miedo conseguían hacer caer las primeras gotas de desaliento por mis mejillas, el centro del lago comenzó a hervir con fuerza, mientras el fulgor latiente del rayo que aún permanecía ahí impasible, como una mortal soga colgando del firmamento, se incrementaba, y de las lechosas burbujas como si de un delicioso colchón de plumas se tratase, el cuerpo de Julián apareció, arrastrado por aquel celestial cabo, cubierto por el mismo latido azul, desde el agua. Y allí se quedo, colgando del cielo, enganchado a algo imposible, rehaciendo las leyes de la lógica, mientras cuatro de sus amigos, reunidos en la orilla, aterrados, con el rostro desfigurado por la pena, y el cuerpo cubierto con el agua que ahora permanecía un palmo por debajo de sus pies, lo contemplamos cual escultura natural erguida durante los siglos, mientras nuestras almas se encogían hasta quedarse en el punto más diminuto que alguien pueda imaginarse.
Justo en ese momento dejamos de sentir.
Noche del día dos al día tres (1.0)
Durante toda la tarde de aquel segundo día, y la noche que nos condujo de este al siguiente, nosotros permanecimos quietos, enfrente del lago, sentados juntos, empapándonos con aquel agua, que cada vez parecía más nuestra, mientras a nuestro alrededor, un cuerpo de policías, bomberos, ambulancias y gente que jamás supinos de parte de qué o quién se habían dignado a venir, se concentró a nuestro alrededor, mientras la luz del día, era tenuemente cubierta por el manto de la noche, roto únicamente, en aquella zona de naturaleza, pútrida y enfermiza por el palpitante fulgor azul que el rayo y Julián despedían hacia el lago, que les respondía con la brisa más cálida que he sentido jamás en mi piel, sin su olor, y con el sonido de la vida, en forma de pajarillos cantores de noche como el coro de aquel espectáculo que nos marco el resto de la vida.
Tendríais que descansar nos comentó amablemente una policía, con uniforme y todo mientras nos acercaba unas cuantas mantas que cómodamente traía en su regazo. Todos menos Gemma, que en ningún momento se separaba de mis brazos, ni apartaba la mirada de Julián, nos volvimos hasta ella y la dedicamos la mejor sonrisa que los hechos nos dejaban mostrar.
¿Cómo está? preguntó Gemma sin desviar la mirada.
No lo sabemos. Todo esto supera con mucho todo lo que han podido explicarnos en la academia o en la universidad. Nadie sabe a ciencia cierta por qué el rayo no ha continuado su ciclo normal, y no nos explicamos porqué continua vuestro amigo enganchado a él, a un palmo de altura sobre el agua. Si creyese en algo, la mejor explicación que se me ocurriría es que Dios tiene algo que ver con esto. Puede sonaros extraño pero se ha avisado incluso a parapsicólogos; quizás ellos tengan la solución.
Todos agradecimos esas palabras sinceras mientras nos entregaba las mantas que tenía en las manos. Calientes, con las ideas aclarándose igual que la atmósfera de aquel lugar, volvimos a quedarnos solos instantes después, mientras las primeras cámaras de televisión llegaban a nosotros.
Lo siento dije solemnemente mientras dejábamos envejecer algo más a aquella noche. Siento que mi impuntualidad haya arrastrado a Julián a esta situación, de verdad, lo siento mucho. Y siento también haberte ocultado que te quería con todo el alma, con todas las patadas que le daba el estómago cuando estaba a tú lado.
Gemma me acarició con ternura mientras, Marta se agachaba a nuestro lado, junto a la única figura que formábamos unidos en aquel largo abrazo, y con su mano acariciaba la orilla húmeda, la tierra viva que nos rodeaba.
No te preocupes, Gemma, él está bien y algo me dice que esta situación no durará demasiado dijo mientras con sus ojos nos invitaba a marcharnos, a abandonar aquel lugar, a dejar a aquella amiga sola, con sus reflexiones. Me levanté, retirando mi apoyo a Gemma, mientras Gloria se situaba a mi lado y Marta susurraba algo al oído de ella que jamás llegué a escuchar.
Noche del día dos al día tres (hipótesis I)
Pero por qué no, puedo imaginar. Sus labios, junto a su pabellón deletrearon una frase que venía a decir algo así como "Tranquilízate, todo irá bien".
Noche del día dos al día tres (hipótesis II)
Aunque claro, la imaginación es libre, y conociendo a Marta supongo que la frase debía ser algo menos clara, algo que explicase de alguna manera algo que los demás no veíamos y que ella intuía como si de un claro sonido que llegaba a sus oídos como el grito desgarrador de alguien, que tras años de fracasos consigue llegar a su meta venciendo al extraño destino que parecía imponerse. Algo parecido a "Apoya tu mano y siéntelo, Julián está aquí". Después los tres, a invitación de Marta desaparecimos.
A partir de este punto todo son desvaríos de imaginación, ya que Marta nunca ha querido decirme que fue lo que salió de sus labios, ni por qué cuando a la mañana siguiente ella no se sorprendió al ver los cambios que se habían producido en el entorno. Sólo puedo imaginar tras los hechos y los resultados, el camino que el destino siguió.
Allí sola permaneció Gemma, con la mano apoyada en el suelo, sintiendo el latido que emitía aquel lugar, que volvía a resurgir desde sus cenizas, a ritmo con el ir i venir del fulgor que rodeaba a Julián, sintiendo el nuevo olor a vida, la nueva vida que comenzaba a rodearla. El germinar de las primeras semillas de yerba y los primeros alevines nadando en aquellas aguas que cada vez parecían tener un grado de pureza un poquito mayor. Entonces, como yo ahora, trenzó la misma idea que estas líneas explican torpemente. Comprendió cual era el lugar de Julián en aquel lugar y por qué ella era la única que permanecía a su lado a esas horas de la noche. Supongo que Gemma, guiada por el instinto esperó a que la pareja de policías de guardia se durmiera, y avanzó lentamente hacia el agua.
Primero dejó su camisa.
Luego sus pantalones.
Su sujetador.
Y las bragas.
En ese orden encontramos su ropa a la mañana siguiente junto a la de Julián arrastrada por la brisa hacia la orilla, siguiendo una línea recta hacia el interior del lago, aproximadamente hacia donde debía estar flotando el cuerpo de Julián, y así desnuda se acercó, sintiendo el frío del agua contra las partes más íntimas de su cuerpo. Cuando estuvo a su lado, la verdad la golpeó en la cara, como una aparición en la noche. Allí a menos de un metro de él, en la zona de aquel lago más pura y más limpia, sintió la energía de ese rayo, los millones de voltios que se generaban entre las nubes y la tierra, filtrándose a través del cuerpo de Julián, y ayudando a renacer, muy lentamente las aguas de aquel ecosistema, transmitiéndose por resonancia, en círculos, como una piedra genera un frente de ondas concéntrico al caer al agua, hacía el resto de la vida de aquel lugar.
Enamorada, sintiendo que su papel en toda aquella miserable representación, era muchísimo más importante, cogió la mano de Julián rodeándose con la energía que él canalizaba y que ahora también formaba parte de ella. Flotó hasta su altura, aguantando el dolor, que aquel proceso debía producir en su cuerpo desnudo, mientras los ojos de él volvían a abrirse de nuevo.
Estás aquí dijo Julián.
Para siempre contestó Gemma, mientras retiraba la camisa de su cuerpo. Después le siguieron el resto de las prendas que él vestía, y allí sobre una cama de aire y agua, sobre la vida que de ellos pendía, en medio de todo el mundo, pero sin que nadie pudiese verlo, se entregaron mutuamente, como habrían hecho sobre un somier normal y corriente, si el tiempo hubiese transcurrido con normalidad.
Día tres (1.3)
Siento ponerme melancólico y dramático, pero dicen que si se pudiese canalizar toda la energía que un ser humano normal libera mientras mantiene relaciones sexuales, se podría poner un cohete en órbita. Sin embargo lo suyo debió ser mucho más que eso, les inundaba el amor, y de él engendraron todo aquello que me rodea mientras escribo estas líneas. Ahora es un parque natural, protegido por las leyes, donde las aves anidan, los peces crían, e incluso se pueden ver a los primeros pequeños mamíferos jugueteando por la orilla de lago más transparente que nadie ha visto jamás. Ese fue su regalo, para el resto de las personas que vivíamos cerca, el poder acercarnos a un lago, beber de sus aguas y sentirlos dentro mientras pisamos descalzos la yerba que ahora lo rodea en lugar de aquella tierra oscura y yerma.
Comúnmente lo llamamos el parque de GeyJe. Aunque a mí no me hace ni puñetera gracia.
Más allá del día tres (2.3)
Y los del pueblo aseguran que cuando hay tormenta, y un rayo cae sobre las aguas, se les puede ver, como fantasmas, flotando sobre el lago, palpitando con luz azul, compartiendo el único beso de amor que ambos se dieron aún en su antigua vida.
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