Breve análisis sobre el resurgimiento de la ultraderecha en Europa

Desde el mismo momento en que el Partido de la Libertad (FPÖ) dirigido por Jörg Haider se incorporó al gobierno austríaco han comenzado a sonar las alarmas sobre el peligro de que el fantasma del fascismo vuelva a recorrer Europa. La prensa ha gastado toneladas de tinta escribiendo sobre el hecho, la clase obrera y la juventud austríacas se han movilizado contra la formación de un gobierno de coalición entre el FPÖ y el Partido Popular Austríaco (ÖVP), e incluso la Unión Europea (UE) aplicó sanciones formales a Austria. Aparentemente, todos los demócratas han reaccionado al unísono ante este hecho. Para entender correctamente lo ocurrido y no caer en la falsa antinomia democracia versus fascismo es necesario tener en claro algunas cuestiones.
Lo primero es que el rechazo de la burguesía europea a la posibilidad de que un partido que sostiene una ideologia xenófoba y discriminatoria pueda formar parte del gobierno de un estado miembro de la UE es papel mojado. Al margen de la amenaza de congelamiento de las relaciones bilaterales con Austria, este supuesto boycot no afectó la participación de Austria en las comisiones de la UE (verdadero gobierno en las sombras) a través de las cuales, se manejan todos sus asuntos importantes; con lo cual, de hecho, la burguesía europea dió su apoyo de facto al nuevo gobierno austríaco. Esto no es un hecho sorprendente. Mirando en profundidad la realidad europea no es difícil darse cuenta que todas las condenas contra las proclamas anti inmigrantes de Haider no son para nada serias. De hecho, gran parte del programa político del FPÖ se práctica en Europa desde hace bastante tiempo. Los refugiados, asilados políticos y la gran mayoría de los extranjeros son sistematicamente rechazados de este continente. Además, los que consiguen ingresar están desprovistos de derechos políticos.
Por otro lado, el FPÖ austríaco no es el único partido que desarrolla campañas xenófobas. La Democracia Cristiana Alemana (CDU), que estuvo 16 años en el gobierno con Helmut Kohl, realizó el año pasado una campaña publicitaria, muy similar a las de Haider, en contra del derecho a la doble nacionalidad para un sector de los extranjeros residentes en Alemania con el objeto de frenar la "extranjerización" del país. En Francia, tenemos al Movimiento Republicano Nacional y al ultra reaccionario Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen y en Dinamarca al Partido Popular Danés que propone expulsar del país a toda la familia de aquel inmigrante que sea condenado por cometer algún delito. A esta lista, también habría que agregar a los secesionistas de la Liga del Norte de Italia y del Bloque Balón de Bélgica entre otros.
Lo segundo es tener una correcta caracterización de los partidos de ultraderecha europeos. Todos ellos coinciden en su profunda antipatía por la creciente variedad étnica de Europa (por ejemplo en ciertas regiones de Alemania los inmigrantes son el 25% de la población). Por otro lado, a pesar de que en sus orígenes la base social de estos partidos estaba compuesta por clase media y pequeña burguesía, en la actualidad han ganado cierto predicamento dentro de la clase obrera, en particular, en la llamada aristocracia obrera. En cuanto a lo económico, todos defienden la concepción liberal del capitalismo de mercado y buscan limitar el rol del estado a su papel fundamental de fuerza cohercitiva que se encarga de mantener el orden establecido. Basicamente su programa político consiste en oponerse a los políticos tradicionales, tanto socialdemócratas como conservadores, quienes a los ojos de las masas aparecen como los responsables de sus problemas. De esta forma, mediante una simple combinación, la extrema derecha europea ofrece a las masas una solución sencilla, pero erronea, para sus penurias. Esta consiste en que los trabajadores inmigrantes son los responsables del desempleo y que los políticos que imponen altos impuestos a los trabajadores y desgravan a los empresarios (en ciertos países como Austria las grandes empresas pagan menos del 10% de sus beneficios como impuestos, mientras que un trabajador paga más del 33% de su salario) son los únicos responsables del recorte de sus beneficios sociales. De esta forma, el sistema capitalista de producción y la burguesía, quien por todos los medios intenta aumentar la explotación de los trabajadores para aumentar la tasa de plusvalía, aparecen como completamente ajenos a todas las penurías que sufren las masas explotadas.
Todo esto nos muestra por qué la burguesía y sus partidos políticos, sean estos conservadores o socialdemócratas, sólo se limitan a realizar críticas hipócritas al nuevo gobierno austríaco y al resto de los partidos de ultraderecha. Estos les son doblemente funcionales. En estos momentos, tanto dividiendo a la clase obrera entre nacionales y extranjeros como orientando a los trabajadores nacionales hacia objetivos equivocados. En el futuro, en caso de una profundización de la actual crisis capitalista que devenga en una nueva alza de luchas obreras que esté acompañada por un avance en la organización independiente de la clase obrera, jugando posiblemente el rol histórico del fascismo encargándose de aplastar por la fuerza a esta.
La división de la clase obrera es el servicio más importante que la ultraderecha hace a la burguesía en estos momentos. Un porcentaje muy grande de la clase obrera europea está compuesta por trabajadores inmigrantes. En su gran mayoría estos no tienen ninguna clase de derechos políticos. Sin embargo, su participación a nivel sindical y dentro de las organizaciones de izquierda es porcentualmente mayor que la de los trabajadores nativos. Además este hecho se hace notar cada vez más. Los últimos censos de población indican que la población europea nativa está decreciendo ya que su tasa de natalidad es negativa. En el futuro de acuerdo con estudios sociológicos se necesitará al menos diez millones más de inmigrantes para satisfacer las necesidades del sistema productivo europeo. Ante este hecho, no hay nada mejor para la burguesía que mantener dividida a la clase obrera para, aprovechándose de esto, rebajar sus salarios y eliminar sus conquistas históricas mientras superexplota a una mano de obra "extranjera" sin derechos politicos.
En resumen, la ultraderecha europea no es nazi, más allá de las actitudes filofascistas de algunos de sus dirigentes, ya que de momento su función no es destruir fisicamente a las organizaciones obreras independientes, que de por sí no existen. Su función es la de mantener adormecida la conciencia de la clase obrera. De esta forma, la ultraderecha cumple el mismo rol que la socialdemocracia, sólo que usando otros métodos. Por ello, caer en la falsa antinomia de dividir a las fuerzas burguesas entre democráticas y fascistas sólo sirve para embellecer a un sector de ellas. Por su puesto que la clase obrera y los jóvenes debemos movilizarnos para enfrentar a las políticas reaccionarias sostenidas por la ultraderecha. Pero siempre debemos tener en claro que nuestro verdadero enemigo es la burguesía en su conjunto, independientemente de quien la represente politicamnete. Por lo cual, apoyando al sector "progresista" del espectro político burgués para derrotar al sector "reaccionario" lo único que conseguiremos es preparar nuestra derrota.
Daniel Bengoechea


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