EditorialEl pasado octubre en Praga tuvo lugar la primera auténtica manifestación anticapitalista paneuropea. La misma enturbió la reunión del FMI. Parecería ser una señal de que las luchas de los trabajadores y campesinos a lo largo y ancho del planeta contra las medidas de austeridad fondomonetaristas tienen el apoyo de los activictas europeos.
En Praga, la unidad de acción de la juventud de diferentes países se hizo sentir. Lamentablemente, la clase obrera estuvo ausente y ese no es un factor a despreciar. Más alla del exitismo de la autodenominada "izquierda anticapitalista" (parecería que les diera pánico usar el termino socialistas revolucionarios o comunistas) sólo representaciones menores de la burocracia sindical estuvieron presentes. Y esto se debe a que esta izquierda con sus discursos aguerridos y con sus actitudes oportunistas puede encandilar a la vanguardia juvenil pero no es aceptada por la clase obrera como la vanguardia revolucionaria que necesita para combatir a fondo contra el capitalismo y no sólo contra sus consecuencias más negativas.
También estuvieron ausentes en las manifestaciones los sindicatos y partidos obreros checos. El hecho de que sólo tres de los treinta detenidos por la policía después de la repersión del 26 de septiembre hayan sido ciudadanos checos es una muestra de ello. Esto es otra evidencia de que las acciones de Praga fueron una actividad efectista que no afectará al capitalismo ni ayudará a la organización revolucionaria de la clase obrera. Que otra cosa sino que la insubordinación del pueblo checo contra la presencia de los banqueros del FMI podría haber sido un impulso a las luchas obreras en el resto del mundo?
Un hecho que favoreció que las jornadas de Praga tuvieran el carácter que tuvieron, fue el papel jugado por Acción Global de los Pueblos (AGP). Esta organización, inspirada en el concepto anarquista de autonomía y consenso, tiene su base dentro de los organizaciones no gubernamentales (ONGs) más radicales. Su modelo es que el activista individual debe ser la base de toda organización y sus tácticas consisten en la acción directa no violenta, basicamente obstrucción de actividades y ocupación de lugares. Los hechos de Praga han demostrado que la propuesta de AGP es una simple utopía. Su carácter individualista y moralista pequenoburgués quedo de manifiesto en el momento crucial. Cuando era claro que la fuerzas especiales de la policía checa iban a reprimir, lo cual sólo hubiese podido ser resistido por medio de la acción violenta, AGP se limitó a prevenir a los manifestantes para que eviten ser golpeados. Además su no organización evitó todo posible tipo de coordinación entre los grupos manifestantes lo que facilitó la represión policial. Claramente los métodos de AGP mostraron ser inferiores a los históricos métodos de acción directa de la clase obrera, en particular a las barricadas y los grupos de autodefensa armada.
Obviamente las jornadas de Praga son un eco de la ola de luchas que vienen desarrollando los pueblos de Latinoamérica, África y Asia. Sin embargo, una acción como esta sólo dejará de tener un carácter simbólico si esta basada en la lucha de la clase obrera en toda Europa. De otra forma, lo único que se consigue es aparecer en los medios de comunicación una vez cada tanto. Así como hubo un Seattle, un Melbourne y un Praga habrá un nuevo evento (de hecho hay quienes proponen hacer del próximo 1 de mayo un día de acción global anticapitalista), pero la clase obrera, la cual es la única capaz de destruir el sistema de explotación capitalista, seguirá siendo un mero observador pasivo.
Los socialistas revolucionarios debemos participar de acciones como la de Praga y hacer frentes únicos con todos aquellos que pretendan luchar contra el capitalismo. Sin embargo, nuestro principal objetivo debe ser ayudar al desarrollo de la conciencia revolucionaria dentro de la clase obrera y a la organización de su vanguardia en un partido revolucionario. Esta es la única herramienta que puede liderar a la clase obrera hacia la destrucción del sistema capitalista. Esta es la única forma posible de eliminar sus males, los cuales le son inherentes y no son una consecuencia de los malignos designios de los banqueros del FMI. Esto es lo que nos enseña la experiencia histórica de la clase obrera mundial, lo cual es confirmado una vez más por los eventos de Praga.
Por otro lado, es correcto que los militantes revolucionarios de los países imperialistas, ya sean los EEUU, Europa o Japón, establezcan lazos con la clase obrera y los pueblos en lucha del tercer mundo, los apoyen política y materialmente y se movilicen contra las multinacionales que los explotan (también lo hacen con la clase obrera de los países imperialistas aunque algunas no se enteren). Sin embargo, la experiencia de la clase obrera mundial también nos dice que en los países imperialistas la mejor forma de solidaridad antiimperialista es la lucha por la destrucción del estado burgués local.
Sería bueno que al volver a sus países los militantes de izquierda que viajaron a Praga, se dirijan a su clase obrera y vean como organizar allí consecuentémente la lucha por la destrucción del régimen capitalista. De esa forma, con seguridad, en algún momento en el futuro no será necesario realizar movilizaciones como la de Praga, ya que la clase obrera estará en el poder.