A diez años de la reunificación alemana crece el descontento socialEn contraposición con la prensa internacional y con los políticos alemanes, la mayoría de la población alemana le ha dado poca importancia a la conmemoración del décimo aniversario de la reunificación formal del país. Es que ellos tienen otras preocupaciones. Los últimos diez años no han sido justamente placenteros para los alemanes. Con un desempleo que alcanza el 20% y un aumento de la pobreza, la reunificación es observada escepticamente por la población de la ex-Alemania Democrática (RDA). Por su lado, en el oeste muchos creen que la absorción de la RDA es la causa de la destrucción de sus conquistas sociales. Por eso las celebraciones estuvieron confinadas a los empresarios que fueron capaces de hacer fortunas gracias a la reunificación y a los políticos para quienes la República Federal Alemana ha sido catapultada al rol de gran potencia continental. De esta forma, las celebraciones por la reunificación no han sido otra cosa que un acto de autoadulación que muestra con claridad la gran distancia existente entre los políticos y las masas.
El hecho de que la conmemoración de la reunificación haya tenido tan poca respuesta por parte de la población dice más sobre la reunificación que todos los discursos de los políticos y todas las tonterías escritas por los medios masivos de comunicación. La reunificación eliminó las fronteras entre las dos Alemanias sólo para establecer una división social más profunda. Mientras todos las voces oficiales dicen que la asimilación de la RDA dentro de Alemania Federal implicó el inicio de una era de paz y estabilidad, la realidad indica lo contrario. El hecho de que los dos principales partidos políticos alemanes estén en crisis es una muestra de ello. El aumento del descontento social es otro.
El conflicto alrededor de Helmut Kohl, que dividió al CDU (Democracia Cristiana), es mucho más que un simple escándalo financiero. El CDU está dividido porque su base lo está. En la actual etapa imperialista, los intereses de su tradicional clientela política, la clase media, no son compatibles con los de la burguesía financiera e industrial a los que responde su dirección. Un sector del CDU, junto con su partido hermano en Bavaria - el CSU – están intentando solucionar este problema girando hacia el populismo de extrema derecha. Este sector intenta retener a sus votantes poniendose a la cabeza del descontento popular. El otro sector intenta compensar la pérdida de electorado con el inicio de un proceso de colaboración con el actual gobierno socialdemócrata de Gerhard Schröder.
A primera vista parecería que el SPD (socialdemocracia) es el más estable de los partidos mayoritarios. Pero esto sólo refleja la debilidad actual del CDU. En los últimos diez anos el SPD ha girado tanto a la derecha que ha perdido contacto con su tradicional base social, la clase obrera. Esto se vió claramente en las últimas elecciones regionales donde fué completamente vapuleado. Por otro lado, a diez anos de la reunificación, el partido ha sido incapaz de alinear detrás suyo a la clase obrera del este. Esto se puede ver en el hecho de que sólo tiene 23.000 afiliados en toda la ex-RDA, muchos menos que en una sóla ciudad de la zona industrial de la cuenca del Ruhr en el oeste.
Hasta ahora, el rechazo a los partidos tradicionales es pasivo. En el este la mayoría ha optado por votar por el PDS (partido fundado por ex-estalinistas de la RDA, y ex-trotskystas de la RFA – en particular el Secretariado Unificado -) quien en varios estados es la primera minoría. Otro sector de la población ha votado a los partidos de extrema derecha.
Al margen de lo que algunos ilusos creen, el voto al PDS no implica un deseo de retornar al sistema social de la ex-RDA. Es verdad que la población del este, en especial las mujeres, estraña muchos de los beneficios sociales perdidos con la destrucción del estado obrero degenerado. Sin embargo, ellos sólo quieren que se cumplan las promesas que les hicieron sobre que vivirían igual que en el oeste. Ademas, el PDS bien lejos está de presentarse como defensor del estado obrero degenerado. Su papel es el de un partido socialdemócrata clásico y por ello, de cierta forma, ocupa el vació dejado por el SPD. Si hasta se reclama defensor de la unificación burguesa de Europa y ante los bombardeos sobre Yugoslavia sólo se límitó a pedir el reemplazo de las tropas de la OTAN por tropas de la ONU.
En cuanto a la extrema derecha, esta es completamente marginal y al margen de algunas manifestaciones subidas de tono contra los inmigrantes y alguna agresión contra extranjeros o contra la comunidad judia, hechos que siempre son condenables, no significa de momento ninguna amenaza para la clase obrera. Si en algún estado creció electoralmente es sólo por que es el único sector político que se pronuncia abiertamente en contra de la unificación europea. Pretender que la clase obrera ponga la mira exclusivamente en la extrema derecha, mientras los partidos burgueses mayoritarios agreden cada día más los derechos de la clase obrera, significa convertirse de hecho en un complice de la burguesía. Lamentablemente como eso actúan la izquierda centrista y la mayoría del movimiento antifascista quienes desconenctan la lucha contra los neonazis de la lucha contra el régimen de explotación capitalista, el cual en última instancia es quien genera al fascismo y quien se va a apoyar en él para intentar aplastar fisicamente a la clase obrera en cuanto esta se rebele.
La presente crisis política sólo se profundizará ante la presencia de una alternativa política que únifique y lidere a la clase obrera bajo una prespectiva socialista e internacionalista. Como en todos lados, el problema de la clase obrera en Alemania es un problema político. La crisis de su dirección es lo que le imposibilita arremeter contra el estado burgués para destruir el actual regimén y remplazarlo por la dictadura del proletariado, ya que las condiciones objetivas para ello están más que maduras. Lamentablemente la izquierda revolucionaria alemana esta completamente dispersa. Tras la derrota que significó el fascismo para la clase obrera alemana, vino la reconstrucción y el llamado "estado de bienestar" el cual fue usado por la socialdemocracia para mantener a la clase obrera bien alejada de la política. Por su parte ahora, la izquierda revolucionaria no hace demasiado para superar la crisis de dirección política del proletariado. Algunos grupos pasaron del seguidismo a la socialdemocracia al seguidismo al PDS. La mayoría de ellos están completamente aislados de la clase obrera y se limitan a participar de actividades efectistas como lo fueron las manifestaciones en Praga ante la conferencia del FMI. El problema es que sólo algún minúsculo grupo aislado se propone hacer un trabajo político largo y paciente en la clase obrera. Este es la única manera de comenzar a revertir la crisis de dirección política del proletariado y de ayudar a este a que construya su propia vanguardia política, herramienta sin la cual seguirá siendo un actor pasivo de la presente y de las futuras crisis políticas.
Daniel BengoecheaÍndice