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España: Ante los ataques patronales no hay otra salida que la lucha masiva y solidaria de los trabajadores

Daniel Bengoechea

En los últimos meses distintas empresas han anunciado despidos en el Estado Español. Por ejemplo, SEAT aplicará una reducción de mil seiscientos empleos, Delphi ha cerrado sus plantas dejando a cuatro mil trabajadores en la calle, medidas similares se aplicarán en CASA-EADS por la crisis de Airbus, así como en la industria textil, del calzado y el juguete. Como consecuencia de esta situación, para muchos obreros las ilusiones creadas por la situación de “prosperidad económica” del último lustro van desapareciendo como consecuencia de la permanente crisis del capitalismo mundial.

La propaganda burguesa, por medio de los medios de comunicación masiva, nos quiere hacer creer que estas medidas son inevitables, y que son consecuencias menores de la globalización que tantos beneficios nos trae. Obviamente en todo momento se preocupan por ocultar el verdadero rol jugado por el sistema capitalista, un sistema social obsoleto basado en la explotación. El sistema capitalista, necesita de la explotación y el desempleo para sobrevivir y por lo tanto es utópico pensar que la solución para las penurias de los trabajadores pasa por la aplicación de reformas al sistema capitalista que puedan mejorar parcialmente las condiciones de vida de algún trabajador. Para eliminar definitivamente las penurias de la vida de los obreros es necesario organizar la sociedad de una forma radicalmente diferente.

Esta nueva forma de organización social implica el establecimiento del comunismo, la sociedad sin clases. En el comunismo, el desarrollo total de las fuerzas de producción, el logro de la abundancia para todos, y el florecimiento de la humanidad y la cultura humana serán posibles. Pero el comunismo se puede lograr solamente mediante la transformación revolucionaria de la sociedad por parte de los trabajadores. Eso es esencialmente lo que los revolucionarios debemos plantear en las luchas obreras contra la explotación.

Cuando los trabajadores se movilizan de hecho están evidenciando objetivamente sus contradicciones con el capital y su capacidad como clase para liderar a la humanidad hacia una sociedad sin explotados ni explotadores. Por eso, para los trabajadores, el desarrollo de sus luchas y de la unidad y solidaridad de clases no son solamente un medio para enfrentarse a la opresión capitalista, sino tambien la materialización de que otro mundo es posible.

Por otro lado, para la burguesía, la lucha, la unidad y la solidaridad obreras son una peligrosa epidemia que intentan impedir a cualquier precio. Por ello tratan de fomentar las divisiones entre los trabajadores. Por ello en los despidos programados han tratado de enfrentar a los trabajadores más veteranos, por lo tanto con despidos más costosos, con los trabajadores jóvenes que tienen una cobertura precaria, a los obreros de unas fabricas con otras, o a los asalariados de los talleres con los empleados administrativos. La burguesía, y sus medios de comunicación, lo que tratan de esta forma es de hacer creer a unos trabajadores que los culpables de su situación son otros obreros, encubriendo así el rol jugado por el propio sistema capitalista de explotación.

Pero las trampas de división y aislamiento de los trabajadores deben, para ser realmente eficaces, contar con la complicidad de los partidos reformistas de izquierda y de los sindicatos burocratizados. Por ejemplo, en la crisis de Delphi, tanto el PSOE como IU han recurrido al discurso patriotero “antiyanqui” para impulsar la idea de que la unidad entre explotadores y explotados españoles es necesaria para salvar a Delphi. Sin embargo, estos mismo políticos son quienes tras varias reconversiones han convertido al antaño polo industrial de la Bahía de Cádiz en un desierto. Y serán quienes con seguridad conduzcan a los trabajadores del Delphi a la derrota.

En cuanto a los sindicatos burocráticos, mucho tambien hay que decir del cinismo de su solidaridad. En SEAT, por ejemplo, UGT y CCOO fueron quienes hace poco mas de un año pusieron nombres y apellidos a los seiscientos despidos que dijeron que eran imprescindibles para mantener la empresa en funcionamiento. Ellos son quienes se ofrecen hoy para organizar y hacer menos traumáticos los nuevos mil seiscientos despidos que son ahora necesarios en SEAT. Tanto los dirigentes de estos sindicatos, como los partidos reformistas (PSOE e IU) son objetivamente agentes de la burguesía que impiden el desarrollo de las luchas obreras y de la conciencia de clase de los trabajadores. Por lo tanto deben ser combatidos a muerte por los obreros de vanguardia.

Desde los propios inicios del capitalismo, la burguesía ha promovido dentro de la clase obrera un estamento que tiene intereses en el sistema: la “aristocracia obrera” de los trabajadores mejor pagos y con mas seguridad, especialmente en los países imperialistas.

Descansando sobre este estamento aristocrático se encuentra la burocracia sindical que sirve al capitalismo como los agentes mediadores frente a los obreros. La burocracia sindical es pequeña burguesa en su naturaleza de clase, y no proletaria. Su existencia depende tanto de la sobre vivencia del capitalismo como de la reforma continua del sistema para otorgarle pequeñas concesiones a los trabajadores con el propósito de atarlos de por vida al capitalismo.

Ideológicamente, la burocracia sindical y la aristocracia obrera reflejan la interpenetración de la clase media y la pequeña burguesa con la clase obrera. Históricamente, desarrollaron la teoría socialdemocrática denominada reformismo, la noción de que una vida mejor para los trabajadores se puede lograr no mediante la revolución sino por la constante presión de los obreros a favor de las reformas, que de cualquier manera sería el resultado normal del desarrollo y la modernización del capitalismo.

Durante tiempos de prosperidad, el reformismo favorece reformas limitadas que benefician a la clase obrera dentro del marco del capitalismo. En el presente favorece básicamente la defensa de los alcances pasados. En el mañana cuando surjan alzamientos obreros para traicionar a los obreros, algunas secciones de los reformistas hablaran de nuevo de los logros y alcances. Dada la crisis y la polarización de clases, los partidarios del reformismo se ven constantemente obligados a alinearse en colaboración con fuerzas abiertamente burguesas y han cesado de balbucear acerca de las reformas. Los reformistas tradicionales ya han hecho esto descaradamente. Los elementos más a la izquierda, mientras continúan apoyando las reformas, se ven ahora obligados a seguir esa misma dirección de movimiento. Como consecuencia de esto, los reformistas están siendo desenmascarados por la realidad, abriendo la posibilidad para el desarrollo de una vanguardia revolucionaria dentro de la clase obrera.

Para favorecer el desarrollo de esta vanguardia y para frenar los ataques capitalistas es imprescindible impulsar la lucha masiva y solidaria de los trabajadores de forma coordinada en todo el Estado Español. En estas luchas, una de las cuestiones que aparecerá es la necesidad de estar organizados. De poder ofrecer una respuesta generalizada y lo más amplia posible, ya sea contra el gobierno de turno o contra tal o cual empresa. Ligada a la conclusión de la necesidad de organizarse, surgirá en la conciencia de los trabajadores la necesidad de contar con una organización revolucionaria de vanguardia. Esta organización no es otra que el partido revolucionario que debemos construir. Con este objetivo, una tarea principal a la que nos enfrentamos los revolucionarios en el Estado Español es la de desenmascarar a todos los falsos dirigentes de nuestra clase. Esta es la única manera de construir un partido revolucionario. Para ello es necesario dirigirse siempre a los trabajadores en forma franca y directa propagandizando nuestros objetivos estratégicos de construir el partido revolucionario, la revolución proletaria y crear la sociedad comunista. Esta es la perspectiva que defendemos para el Estado Español desde la Revista Solidaridad, impulsando las luchas económicas de la clase obrera y aprovechandolas para difundir las ideas del marxismo y desenmascarar a las direcciones sindicales traidoras y a los partidos reformistas. De esta forma podremos comenzar a construir los primeros núcleos de propaganda que constituirán el partido revolucionario del futuro, herramienta fundamental que permitirá a la clase obrera derrumbar el régimen capitalista y construir al socialismo.

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