El Informe
Pocas veces se ha reunido nuestro Comité Central en momento tan necesario y trascendente.
Cuando nuestro pueblo ha mostrado cuánta paciencia y realismo es capaz de tener y cuánta firmeza y decisión para defender su soberanía, sus espacios aéreos y marítimos.
Cuando se ha creado una situación de mayor tensión y peligro en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, al entrar en vigor la monstruosa Ley Helms-Burton, hechura de las fuerzas más retrógradas que van allá predominanado con el auge de la ideología neofacista, que en lo interno empeora las condiciones de los pobres, sobre todo negros, hispanos, inmigrantes y en el exterior aspira a imponer la supremacía absoluta de los multimillonarios norteamericanos a todas las naciones del mundo. La mafia anticubana de Miami que sustenta también esta ideología, es el lacayo idóneo en la misión de tratar de facilitar la recuperación de Cuba por parte de Washington, miserable tarea que le sería recompensada con la devolución de sus antíguas propiedades, hoy en manos de su legítimo dueño, el pueblo cubano que las creó con su plusvalía, sudor y sangre.
Esta Ley no significa para Cuba sólo el recrudecimiento del cruel bloqueo que sufrimos desde hace más de 35 años, sino que es algo más que una abierta y declarada guerra económica, es un plan de acción detallado para intentar rendir criminalmente por hambre y enfermedades a nuestro pueblo. La Ley de la esclavitud pretende engañar, confundir y desarmar a los elementos que consideran más vulnerables de la población, mediante el incremento de la propaganda radial y otros medios de diversionismo ideológico contenidos en el llamado Carril Dos, impulsar y financiar la proliferación y crecimiento de los grupúsculos de traidores dentro del país, con jefecillos que en algunos casos han sido convertidos por obra y gracia de los poderosos medios de divulgación estadounidenses, en figuras conocidas en una parte del mundo como líderes de una supuesta gran disidencia interna, que sólo existe en sus afiebrados deseos.
Con estos ingredientes, la Ley fascista pretende fomentar un clima propicio para la acción militar «humanitaria», bajo la bandera de la ONU si fuera posible o como una decisión unilateral de Estados Unidos.
La acción militar a que puede conducir esta política desenfrenada incluso figura en la Ley Helms-Burton, aunque como su fracasada predecesora, la Torricelli, se viste con el disfraz de la «transición pacífica». Ni siquiera podría afirmarse que es la opción que prefiere ahora el Pentágono, cuya profesionalidad permite valorar que nuestro país no es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos y también calcular el impagable costo en bajas norteamericanas que significaría un nuevo Viet Nam en Cuba.
Mientras fortalecemos cada día la preparación para la defensa basada en la concepción de la Guerra de Todo el Pueblo y desarrollamos el esfuerzo en la recuperación, remodelación y redimensionamiento de la economía nacional, es obligado también, y es lo que hacemos, examinar la situación social y política del país y derivar de ese análisis la labor ideológica que le corresponde desplegar a nuestro Partido en estos tiempos de período especial.
Examen de la Situación Social y Política
La situación económica que se creó abruptamente, cuando al bloqueo norteamericano se sumó la desaparición de la comunidad socialista europea y la desintegración de la Unión Soviética, nos obligó a adoptar a lo largo del último lustro una serie de pasos que ya fueron analizados. Estos pasos han conducido a cambios, que conscientemente esperábamos, en el seno de nuestra sociedad.
El número de los trabajadores en centros de producción y servicios estatales ha disminuido como consecuencia del cierre, el paro parcial o la reducción de la actividad en la mayor parte de las ramas de la economía.
Un importante sector de la clase obrera, los obreros agrícolas de todas las granjas cañeras y la mayor parte de las granjas agropecuarias, han pasado a ser unidades cooperativas obreras, dueños colectivos de los medios de producción y de los resultados de su trabajo sobre la tierra de propiedad estatal dada en usufructo.
El trabajo por cuenta propia es ya la ocupación y el medio de vida de más de 200 mil ciudadanos, apropiadamente inscriptos como tales, y es evidente que esta cifra es muy superior, pues millares lo ejercen de una forma u otra sin la debida legalización. El trabajo por cuenta propia crecerá necesariamente en lo inmediato, pues la inevitable lucha por la eficiencia económica exige la racionalización de la fuerza laboral sobrante que contienen las plantillas infladas.
Aunque la producción cañera y agropecuaria podría absorber una parte de los trabajadores que serían racionalizados, no los necesitaría a todos, si partimos de que también en esta rama se seguirá el principio del incremento de la productividad de los obreros directos y la racionalización de los indirectos, limitando su número a lo imprescindible. De otra parte, por una razón u otra, no todos aquellos racionalizados aceptan la opción del trabajo agrícola.
En la actualidad, la Revolución ha debido aceptar el trabajo masivo por cuenta propia en diversas actividades, teniendo presente que el Estado no está en condiciones de garantizar empleo para todos y que el acceso a la riqueza en el socialismo se asienta en el trabajo. Esta labor permite ganarse, de un modo lícito, la existencia a muchos cubanos o les proporciona -caso que tengan una ocupación fija- mejorar sus ingresos. En el terreno de la economía nacional, los cuentapropistas honestos hacen un doble aporte, por los impuestos progresivos que deben pagar al fisco y al suplir determinados servicios que las empresas estatales no están en posibilidades de atender o de hacerlo en la medida necesaria.
Estos cuentapropistas deben ser los primeros interesados en erradicar de esa nueva rama a especuladores, ladrones, violadores de leyes fiscales o sanitarias, en fin, a aquellos aspirantes a lucrar a costa de las necesidades del pueblo y de las penurias del período especial. El número de campesinos individuales tiende a aumentar. Su situación económica privilegiada estimula a los hijos y otros herederos a sustituir gradualmente a los actuales propietarios. De otra parte, la correcta política de entrega en usufructo de parcelas ociosas a las familias que deseen laborarlas donde no existen condiciones para crear UBPC (Unidad Básica de Producción Cooperativa) o cooperativas, sobre todo en cultivos tales como el café y el tabaco, es otro factor que acrecenta la cifra de los agricultores privados.
La sicología del productor privado y del trabajador por cuenta propia en general, en función de su trabajo de carácter personal o familiar y del origen de sus ingresos -el comercio particular del producto o del servicio que presta-, tiende al individualismo y no es fuente de conciencia socialista.
No son pocos los efectos negativos que el trabajo por cuenta propia, puede engendrar, como el de estimular viejas formas delictivas y fomentar nuevas, propiciar enriquecimientos abusivos en nuestra situación de escaseces, sentar bases para el agrupamiento, la asociación y actuación de forma organizada ajenas al Estado, o constituir caldo de cultivo para la labor subversiva del enemigo, entre otros.
Pero no es de olvidar que los trabajadores por cuenta propia, como los campesinos individuales, constituyen una masa que labora en su Patria y cuya suerte está unida en general a la de todo el pueblo.
Nuestra labor ideológica hacia ellos debe procurar que su faceta como trabajador prevalezca. Aquí es la batalla de las ideas. En cuanto a su mercantilismo, se trata de hacerlos cumplidores de leyes y regulaciones, resaltando que protegen su actividad y organizan su contribución al desarrollo económico del país, que en definitiva les beneficia como ciudadanos y como productores. El severo castigo de los infractores de la ley, debe servir para que todos comprendan que el delito carece en el socialismo de porvenir, lo que supone una labor divulgativa adecuada. Los ingresos no vinculados con negocios turbios, así sean elevados, son y serán respetados, siempre que se atengan al estricto cumplimiento de nuestras leyes y disposiciones.
En cuanto a los campesinos que no están vinculados a formas de producción cooperativa, o sea los individuales, a quienes la Revolución entregó las tierras liberándolos de la explotación, la ignorancia, la insalubridad y la miseria, la mayoría logra con su labor honrada recursos suficientes para un sustento decoroso.
Otros acceden a una vida holgada, por encima del nivel medio de los trabajadores. Y otra parte, minoritaria pero la más próspera, por la dimensión o calidad de su tierra, o el carácter y posibilidades más ventajosas de su rama de actividad, unidos a su habilidad para el negocio y a veces su falta de escrúpulos para entrar en todo tipo de transacción, aunque ésta sea turbia o francamente ilegal, va acumulando grandes sumas de dinero que, según las posibilidades, invierte en nuevos negocios o sencillamente atesora. Estos últimos campesinos, y una parte de los cuentapropistas urbanos, a los que podemos sumar de modo muy especial el llamado intermediario, forman la capa de nuevos ricos que está surgiendo en el país. Consecuentemente debemos luchar en forma tenaz porque cumplan estrictamente las leyes y paguen el impuesto progresivo sobre sus ingresos.
Un número valioso de campesinos individuales han sido verdaderos ejemplos de productores y patriotas, llegando incluso algunos de ellos a cumplir tareas de asesoramiento a la agricultura estatal. Las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), constituídas por decenas de miles de antíguos productores individuales se caracterizan en general por la eficiencia, buenas condiciones de vida y elevada contribución a la economía del país.
El período especial no sólo significó el paro o la disminución del trabajo para cientos de miles de personas ubicadas en centros estatales, sino también el aumento del desempleo juvenil, con la suma creciente cada año de decenas de miles de arribantes a la edad laboral, desmovilizados de los institutos armados y egresados sin ubicación.
Este fenómeno, desconocido en el país en el anterior cuarto de siglo, produjo un tremendo impacto en una parte de la juventud, cuyas características psicosociológicas en esa edad temprana son bien conocidas y condujo a varios millares de ellos, carentes de perspectiva y la necesaria conciencia patriótica, al camino de la emigración económica, alentados por las fonías miamenses y por las facilidades de acogida que Estados Unidos mantuvo durante más de treinta y cinco años.
Entre estos emigrantes hay de todo, desde profesionales, técnicos, etc. no necesariamente enemigos de la Revolución, hasta delincuentes, aventureros y otros elementos desafectos a nuestro régimen social.
Contrasta esta actitud censurable con la entereza de la inmensa mayoría de nuestra juventud que en los centros de trabajo, en las aulas de enseñanza, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y su Ejército Juvenil del Trabajo, en el Ministerio del Interior, en la agricultura, en las esferas del arte, la cultura, la ciencia y el deporte cumple ejemplarmente con su deber y constituye un baluarte de la Revolución hoy y la garantía del futuro independiente de la Patria.
La despenalización del dólar, otro problema nuevo, facilita el incremento del número de personas que reciben remesas de sus familiares en el exterior y dado el poder adquisitivo de la divisa extranjera frente al peso cubano, permite a los receptores de estos envíos alcanzar una mejor situación económica, lo que implica un elemento de desigualdad con respecto al resto de la población. Ello favorece además la propaganda en favor de la sociedad de consumo norteamericana y ejerce una influencia negativa directa sobre los beneficiarios.
No podemos pasar por alto que el creciente acceso legal a la divisa, incluido el dólar, tiende a provocar un cambio en alguno de los valores de las personas en determinados sectores de la sociedad, como el de la juventud, presentándose casos de quienes optan por abandonar puestos de trabajos importantes (maestros, ingenieros, etc.) para ir a cubrir una plaza de menor calificación profesional en el frente turístico con la que puedan resolver algunas carencias actuales, aunque ello entrañe dejar de aportar al país sus conocimientos y experiencias en labores tan necesarias y abnegadas como las antes referidas.
El alquiler de habitaciones o residencias completas a turistas o visitantes extranjeros ha devenido otra fuente de ingreso particular sobre todo en Ciudad de La Habana. Sus propietarios, que casi sin excepción las recibieron de la Revolución, obtienen una entrada en divisas. Es otra modalidad de ingreso muchas veces desproporcionada. En el futuro, éstos deberán también cumplir su deber social de pagar impuestos.
El desarrollo del turismo, la afluencia de cientos de miles de extranjeros que para tal propósito visitan anualmente nuestro país, es otro fenómeno que aporta una innegable influencia sobre nuestra población. Desde luego por lo general los turistas son eso precisamente: viajeros que quieren conocer y descansar, e indudablemente una porción de ellos patentiza, con su visita, simpatía por Cuba y su pueblo, sin que por ello se olvide que al provenir del capitalismo, son portadores de las ideas de la sociedad de consumo. Es claro que la afluencia resulta recíproca, como suele pasar en toda relación social.
No hay duda que esto nos plantea un reto: La aparición del «jineterismo» es el resultado más visible y humillante de este fenómeno, pero no es la única estela negativa que nos trae el turismo.
Desde el punto de vista de la penetración ideológica, sin dudas es perjudicial en cierta medida y con relación a determinadas personas, la visita de cubanos desde Estados Unidos a sus familiares en Cuba y viceversa, cuyo número ha aumentado y podrá crecer aún más en el futuro, si no lo dificulta la Ley de la esclavitud, dadas las facilidades otorgadas por nuestro Gobierno en su política de flexibilizar las relaciones con esa parte de la población de origen cubano que radica fuera. La emigración no puede considerarse como un bloque monolítico de traidores a la Patria, partidarios del bloqueo y del derrocamiento del poder revolucionario. Los que integran la mafia de apátridas con posiciones de extrema derecha y actuar terrorista, mediante el dinero, el monopolio de los medios de divulgación, el chantaje, el terror y su alianza con la ultraderecha yanqui, en buena medida manipulan la emigración cubana en Norteamérica. Otra minoría que crece, de valientes emigrados, defiende a Cuba. Una gran masa quiere sólo relacionarse con sus familias y vivir en paz con su país de origen.
La presencia creciente de capitalistas extranjeros que establecen empresas mixtas en Cuba, también marca su huella en la conciencia de nuestros trabajadores. En la mayor parte de los casos en las bases de la asociación se fijan por nuestra parte, como es natural, determinadas cláusulas que favorecen las condiciones de trabajo y de remuneración. De este elemento positivo que Cuba propugna, un razonador simplista puede inferir que el tratamiento que el capitalista brinda a sus trabajadores es mejor que el que ofrece en sus empresas el Estado socialista y, por lo tanto, el capitalismo es mejor o, por lo menos, no es tan malo como lo describimos. Ello se convierte en un polo de atracción y de admiración hacia este tipo de empresas, que puede debilitar en una parte de nuestros trabajadores, en la misma medida, el sentimiento nacionalista y anticapitalista. Otro aspecto a vigilar es la posibilidad de que funcionarios cubanos hagan una débil defensa de los intereses nacionales al efectuar negocios con los extranjeros y hasta el empleo por los últimos de la corrupción. Hay experiencias amargas. El soborno y la corrupción son consustanciales a los negocios en el capitalismo.
En particular, ciertas firmas extranjeras acuden a ofrecer comisiones por las ventas, regalos, sumas de dinero, etc., a miembros de las contrapartes estatales cubanas. A esto se suma la poca experiencia de nuestros funcionarios en la actividad negociadora y los escasos controles económicos que hemos tenido.
Debemos decir que los corruptos han sido algunos funcionarios del nivel medio e inferior.
El desempleo y la escasez incrementan el lumpen y la delincuencia, como es el caso del jineterismo y su secuela de proxenetas, etc..La batalla contra estos elementos continúa, aunque estamos lejos de haberla ganado.
Un Largo Lustro de Grandes Necesidades
No quedaría completo el cuadro social actual, sin referirnos a las penurias que la inmensa mayoría de nuestro pueblo ha sufrido y sufre en estos años de período especial. Las carencias en la alimentación, los apagones, los problemas del transporte, la ausencia casi total de distribución de ropa y calzado, el agravamiento de la situación de la vivienda (fenómeno que arrastrábamos desde antes, para cuya solución en grande hicimos fuertes inversiones que el inicio del período especial interrumpió abruptamente), la reducción del servicio de reparaciones de equipos electrodomésticos y otros enseres del hogar, situación que ya era deficitaria desde antes, la escasez de productos tan necesarios como el jabón y otros artículos de higiene personal, las estrecheces materiales que afectan a nuestros extensos servicios de educación y de salud (incluyendo los medicamentos), todo ello ha significado para nuestro abnegado pueblo un largo lustro de grandes necesidades y un violento decrecimiento del nivel de vida que habíamos logrado alcanzar en la década del 80. Gracias a la acción del Estado Socialista, pese a la crisis económica en Cuba no se ha cerrado ni una sola escuela, hospital, círculo infantil u hogar de ancianos y se han mantenido los indicadores de salud y educación que el mundo admira.
A estas dificultades materiales, se sumaron el desaliento y la confusión de carácter político que significaron la desaparición del Socialismo en Europa del Este y, sobre todo, la desintegración de la Unión Soviética. Y el aumento de la guerra psicológica de la mayor superpotencia en un mundo unipolar, que concentra sus medios de propaganda contra nuestra pequeña Isla, en una proporción increíble que se tradujo, por ejemplo en 1995, en decenas de miles de horas mensuales de transmisión radial a través de numerosas estaciones enemigas.
Esta saturación de nuestro espacio radiofónico la llevan a cabo emisoras desde Estados Unidos, con programas en español elaborados especialmente para el radioescucha cubano. Pero no se conforman. Aspiran a que hagamos como los traidores del ex campo socialista que permitieron a las transnacionales adquirir parte de los medios de difusión de sus respectivos países.
Con su habitual cinismo, el imperialismo exige lo que su propio sistema no tolera a sus oponentes. ¿Quiénes controlan la gran prensa, la radio y la televisión en Estados Unidos?
Nunca en la historia del mundo, en términos proporcionales, un pueblo fue sometido a tan descomunal barraje de propaganda insidiosa, mendaz y subversiva.
A esto debemos añadir, pues se trata de una ofensiva ideológica combinada, el papel significativo de representantes diplomáticos, consulares y de agencias norteamericanas, basificados en la Oficina de Intereses de Estados Unidos (OINA) en La Habana, o en carácter de tránsito, así como algunos de otros países. En estos casos estamos presenciando una vida diplomática poco diplomática, con desplazamientos por provincias para buscar informaciones, y acciones de penetración en el llamado mundo intelectual, en el magisterio, la salud, hacia figuras jóvenes, sectores todos que consideran más vulnerables. En resumen, todo un conjunto planificado de actividades que abarcan el universo completo de nuestra sociedad enfiladas a dividir, confundir y penetrar ideológicamente con vistas a tratar de desestabilizarnos. Si se suman todos los factores adversos, materiales e ideológicos que ha sufrido nuestro pueblo y se constata nuestra existencia como nación independiente, organizada, justiciera y solidaria y el sólido apoyo con que cuenta nuestra Revolución, su régimen social y su dirección histórica encabezada por nuestro Comandante en Jefe, hay sobradas razones para afirmar que contamos con un pueblo que tal vez tenga paralelo con otro en el mundo a través de la historia de la humanidad, pero ninguno lo supera en espíritu de lucha, capacidad de resistencia, valores morales y firmeza de principios.
Partiendo de esta conclusión general, de la cual podemos sentirnos tan orgullosos los cubanos como asombrado el mundo, los amigos expresan su admiración y más ferviente apoyo, mientras urden los enemigos nuevos y más criminales planes para aplastarnos. Por lo tanto, es de vital importancia que analicemos cuánto y cómo comprende el pueblo, en sus diferentes clases y capas, edades y territorios, nuestra política y qué debemos hacer en el terreno ideológico.
Nuestras Elecciones son Genuinamente
Democráticas, Cristalinas y Llenas de Pueblo
La prueba más general del apoyo popular hacia nuestra política y del peso de los que la desaprueban, por las más variadas causas, la constituyen los resultados de las elecciones.
En el problema de las elecciones, como en general la democracia, chocan dos realidades: la nuestra y la de otros países. No negamos otros procesos y concepciones, pero la vida ha demostrado que nuestras elecciones son genuinamente democráticas, cristalinas, llenas de pueblo. En ellas no interviene siquiera nuestro Partido, salvo para orientar que el pueblo sea su único protagonista.
En ningún país como Cuba esto constituye un verdadero plebiscito acerca del régimen social y sus conductores, plenamente confiable, pues el voto es voluntario, secreto, escrupulosamente contabilizado, no hay campaña electoral en favor de candidato alguno como no sea exhibir su biografía en lugares públicos para conocimiento de todo el electorado, no tienen lugar ni uno solo de los repugnantes vicios que tanto conocimos en Cuba, desde 1902 a 1958, y observamos actualmente en casi todos los países del mundo, muy especialmente en Estados Unidos, donde el dinero, la propaganda, la demagogia, el reclutamiento de activistas y de clientela política, la compraventa del voto, el fraude y el abstencionismo, a veces mayoritario, son las características más acusadas.
En las elecciones del 24 de febrero de 1993, en pleno período especial, en su apogeo, el 99,57% de los electores acudieron a las urnas. En lo que respecta a la elección de diputados, sólo el 3,04% votó en blanco y el 3,99% anuló su boleta. Pero aún más, el 95% de los que ejercieron el sufragio en ese año respondieron positivamente al llamado al voto unido reclamado por Fidel, como acto de justicia para los candidatos menos conocidos y demostración de la unidad y firmeza de la Revolución.
Las más recientes elecciones, en julio de 1995, para elegir los delegados a las asambleas municipales, transcurrieron como las anteriores sin un incidente, a pesar de la acumulación de las penurias económicas y la cercanía en fecha de las provocaciones aéreas y marítimas urdidas desde Miami. En esa ocasión votó el 97,1% del universo electoral. Los votos en blanco fueron el 4,3%, y los anulados el 7% . Estas dos últimas cifras totalizaron el 11,3% .
Estas cifras demuestran elocuentemente, fuera de toda duda, que más del 85 por ciento de la población en edad electoral apoya la Revolución y su democrático sistema electoral. Ello, en medio de las condiciones de cinco años de período especial y bajo el incrementado bombardeo propagandístico del enemigo. Sin lugar a dudas el imperialismo ha fallado en transformar la profunda crisis económica que atraviesa el país desde hace un quinquenio en una situación desestabilizadora indispensable para sus propósitos de aplastar la Revolución.
¿Qué otro gobierno en el mundo tiene tanto apoyo? ¿En qué otro país la ciudadanía acude voluntariamente con tal masividad a ejercer su derecho al voto y lo hace en favor, en tan alto grado, por su Gobierno?
Ello no significa que este gran éxito político nos lleve a olvidar lo que falta por hacer, pues mientras en la mayoría de las provincias el indicador de votos en blanco y nulos fue bajo o muy bajo, en algunas resultó superior a éste, lo que explica el 11,3% reportado nacionalmente.
El 5 de agosto de 1994 hubo desórdenes de carácter contrarrevolucionario en dos barrios de la capital, con el lumpen como fuerza de choque, organizados en torno a los robos de barcos e intentos de salida ilegal promovidos desde Estados Unidos, frustrados por el despertar y la movilización del pueblo trabajador, sin empleo de arma alguna, con el Comandante en Jefe al frente. Un año después, la grandiosa manifestación juvenil y popular en conmemoración de aquella batalla ha representado otro plebiscito: el de la calle.
Si fuéramos políticos burgueses, nos conformaríamos con los triunfos electorales y sólo nos preocuparíamos de la opinión pública en aquéllo que pudiera afectarnos o beneficiarnos en los próximos comicios.
Pero somos políticos comunistas y nuestro Partido no es electoral, ni meramente movilizador, su desvelo y acción permanente es el bienestar del pueblo, la defensa de la independencia de la nación, el desarrollo económico y social del país, el afianzamiento de nuestros sublimes valores éticos.
Es de señalar que en la capital de nuestro país, si bien hay relativamente más problemas ideológicos, también hay en la población una mayoría revolucionaria de probada firmeza y un destacamento de la clase obrera de gran combatividad, que viene de la oposición a la tiranía y se expresó en Playa Girón, la Crisis de los Misiles, la Lucha contra Bandidos, las misiones internacionalistas. Junto a ello no es posible olvidar, entre otras cosas, que además de haber tomado parte en todo lo anterior, la juventud de la capital desempeñó un papel muy destacado en la campaña de alfabetización. Actualmente, se nota un cambio de ánimo favorable en la población. Sin embargo, debemos continuar elevando el espíritu revolucionario.
Los años 1993 y 1994 fueron en lo interno los más agudos del período especial. Tanto desde el punto de vista económico y social como de las frustradas intentonas de la contrarrevolución interna, que apostó a que los años sucesivos serían aún peores para la Revolución. En ese contexto el enemigo creyó posible desestabilizar al país, conocimos acciones de vandalismo, hubo la crisis de los balseros, etcétera.
Pero ya en 1995 se inició un repunte económico apreciable, que constituye el comienzo de un proceso difícil y largo de recuperación. Consiguientemente, en el frente interno tenemos calma general y mejor ánimo del pueblo. Ello es precisamente lo que explica la desesperación de los rufianes de Miami y la presión que toda la ultraderecha yanqui ejerciera para aprobar esa Ley rebosante de antilegalidad internacional, a contrapelo incluso de los intereses de los negocios, y de gran parte de la prensa de Estados Unidos, así como de la opinión de todos los países, lo que se ha reflejado en los viajes recientes de nuestro Primer Secretario del Partido. Viajes que sirven de escuela de cómo podemos y debemos combinar nuestra línea económica aperturista y la firmeza ideológica.
Este año y los sucesivos serán tensos. El enemigo ya no espera que la lógica objetiva del desarrollo interno lo favorezca, por lo que es de prever que puedan ensayar actos aventureros de sabotajes y de fomento, no ya de mayor irracional bloqueo, lo que han conseguido, sino de acciones agresivas de sus agentes. En verdad los escasos elementos que intentan aparecer como una oposición interna, que jamás subestimaremos porque aspiran a ser un virus, no constituyen un aliado con el que el enemigo pueda contar; el pueblo no sólo los repudia, sino los desconoce.
En nuestras manos está combatir más resueltamente esos factores, que de hecho resultan un aliado natural de la contrarrevolución, como son las indisciplinas sociales, el hurto y sacrificio del ganado, el robo y la delincuencia. Ya por eso debemos hacer más todos por preservar el orden socialista, además de no ser el desorden compatible con un proceso revolucionario puro como el nuestro, cuya aspiración más elevada es una sociedad mejor formada por seres humanos mejores.
Se comprende que en el fondo, en todo: batalla económica, lucha política, enfrentamiento a las partes ajenas al socialismo con las que debemos convivir sin permitir que dañen demasiado la conciencia social, está la ideología.
Acelerar, Perfeccionar, Colocar al
Nivel Indispensable la Labor Político-Ideológica
Chocan dos ideologías contrapuestas. Justamente este Pleno busca acelerar, perfeccionar, colocar al nivel indispensable la labor político-ideológica. Ello se traducirá en acciones de todos y cada uno de los frentes en que la Revolución libra sus batallas a vida o muerte.
Como recordatorio de las dificultades, puesto que no son ni pueden ser iguales el grado de conciencia, el espíritu de abnegación y la confianza en nuestro destino histórico, apreciamos un significativo potencial migratorio y muchos elementos dispuestos a intentar la salida del país por diversas vías, lo cual conoce la mafia de Miami y seguirá estimulándolo, en su irrenunciable afán de la desestabilización y del constante aumento de la tensión en las relaciones Estados Unidos-Cuba.
Ahora bien. ¿Cuál es la principal preocupación de la población en el momento actual?
La preocupación cotidiana número uno de la población es la alimentación. De ahí que sea totalmente justa la decisión de nuestro Partido y Gobierno de situar la producción de alimentos como la tarea principal. La atención primordial al problema prioritario: eso es política y defensa concreta de la ideología.
Nuestro país necesita importar alimentos y materias primas para producirlos aquí y gasta para ello más de 700 millones de dólares anuales. Estas divisas se obtienen, entre otras fuentes, de la exportación de azúcar.
De aquí la prioridad, junto a los alimentos, de la producción cañero-azucarera.
Lo que queremos subrayar ahora es que estas dos necesidades imperiosas del país, alimentación y producción cañero-azucarera, explican las medidas que hemos adoptados en estos años, tales como la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa. Sin que nadie lo exigiera, la Revolución entregó en usufructo algo más de tres millones de hectáreas a colectivos de obreros. También practica la entrega de parcelas ociosas a las familias que deseen laborarlas y orientó la creación de los Mercados Agropecuarios, la reorganización de toda la actividad pesquera, la autorización de la elaboración y venta de alimentos a los cuentapropistas, etc. Todo ello dirigido a lograr una mayor producción y mejor distribución de alimentos.
Es útil recordar que el Mercado Agropecuario fue creado como un incentivo para incrementar la producción agropecuaria y combatir por la vía económica el mercado subterráneo. A diferencia del anterior Mercado Libre Campesino, al actual Mercado concurren, además de los productores individuales, colectivos socialistas, es decir, las CPA, las UBPC no cañeras y las granjas estatales, sobre la base de que hayan cumplido sus contratos con el Estado.
De esta forma, no sólo habrá más productos en el Mercado Agropecuario sino también en la red estatal de distribución de productos alimenticios, cuando las UBPC, las CPA, las empresas estatales, los campesinos individuales, los organopónicos y los huertos de autoconsumo, puedan continuar elevando la producción, cumpliendo además estrictamente las obligaciones que a cada cual le corresponde con el Estado.
La concurrencia de unidades estatales y cooperativas al Mercado Agropecuario, al establecer precios más bajos, hará reducir su nivel general, descenso que estará influenciado también, como ya lo ha estado, por la disminución del circulante.
Es cuestión de más esfuerzo en la producción y de tiempo.
La importación de petróleo, que es vital, exige también muchas divisas, al igual que los alimentos, los medicamentos, las materias primas para la confección de ropa y calzado, los insumos, agregados, piezas de repuestos para la industria, el agro, el transporte. En fin, para adquirir todo aquello que no producimos y necesitamos.
Si la escasez de divisas convertibles es el principal problema de la economía nacional, es de suma importancia incrementar todas nuestras exportaciones de azúcar, níquel, tabaco, mariscos, cítricos, medicamentos, café, ron, por citar los principales renglones. Y sustituir importaciones con todo lo que podamos producir competitivamente en Cuba.
Todo el que comprenda esta necesidad de divisas, entenderá el desarrollo del turismo internacional como creciente fuente de ingresos de esos recursos. Entenderá la creación de las empresas mixtas y otras formas de asociación con el capital extranjero, que nos aporta además tecnología y mercados. Entenderá la despenalización del dólar y la creación de una red de tiendas especiales para captarlos.
Este último punto, por la desigualdad que entraña, es preciso explicarlo exhaustivamente, gráficamente, con casos sencillos para facilitar la comprensión al respecto.
Es de mencionar, por ejemplo, la producción de leche. Esta cayó abruptamente al faltarnos la materia prima para pienso que importábamos de la URSS. Ello nos obliga a importar cada año una elevada cifra de leche en polvo para garantizar al menos el litro diario para los niños hasta que cumplan los 7 años. El precio de la leche en polvo es hoy superior a los dos mil 200 dólares la tonelada. Esta tonelada nos da 10 mil litros de leche. Cada litro de leche reconstituida, sin contar otros gastos sino sólo el polvo, cuesta más de 22 centavos de dólar. Si sumáramos fletes, energía, grasa, envases, etc, llegaríamos a la conclusión de que cada tres litros de leche cuestan prácticamente un dólar.
Con la ganancia que se alcanza con la venta de cinco mil dólares de productos en nuestras tiendas recaudadoras de divisas, obtenemos los recursos necesarios para adquirir la leche en polvo que se requiere para suministrar un litro de leche per cápita a diez mil niños en un día. Este litro subsidiado se vende a 25 centavos de peso cubano, lo que equivaldría al cambio actual en el mercado interno a que el Estado reciba por él, sólo un centavo de dólar.
Es decir, hacemos que el receptor de remesas que le envían sus familiares desde el extranjero, o cualquier persona que de algún modo posee dólares para comprar en las tiendas de recaudación de divisas, contribuya a mantener un acto tan justiciero, humano y vital como es la leche para nuestros hijos en sus primeros años de vida o cualquier otra necesidad imperiosa del país.
Por eso son relativamente elevados los precios en esas tiendas: su objetivo es captar las divisas con la mayor ganancia posible, para utilizarlas en resolver el problema del pueblo. Por eso, además de otras consideraciones de orden económico, se despenalizó la tenecia y uso del dólar, lo que contribuyó, además, como las casas de cambio recientemente abiertas, a combatir el mercado subterráneo de moneda extranjera.
Una gran batalla que se viene librando en los últimos tiempos, aún no completada, es el saneamiento de las finanzas internas. El dinero en poder de la gente creció hasta llegar a límites insoportables para el funcionamiento de la economía nacional. La causa principal fue nuestra justa política de no dejar desamparado a nadie cuando cientos de miles de trabajadores quedaron de pronto sin trabajo afectados por el período especial.
El capitalismo neoliberal en boga resuelve esto despiadadamente: sálvese quien pueda, es su fórmula. Nuestro Socialismo dejaría de serlo si no se preocupara de la suerte de cada uno de los 11 millones de cubanos.
Por la misma razón, es tarea de todos resolver los problemas del país. En la solución entra el mercado pero sobre todo el Plan de la Economía Nacional. Sin plan, sin preeminencia del Estado que lo garantiza, no hay Socialismo, ni lo puede haber.
La existencia de tan heterogéneos sujetos económicos, exige las más estrictas reglamentaciones dirigidas a que cada uno de éstos juegue el papel que le está asignado en el tipo de economía que está conformándose. Ello implica la necesidad de un conjunto de medidas jurídicas y reglamentarias por los organismos correspondientes, la adopción oportuna de cuantas nuevas disposiciones aconseje la práctica social y la vigilancia más eficaz por el cumplimiento de todo lo establecido. Se impone también establecer principios morales y éticos en la actuación de los funcionarios y todos los factores de la economía.
Los Organismos de la Administración Central del Estado, en especial el Ministerio de Finanzas y Precios y la Oficina Nacional de Auditorías, y los Organos del Poder Popular, responsables de velar por cada medida que les corresponda, los agentes del Orden Público llamados a actuar contra los delincuentes e infractores de éstas, la Fiscalía y los Tribunales de Justicia, han de responder, en lo que a cada uno compete, por la prevención y represión de la evasión de impuestos, de otros delitos económicos y las actuaciones corruptas en este terreno. Para lograr el éxito en esta batalla permanente, se requiere de la más estrecha coordinación y cooperación entre todos los organismos implicados.
El control, la exigencia y la disciplina deben presidir todo cuanto hagan el Partido y el Gobierno.
Magnífico Ejemplo de Cómo
Debe ser Nuestro Trabajo Ideológico
Un amplio debate del pueblo antecedió las conocidas medidas de saneamiento adoptadas. Nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular, que representa a todo el pueblo que la elige libremente, inició el examen de la cuestión y adelantó las posibles soluciones, pero fueron los Parlamentos obreros los que permitieron que millones de trabajadores reflexionaran, discutieran, expresaran su opinión, de modo tal que el proceso de saneamiento se convirtió en un movimiento de masas, en una obra de las masas, no sólo aprobando y aceptando pagar mayores precios por determinados artículos, sino luchando en cada centro por producir más y a menor costo y eliminar los subsidios.
Este es un magnífico ejemplo de democracia socialista y a su vez de cómo debe ser nuestro trabajo ideológico.
Esta labor ideológica en el seno de la clase más revolucionaria y dirigente de la sociedad socialista se prolonga ahora con la discusión de las tesis del XVII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba.
El rechazo al capitalismo, el respaldo al socialismo es lo que más resalta de las asambleas de discusión de las Tesis. El documento mismo analiza los problemas de la nación desde el punto de vista de la clase dirigente, que identifica al Estado como suyo, Estado socialista de los trabajadores y de todo el pueblo. Clase para sí y para el pueblo que es capaz de asumir los sacrificios que sean necesarios por salvar su Revolución, para avanzar hacia la salida del período especial, consciente de las concesiones que nos hemos visto obligados a hacer, inclusive de las desigualdades que inevitablemente se han creado, decididos a preservar las conquistas del socialismo y la independencia de la Patria.
Cada una de las Asambleas ha tenido una constante: la más amplia discusión acerca de cómo lograr en el centro de trabajo las más diversas iniciativas en favor del ahorro, la productividad, la eficiencia, la rebaja de los costos, el aprovechamiento de la jornada y el establecimiento de una rigurosa contabilidad, la disciplina laboral y tecnológica, la inventiva de innovadores y racionalizadores y de las brigadas técnicas juveniles, el combate al desvío de recursos y al robo.
Los colectivos obreros, que abarcan trabajadores manuales e intelectuales, se pronuncian inequívocamente por mantener su régimen social, su Poder Revolucionario y por cumplir en su centro de trabajo la parte que a ellos corresponde hacer, su contribución a la recuperación de la economía nacional.
O Convencenos Nosotros, o Lo Hace El Enemigo
La acción ideológica del Partido y del Estado no puede ser -y lo hacemos así no pocas veces- esquemática, demasiado general y dogmática, pues se trata de convencer y que el convencimiento se traduzca en acciones transfornadoras de cómo se piensa y actúa. Y ahora menos que nunca cabe ese tipo de labor rutinaria. Porque, o convencemos nosotros, o lo hace el enemigo. El enemigo abierto o solapado de la Revolución y la nación.
En la actividad ideológica siempre hay que poner por delante hacia quién se despliega. No es lo mismo una persona que un colectivo, un sector del trabajo manual que uno del trabajo intelectual; un obrero que un campesino, un médico que una ama de casa; ni el viejo que conoció los males del pasado capitalista o participó en las diferentes epopeyas victoriosas, desde el triunfo revolucionario, que el joven con poca edad y un infinito número de preguntas, inquietudes y afanes.
También debemos apreciar políticamente las circunstancias actuales y venideras en cuanto al tono de la argumentación. El discurso de barricada tiene su momento y el diálogo paciente, el suyo. El debate ideológico entre revolucionarios en los marcos institucionales debe continuar siendo un instrumento de inapreciable valor en nuestro trabajo. Sí debemos tener, no un lenguaje, sino muchos lenguajes, unidos todos por los mismos principios patrióticos y revolucionarios.
Algo fundamental es común: debemos romper con la creencia predominante en muchos buenos revolucionarios de que yo respondo sólo por mí. El patriota, el comunista sobre todo, responde también por los demás, debe esforzarse al máximo por ganar a otros para la acción.
¿Qué ocurre con mucha frecuencia?
Cuando hay que colocarse en una actitud de vanguardia, ya sea en el trabajo permanente o en una movilización, a la hora de una guardia, etc., algunos plantean que esa debe ser la actitud de todos (en un colectivo, en un barrio) pero su preocupación se reduce a no fallar. Eso tranquiliza su conciencia de militantes y algunos piden se les cuente como un mérito. Sin embargo, al mismo tiempo, poco o nada hicieron para que aquellos en quienes pudieran influir, incluso desconocidos, cumplieran con su deber.
Los resultados de una investigación sobre el trabajo del Partido, de hace algo más de un año, demostraron la necesidad de que en los temas que habitualmente abordan los buroes municipales y las organizaciones de base del Partido, se pusiera más énfasis en los relacionados con las tareas ideológicas, incluidas entre ellas, por ejemplo: el hacer ganar a los cuadros y militantes comprensión sobre la despenalización de la tenencia de divisas y la política en las relaciones con la comunidad de origen cubano radicada en el exterior, entre otras.
A la vez la encuesta evidenció que el 13,5% de la militancia tenía incomprensión o desacuerdo en relación a tales medidas, pero sin embargo en reuniones posteriores tampoco se valoraron las consecuencias político-ideológicas de su implantación para los militantes de los territorios mencionados y para el pueblo en su conjunto.
El sondeo también puso de manifiesto que nuestros militantes consideran, en una proporción apreciable, que las reuniones de los núcleos no abordan de manera conveniente los problemas reales de sus centros de trabajo, lo que en esos lugares hace dudar sobre las posibilidades de ser verdaderamente capaces para enfrentar esas situaciones y aclarar las interrogantes.
Aunque estimamos que el sondeo no proporcione datos exactos, si pensamos debe ser tomado en cuenta, a manera del permanente alerta que nos debe acompañar en todo lo vinculado al trabajo del Partido.
Tal idea nos lleva a recordar que los cambios económicos que hemos venido realizando en el país se han efectuado sin precipitaciones, y que, por tanto, esa política facilita que el Partido lleve a cabo una eficaz labor ideológica, en particular de carácter preventiva.
Carril Uno y Carril Dos se Complementan
El Carril Uno de la estrategia anticubana de Estados Unidos es el bloqueo, que busca la asfixia económica. El Carril Dos es la subversión interna, para corroernos sutilmente por dentro. Ambos se complementan.
Lo primero que los revolucionarios debemos entender es que la adopción de la Ley Helms-Burton, que intensifica demencialmente el Carril Uno, no significa que el enemigo liquide el Carril Dos. Los intentos por sembrar la confusión, la falta de fe y la discordia y fragmentar al pueblo cubano, con vistas a crear descontento, resistencia pacífica, eventualmente desórdenes que ofrezcan a los círculos más extremistas yanquis pretextos para acciones militares, lejos de disminuir, se acrecentarán. El enemigo buscará nuevas vías de penetración y el uso de aquéllas ya establecidas, desde Europa y distintos puntos de nuestro Continente.
En armonía con lo dicho, el enemigo no oculta su propósito de utilizar a una parte de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), desarolladas en Cuba durante los últimos tiempos, para con ese Caballo de Troya fomentar aquí la división y la subversión, y el manto teórico que emplean es presentarlas como integrantes de la sociedad civil, tal y como la interpretan personajes como el consejero de la Casa Blanca para asuntos cubanos, Richard Nuccio.
Tal concepción ha sido expresada muy claramente por intelectuales que están al servicio del Gobierno estadounidense, como por ejemplo uno que escribió el libro Cuba: Crisis y Transición, publicado por la Universidad de Miami.
El libro muestra el diseño de una nueva estrategia contrarrevolucionaria, fue escrito cuando ya se vislumbraba la desaparición de la Unión Soviética y en Miami se lanzaba el grito de preparar las maletas para regresar a Cuba.
La obra caracteriza a su manera la sociedad civil cubana como algo que no tiene nada que ver con el Estado, al que puede llegar a oponerse y destruir, y que está conformada por incontables grupos con intereses afines y objetivos comunes entre los que el autor enumera, como ejemplos, a filatelistas, practicantes de yoga, jugadores de baloncesto, pintores, músicos, estudiosos de santería y hasta del sistema legal de Namibia, porque -subraya el autor- son válidos «cualquier interés y cualquier excusa para agruparse independientemente del Estado».
En otra parte del libro, y en completa sintonía con lo dicho por el Presidente y otros altos funcionarios del gobierno de Washington, se manifiesta lo siguiente: «Este desarrollo de la sociedad civil interna conlleva una comunicación y comunión con la comunidad exiliada con la intención de lograr confianza, reducir resquemores y darse ayuda y apoyo mutuo. Desde luego que todo esto tiene que ser una actividad pacífica, no conspirativa, ni ilegal, no se trata de derrumbar el castrismo en un día, sino de transformarlo día a día».
Al exponer cómo concibe el paso en esas teorías a la práctica, la obra enumera la resistencia cívica, la desobediencia civil (no pagar impuestos, protestar por todo y para todo), y finalmente el estallido social, que podría desembocar en una agresión estadounidense con pretextos aparentemente más válidos que los que defienden elementos de la contrarrevolución externa.
Para Nosotros, la Sociedad Civil
No Es La Que Refieren En Los Estados Unidos
Para nosotros, la sociedad civil no es la que refieren en los Estados Unidos, sino la nuestra, la sociedad civil socialista cubana que componen nuestras potentes organizaciones de masas (CTC, CDR, FMC, ANAP, FEU, FEEM e inclusive los pioneros), las sociales, que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc, así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad y no pretenden socavar el sistema económico, político y social libremente escogido por nuestro pueblo, a la vez que aun cuando tienen su personalidad propia e incluso su lenguaje específico, junto al Estado revolucionario persiguen el objetivo común de construir el socialismo.
También en el mundo existen muchas ONGs que no responden a los enemigos de los pueblos, entre ellas un número importante que alientan acciones solidarias con Cuba, respetan su independencia, su identidad nacional y su camino socialista.
Un símbolo de ello son los admirables y heroicos Pastores por la Paz, una de esas ONGs que representan lo mejor del pueblo norteamericano, al cual el pueblo cubano dispensa una sincera amistad.
Pero pecaríamos de tontos si desconociéramos la manipulación que se hace a través de otras supuestas ONGs por quienes tienen como único propósito esclavizar de nuevo a nuestro país, y convertirlo en un Puerto Rico, todavía más dependiente. Y ellas buscan y rebuscan contrapartidas dentro de Cuba para practicar la injerencia en nuestros asuntos internos.
Hay que decir que hemos sido lentos para analizar con profundidad esas maniobras y actuar en consecuencia.
Comenzaremos por exponer la situación en los Centros de Estudio adscriptos al Comité Central del Partido. En 1976 se comenzaron a crear, lo que estaba y está justificado. Pero sin que reaccionáramos a tiempo, dando un paso hoy y otro mañana, en que se entremezclan ingenuidad con pedantería, abandono de principios clasistas con la tentación de viajar y editar artículos y libros al gusto de quienes pueden financiarlos, diversos compañeros fueron cayendo en la tela de araña urdida por los cubanológos extranjeros, en verdad servidores de Estados Unidos en su política de fomentar el quintacolumnismo. Así ha ocurrido con el Centro de Estudios de América. Por supuesto, debemos distinguir, y lo hacemos en dicho Centro y en todas partes, entre el investigador cubano que puede pensar de modo diferente en torno a cualquier asunto, pero desde posiciones del socialismo y en los marcos apropiados para ello, de aquel que de hecho se ha vuelto un cubanólogo con ciudadanía cubana y hasta con el carné del Partido, divulgando sus posiciones con la complacencia de nuestros enemigos.
Tampoco podemos confundir al amigo extranjero o al que no siéndolo respeta nuestra soberanía, con el fabricante de estratagemas para espiarnos, ver las posibilidades de reclutamientos, y de difundir plataformas ideológicas a favor de la transición al capitalismo.
En los ámbitos universitarios, del cine, de la radio y la TV, de la cultura en general, están presentes ambos tipos de conducta: la vinculada a la fidelidad a nuestro pueblo revolucionario, y la minúscula, de orientación anexionista, muy ajena a la conducta patriótica que caracteriza a la mayoría de nuestros intelectuales.
Para ilustrar cómo el enemigo identificó nuestra lentitud en hacer frente a su Carril Dos en estos aspectos, citamos pasajes de un largo artículo de febrero de 1995 de una estudiosa de los asuntos cubanos, la académica británica residente en Estados Unidos, Gillian Gunn:
«Entre tanques pensantes anteriormente asociados al Comité Central y que ahora son denominados ONGs se encuentran el Centro de Estudios sobre América (CEA) y el Centro de Estudios Europeos (CEE). Ambas organizaciones fueron creadas en la década de 1970 para fungir como instrumentos de investigación académica del Comité Central. Aunque los fondos del Comité Central aún son significativos, gran parte de sus presupuestos proceden ahora de fuentes externas».
«Al igual que la motivación para la expansión de las ONGs, el impulso fundamental también estuvo relacionado con los sucesos que ocurrían en la Unión Soviética. La glasnost permitió una proliferación de las ONGs soviéticas, y para 1988 la prensa moscovita afirmaba que se habían creado alrededor de 40 mil clubes y asociaciones. Las estrechas relaciones entre La Habana y Moscú en ese tiempo, exponían a los intelectuales cubanos a muchos de estos grupos, que abogaban por temas como la libertad de religión, la cultura popular, la protección del medio ambiente y el desarrollo socio-económico».
«Ya para 1990 la reducción de los subsidios soviéticos a Cuba comenzaron a debilitar la capacidad del Estado para enfrentarse a una amplia variedad de problemas, incluidos la deforestación, el deterioro de las viviendas, la escasez de alimentos, de medicinas, y las interrupciones del servicio eléctrico. Los sucesos de la URSS mostraban ejemplos de esfuerzo propio de los ciudadanos y dieron lugar a condiciones económicas que necesitaban su implementación».
Y continuamos citando a dicha académica:
«El Estado cubano se muestra intranquilo respecto a las ONGs. Son consideradas de utilidad porque incorporan recursos que de otra manera no entrarían en Cuba y alivian las tensiones sociales al resolver problemas que el Estado no puede solucionar».
«Las ONGs, sin embargo, también resultan sospechosas.Representan una base independiente de recursos para la ciudadanía cuyos deseos no siempre coinciden con los del Estado».
Al final señala:
«Si Cuba continúa poniendo en práctica reformas económicas orientadas hacia el mercado, es probable que la descentralización que las acompaña proporcionará un mayor espacio para la existencia de ONGs genuinas y aumentará el efecto fortalecedor de la independencia proporcionada por las donaciones extranjeras. Sin embargo, mientras el sistema unipartidista permanezca intacto, las ONGs cubanas tendrán que asumir algunos compromisos con el Estado».
«¿Acaso las ONGs cubanas son títeres del gobierno o simientes de la sociedad civil? La respuesta es ideológica e intelectualmente insatisfactoria. Tiene ambas características, aunque la última crece muy gradualmente».
Hasta ahí las citas más ilustrativas del artículo publicado por la académica Gillian Gunn, a la que hicimos mención y que dirige el proyecto Cuba en la universidad Georgetown.
Algunos Centros Académicos
Norteamericanos Pasaron al Injerencismo Abierto
Creídos que nuestras penurias y la necesidad que tenemos de la mayor cantidad posible de contactos con el exterior precisamente para explicar nuestras verdades nos condenaban a la impotencia, algunos centros académicos norteamericanos pasaron al injerencismo abierto, en la mayoría de los casos con el desembozado apoyo de la Sección de Intereses norteamericana (SINA) en La Habana. Es el caso de «Pax World Service», que se presenta a sí misma como una organización no gubernamental ubicada en Washington DC, con 3.600 miembros. Esta entidad remitió una encuesta sobre el sector no gubernamental a no sabemos cuántas instituciones de nuestro país, alegando que la razón por la cual realizan la investigación es para tener un perfil más detallado de las ONGs en Cuba y facilitar el diálogo y la colaboración con ONGs de Estados Unidos.
La encuesta demanda informaciones preguntando: membresía; presupuesto (en dólares si es posible); áreas de sus programas y proyectos; si la relación de la ONG dada, radicada en Cuba, con el gobierno cubano es cooperativa, conflictiva o neutra; si ha cambiado en los últimos diez años; cuáles son sus logros, objetivos; las relaciones con otras ONGs extranjeras; cómo en la práctica logró status legal, etc. Pide una sinopsis del estado actual de las OGNs en Cuba y la sociedad civil en general.
Como se dice, un cuéntame tu vida, insinuando envío de dólares. Así, sin más ni más.
Los criterios justos, equilibrados, respetuosos, con relación a aquellas ONGs que fuera o dentro de Cuba dedican sus esfuerzos a fines sociales lícitos, constructivos, incluso nobles en muchas ocasiones y hasta heroicos, como el que simbolizan hoy Lucius Walker y sus compañeros, luchando contra el criminal bloqueo de los yanquis, ya han sido expuestos junto a lo que nuestro Partido entiende por sociedad civil y no es necesario repetirlo. Los que quieran en cambio disfrazar de ONGs a organizaciones subversivas y contrarrevolucionarias creadas, sobornadas o impulsadas por el imperialismo para destruir la Revolución y la independencia de Cuba, no tendrán ninguna oportunidad de éxito en nuestro país.
A la luz de la amarga experiencia con el Centro de Estudios de América, hay que examinar la labor del Centro de Estudios de Europa y la de todos los demás. Es necesario que el Partido culmine un análisis a fondo de lo que se ha aprobado al respecto y acabemos por establecer una política única, consecuente y sin blandenguerías, que permita actuar en el contexto que hoy existe en el plano internacional, pero dentro de límites que sean razonables en la actual coyuntura, para que no se conviertan esos medios en los intrumentos que pretenden nuestros adversarios.
Es hora ya de que los centros de estudio adscriptos al organismo que sea, constituyan instituciones dedicadas a investigaciones y análisis de los que está urgido el país, dentro del perfil establecido y que los organismos jueguen el papel que les corresponde en este sentido.
Las Instituciones Tienen que Servir,
Por Encima De Todo, a Los Intereses De Nuestro Pueblo
Las intituciones tienen que servir, por encima de todo, sin perder su fisonomía y lenguaje, a los intereses de nuestro pueblo. Y ello no lo pueden pasar por alto sus investigadores, ni los que los dirigen, a la hora de debatir y fijar posiciones en los talleres, en seminarios, etc., dentro y fuera de Cuba.
Adoptar una posición neutra o confusa, para evitar una confrontación o eludir un tema espinoso, es mostrar una debilidad inaceptable ante el contrario, es en el fondo darle la razón a la posición que sustenta. Ejemplos recientes nos sobran.
Y la lección debe servir, además, para que nuestros medios de difusión no aparezcan artífices o portavoces de ideas y conceptos ajenos a los que preconiza y defiende la Revolución. Cada uno de los colectivos en la prensa escrita, la radio y la televisión, en todas las cuales hay motivo de orgullo y prestigio para nuestro pueblo, deben en lo adelante examinar todo a la luz del momento histórico y de estas orientaciones. Esto es responsabilidad ante todo de quienes los dirigen, además de los órganos del Partido y de la UJC y de sus militantes.
¿Con quiénes debemos examinar estos problemas?
Con todos en cada lugar. No sólo aquellos que, con el carné en el bolsillo, hace rato profesan una ideología que no es la nuestra, y con los cuales hay que actuar en consecuencia, sino también con quienes en esos Centros de Estudios adoptan una actitud pasiva, complaciente o irresponsable, ante hechos que los desvían de los fines para los que el Estado revolucionario los creó.
Se impone en el seno de esas instituciones, y en toda la esfera académica, un inmediato análisis por parte de los militantes del Partido y de la Juventud en cuanto al papel jugado ante corrientes negativas que han estado primando desde hace tiempo, en ocasiones disfrazadas con lenguaje aparentemente de librepensadores.
En realidad quienes caen en un nuevo copismo desideologizante, bajo la presión de nuestros enemigos, no piensan con cabeza propia ni actúan como revolucionarios.
Nadie puede dar lecciones de flexibilidad y amplitud a los revolucionarios cubanos, que educan al pueblo a que razone y decida, desde la época del Moncada, y todo lo hacen acudiendo a las clases populares y a las figuras de prestigio salidas de su seno. Nuestro proyecto social se basa en el consenso y en la unidad, que con Martí no confundimos con la unanimidad artificial, aunque tampoco con la desunión que desmigaja a la nación y la hace fácil presa de la dominación extranjera.
Mantenemos y Mantendremos Que la Prensa
Genuinamente Libre Es la sue Sirve a la Libertad del Pueblo
Otro asunto que merece la atención más urgente del Comité Central y de todo el Partido se refiere a una variante de la glasnost que ultimamente ha tenido algunas sutiles expresiones en Cuba. Aquella llamada glasnot que minó a la URSS y otros países socialistas, consistió en entregar los medios masivos de información, uno por uno, a los enemigos del socialismo. Al principio ellos se presentaron como innovadores y campeones a la hora de poner en marcha a todo el pueblo y luego fueron borrando cuanto de revolucionario había en la historia, con las consecuencias que todos conocemos, incluyendo la desintegración del país más grande del mundo.
Alertados por esa experiencia, con la visión de Martí de que en la guerra valen las trincheras de ideas más que las de piedra, los cubanos mantenemos y mantendremos que la prensa genuinamente libre es la que sirve a la libertad del pueblo, no de los explotadores al acecho desde Miami.
Todo eso está claro, y los conocidos órganos de prensa nacionales y provinciales son leales a Cuba, han mejorado en la crítica constructiva y la información veraz. Junto a ellos, un grupo de publicaciones culturales contribuye a difundir las ideas de lo mejor de la intelectualidad revolucionaria. Pero bajamos la guardia, dejamos de vigilar la observancia de nuestras propias reglas y aparecieron publicaciones que sin recato subastan no pocas de sus páginas. Claro que dejan entrever que recibirán donativos del extranjero sin ceder en nada y usan también fondos que les entregan algunas instituciones culturales del país.
En esas publicaciones, por cierto, junto a materiales interesantes y políticamente correctos, con frecuencia aparecen otros que apenas se diferencian de los que hacen académicos norteamericanos enemigos de la Revolución, con un lenguaje supuestamente revolucionario que parece destinado a servir de cortina de humo a sus verdaderas intenciones.
Se ha hablado incluso de usar como modelo para algunas de estas publicaciones especializadas, a Pensamiento Crítico, la revista que desempeñó un papel diversionista en la década del 60. Pensamiento Crítico, en su momento, como algunos trabajos que han circulado entre nosotros en los últimos tiempos, se corresponden, conscientemente o no, con quienes alientan el surgimiento en Cuba de quintacolumnistas.
En esta esfera y en otras igualmente estratégicas, el Partido no puede tolerar que existan funcionarios que actúen por la libre, incluso inmiscuyéndose en tareas que corresponden a otros organismos sin establecer la cooperación y sin tener la debida autorización de los jefes de éstos.
Hay quienes, carentes de facultades para ello, generan actividades de Relaciones Exteriores, o peor todavía, los que por su cuenta y riesgo establecen contactos con servicios de espionaje extranjeros. Aunque sea con la mejor intención del mundo, no estamos dispuestos a permitir estas conductas de electrones sueltos que entorpecen el trabajo responsable y delicado de quienes por ley están facultados para realizarlo, al tiempo que, de paso, introducen falsas señales en asuntos tan complicados y sensibles.
Deseamos que a través de estas últimas ideas, los vinculados a lo dicho capten la seriedad del asunto, así como que lleguen a la convicción de que sencillamente no lo vamos a seguir permitiendo.
A partir de este pormenorizado examen realizado, hoy como nunca antes debemos todos tener como principal propósito trabajar porque en medio de los cambios y de los viejos y nuevos problemas a los que nos enfrentamos, el papel dirigente del Partido se preserva. Cuanto el enemigo hace en el frente ideológico es para debilitar semejante garantía de una conducción científica a la vez que revolucionaria y heroica de nuestro pueblo. No olvidemos que el Comandante en Jefe y el Partido son el blanco predilecto de los enemigos de la Revolución y contra éstos concentran los principales ataques desde todas las direcciones.
El Partido No Está Con Los Brazos Cruzados
El Partido no está con los brazos cruzados. Está tomando, y más aún tomará todas las medidas que resulten necesarias ante las situaciones y desafíos presentes y por venir en todos los campos, particularmente en el ideológico.
La labor ideológica no es sólo del Departamento correspondiente del Comité Central, sino de todos y cada uno de los dirigentes políticos, como también de los cuadros del Gobierno, la Juventud y demás organizaciones de masas y sociales. Ciertamente habrá que reforzarla desde el Comité Central, proceso que servirá para solucionar algunas incongruencias en la distribución de los cuadros en la estructura del aparato auxiliar. Por tomar un ejemplo el número de cuadros en el Departamento de Relaciones Internacionales, el grueso en el área de América, representa casi la mitad del total de dirigentes políticos (funcionarios) con que cuenta actualmente todo el aparato auxiliar.
Así lo enseñó Fidel desde que a nombre de Martí encabezó el asalto al Moncada, y durante la guerra de liberación en la que nacieron y se forjaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias hace 40 años.
Nacieron las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) sin nada respecto al armamento, pero con todo respecto a la historia, al nacer del pueblo. Su escuela mayor ha sido la lucha. Un ejemplo lo atestigua. Durante siglos la batalla de las Termópilas ha sido la gran leyenda: 300 espartanos aunque supieron morir heroicamente no pudieron vencer a los persas, miles y más armados. Con el Comandante en Jefe, para derrotar la última ofensiva de la tiranía en el verano de 1958, apenas 300 rebeldes, resistieron a 10 mil soldados, con tanques, con la artillería que poseían, con toda su aviación y hasta la flota, las 3 fragatas en el Caribe, en el sur de la Sierra Maestra, disparando contra ellos; ¡y supieron conquistar la victoria! Los hizo invencibles conocer por qué combatían y confiar en alcanzar el triunfo. Pasarán los siglos y aunque hoy lo nieguen nuestros enemigos, de esta victoria que decidió la guerra y como dijo el Che, se le quebró al ejército de la tiranía el espinazo, hablarán también como de la batalla del desfiladero de las Termópilas, con una diferencia: ellos murieron heroicamente y perecieron todos; los 300 rebeldes que en ese momento se encontraban en la Sierra Maestra bajo la dirección del Comandante en Jefe, ¡vencieron!
Recuerden el bombardeo de abril el día 15, a varios aeropuertos del país en 1961, recuerden el entierro de aquellas primeras víctimas, recuerden la proclamación del carácter socialista de la Revolución apoyado por la clase obrera congregada en 12 y 23, próximo al cementerio de Colón, con sus fusiles en alto, recuerden el día 17, al día siguiente, que esa misma clase obrera fue a luchar por el socialismo en Playa Girón. Luego, de ahí se aprende también, que la ideología proletaria fue nuestra principal pieza artillera en las arenas de Playa Girón, 35 años atrás, y de Maceo, en el Centenario de su heroica muerte, tomamos su ejemplo y el mensaje que una palabra sintetiza: Baraguá.
Con su visión de siempre, hace ya dos décadas el Comandante en Jefe advertía ante el Primer Congreso del Partido: Mientras exista el imperialismo, el Partido, el Estado y el pueblo les prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás. La historia enseña con demasiada elocuencia que los que olvidan este principio no sobreviven al error. Es oportunidad para recordar esas ideas y agregar que en los seis años transcurridos, el mundo unipolar existente y los últimos acontecimientos que han tenido lugar en nuestro país, han demostrado con creces la justeza y permanente vigencia de ese pensamiento del compañero Fidel.
Porque además han evidenciado también que, como se ha visto últimamente, la atmósfera política internacional puede cambiar bruscamente en una semana, y enfrentarnos a situaciones muy delicadas; pero la preparación de un país para su defensa, más en nuestro caso con el enemigo que tenemos, requiere decenas de años de trabajo sistemático.
Nunca como en el presente debemos colocar el trabajo ideológico del Partido a la altura de las misiones combativas de la Patria.
Multipliquemos nuestra acción diaria, infatigable, y cada vez más eficaz, por la verdad, luchando por cada conciencia de cubana y cubano, viejo y joven, negro y blanco, de este sector social y del otro. Excluimos a la minoría de los ricos que sirvan al enemigo, a los traidores anexionistas, al lumpen.
Tenemos, y tendremos socialismo. Pero el único socialismo en Cuba ahora posible, requiere asimilar de forma creciente factores tan difíciles de conducir como las relaciones monetario mercantiles e incluso determinados elementos capitalistas y reinsertarla en la economía mundial dominada por los monopolios de las potencias imperialistas -asociadas y rivales a la vez, con un Norte rico y un Sur pobre. Como el Comandante en Jefe ha señalado, tan complejísimo panorama exige que luchemos por nuestros objetivos socialistas con supremo esfuerzo, sudor y mucha inteligencia y que hagamos un principio cardinal, cuando pasamos a emplear tesis dictadas por la realidad: mantener la pureza revolucionaria.
Fidel confía que los militantes y lo más alerta del pueblo comprenden que en lucha contra el vicio se cultiva la virtud, pues nuestro pueblo no podrá ser un pueblo situado en una urna de cristal.
A nombre del Buró Político y a manera de recuento, se ha abordado un conjunto de asuntos, todos vinculados a la compleja y difícil situación que en los últimos tiempos ha venido afrontando la Revolución.
Creemos que al exponer sin rodeos los problemas, al identificarlos con toda claridad, nuestro Comité Central y el resto de los órganos de dirección del Partido tienen mejores posibilidades para enfrentarlos, tanto con la profundidad que reclaman, como con la sistematicidad que exigen. Condición indispensable para cumplir esa misión es, en primer lugar, el contar con un Partido fuerte, que perfeccione cada vez más y constantemente su funcionamiento, e incremente aún más y mucho más su prestigio ante las masas, precisamente en el contexto histórico que más lo necesitamos. La realización de este Pleno contribuye a impulsar esos propósitos, y a nosotros cabe la honda responsabilidad de garantizarlos.