I
Mi alma, la pobre mártir
De mis ensueños dulces y queridos,
La viajera del cielo, que caminas
Con la luz de un delirio ante los ojos
No encontrando a tu paso más que abrojos
Ni sintiendo en tu frente más que espinas,
Sacude y deja el luto
Con que la sombra del dolor te envuelve,
Y olvidando el gemir de tus cantares
Deja la tumba y a la vida vuelve.
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II
Depón y arroja el duelo
De tu tristeza funeral y yerta.
Y ante la luz que asoma por el cielo
En su rayo de amor y de consuelo
Saluda al porvenir que te despierta.
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III
Transforma en sol la luna
De tus noches eternas y sombrías;
Renueva las sonrisas que en la cuna
Para hablar con los ángeles tenías;
Y abrigando otra vez bajo tu cielo,
De tus horas de niña la confianza,
Dile tu último adiós a los dolores,
Y engalana de nuevo con tus flores
Las ruinas del altar de tu esperanza.
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IV
Ya es hora de que altivas
Tus alas surquen el azul como antes;
Ya es hora de que vivas,
Ya es hora de que cantes;
Ya es hora de que enciendas en el ara
La blanca luz de las antorchas muertas,
Y de que abras tu tiempo a la que viene
En nombre del amor ante sus puertas.
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V
Bajo el espeso y pálido nublado
Que enluta de tu frente la agonía,
Aun te es dado que sueñes, y aun te es dado
Vivir para tus sueños todavía...
Te lo dice su voz, la de aquel ángel
Cuya memoria celestial y blanca
Es el solo entre todos tus recuerdos
Que ni quejas ni lágrimas te arranca...
Su voz dulce y bendita
Que cuando tu dolor aun era niño,
Bajaba entre tus cánticos de muerte,
Mensajera de amor a prometerte
La redención augusta del cariño...
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VI
Y yo la he visto, ¡mi alma! desgarrando
Del manto de la bruma el negro broche
Y encendiendo a la luz de su mirada
Esas dulces estrellas de la noche
Que anuncian la alborada...
Yo he sentido el perfume voluptuoso
Del crespón virginal que le envolvía,
Y he sentido sus besos, y he sentido
Que al acercarse a mí se estremecía...
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VII
¡Sí, mi pobre cadáver, desenvuelve
Los pliegues del sudario que te cubre,
Levántate, y no caves
Tu propia tumba en un dolor eterno!...
La vuelta de las aves
Te anuncia ya que terminó el invierno;
Saluda al sol querido
Que en el levante de tu amor asoma,
Y ya que tu paloma vuelve al nido,
Reconstrúyele el nido a tu paloma.
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