
Aunque los
críticos y teóricos más académicos, sino todos al menos una mayoría, han creído
que el cine podía cambiar el mundo, cuando en realidad lo que hace es que sea más
entretenido y soportable, siempre ha habido una tendencia a resaltar la importancia
del director en detrimento de otros participantes en la realización de una película,
sobre todo desde la entronización de revistas como "Cahiers du Cinema".
Lo cierto es que si una película llega a los espectadores es por el "gancho" de sus
actores, por la química secreta que establece una comunicación, muchas veces
inexplicable, entre los personajes que interpretan y el público.
John Ford le debe mucho a John Wayne, Jean-Pierre Melville a Alain Delon y Alfred
Hitchcock a Cary Grant.
Sin sus actrices y sin sus actores el cine ni siquiera existiría; ellos fueron
el reclamo que convocó en las taquillas a millones de personas, algunas de las
cuales descubrieron después que había un director, un guionista y hasta productores
de gran trascendencia. Pero primero fueron a la sala por el aire latino de
Rodolfo Valentino, las piernas de Marlene Dietrich, el señorío
de Gregory Peck y, en la actualidad, por la inteligente belleza de Michelle Pfeiffer o la devastadora
sensualidad de Sharon Stone.
Pero empecemos por el principio, y el principio,
al menos en los primeros tiempos del cine, fue el denominado "Sistema de las Estrellas",
un invento perfecto para servir como base a un nuevo medio de expresión dispuesto
a convertirse en la máxima industria del entretenimiento.
Esencialmente el "Star System" se basa en explotar una película basándose como elemento
primordial en la popularidad de sus intérpretes. De ese modo, el argumento de un largometraje se
desarrolla en función de un actor o actriz, para potenciar las cualidades del mismo. Eso lleva
a primar a la estrella sobre el personaje, que siempre se encontrará sometido a las condiciones
del actor.
UN POCO DE HISTORIA
El procedimiento surgió con la llegada del primer plano, cuando en 1910 Carl Laemmle
fichó a Florence Lawrence para realizar el primer lanzamiento publicitario con estrella incluída.
Nótese que se trataba de una actriz, no de un actor, por lo que le confiere singular
protagonismo pionero a la mujer en este campo. Lawrence era ya conocida como la "chica de la
Biograph", por las películas de éxito que había protagonizado para esta compañía. Laemmle
aumentó el sueldo de la actriz, de 10 dólares por semana, elevándolo hasta 25 dólares, y
posteriormente oraganizó una trama para darla a conocer al público con su nombre verdadero,
mientras hacía correr el rumor de que Florence Lawrence había muerto en un
acidente de tráfico.
La maniobra puede parecer decadente, sucia y rebuscada, pero no es más que un pálido
prólogo a todas las campañas promocionales de diseño de estrellas que llegaron después. El falso
fallecimiento de la actirz consiguió que sus películas adquierieran popularidad, lo que por otra
parte nos revela algo que ya sospechábamos: el morbo no es un defecto exlusivo de nuestra época,
aunque hayamos aprendido a cultivarlo con excesiva complacencia.
Después del caso de Miss Lawrence, otros estudios empezaron a dar a conocer el nombre
de sus actores, lo cual hizo salir a la luz pública a estrellas como Theda Bara, Mabel Normand,
Mary Pickford, y un largo etcéteraque, en el fondo del asunto, llega hasta nuestros días, ya que
hoy las películas siguen teniendo entre sus anzuelos esenciales, de cara a la taquilla, su
reparto.
Sin embargo, es necesario hacer notar que todo ese montaje no habría sido posible sin la
colaboración entusisasta de la prensa. Junto con las primeras "estrellas" propiamente dichas
nacieron las revistas que analizaban su vida, los denominados "fan magazines", que con
frecuencia sacaban a la luz historias increíbles sobre el pasado de las figuras más destacadas de
la pantalla; daban a conocer sus bodas, divorcios, los bautizos de sus hijos, las broncas
familiares, y finalmente el fallecimiento y entierro. Así, paralelamente a la industria del cine,
se creó otra industria que todavía hoy sigue dando sus frutos, un prólogo a lo que actualmente
se conoce como "prensa del corazón" o "prensa amarilla", que ha contribuido a encumbrar y
derribar estrellas. Revistas como "Modern Screen" o "PhotoPlay" sirvieron como muleta
imprescindible del "Star System", facilitando a veces informaciones falsas sobre las biografías
de los actores que les eran transmitidas como auténticas consignas por los encargados de fabricar
la imagen de las estrellas de Hollywood.
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Ana García, Libertad Paloma y David Falcón.
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