Aunque a primera vista no lo parezca, la gente suele mostrar interés por la ciencia. Es frecuente que periódicos y televisión comenten descubrimientos científicos. Generalmente, se trata de logros en campos como la medicina o la biología, pero también se habla de logros de la física, incluso de la física teórica. Desgraciadamente, la información que se recibe en los medios de comunicación suele ser escasa; a veces, incluso incorrecta de tan poco completa. La ciencia es objeto de interés, pero es un hecho que los conocimientos científicos de los no especialistas son escasos. La generalización de Internet ha supuesto facilitar a muchas personas el poder hablar de cualquier tema, y la ciencia, afortunadamente, ha sido uno de ellos. Sin embargo, también ha puesto de manifiesto un fenómeno muy curioso, que podría denominarse, ciñéndome a mi especialidad, el de los "Grandes Revolucionarios de la Física". Entiendo por éstos una serie de personas que, cada uno de manera independiente, ha ideado una Gran Teoría Universal que desmonta toda la física contemporánea, que es ineludiblemente cierta y que, a menudo, no se ha impuesto por el corporativismo de los científicos. Por lo general, el punto de vista de estos "revolucionarios" es fanático, y muchos suelen olvidar que las matemáticas son un elemento primordial de la física, ya que nos "demuestran" a los físicos lo equivocados que estamos sin usar ni una sola ecuación. La intención de este escrito es de servir de réplica a estos "grandes genios", cuyas teorías se hunden por su propio peso en los mejores casos o, simplemente, carecen de sentido en los peores. Soy consciente de que no va a servir de nada, y que no voy a convencer a ninguna de estas grandes mentes; en el fondo, tampoco lo pretendo. Me conformo con que todos los lectores, interesados por la ciencia a nivel divulgativo, que lean este escrito, tengan elementos de juicio suficientes para plantearse qué les venden estos revolucionarios. 1. La naturaleza de la Física: Una de las tareas de la Física es tratar de explicarse el mundo a través de modelos matemáticos. Estos modelos han de ser capaces de reproducir los resultados experimentales, de ahí que para crearlos haga falta basarse en una serie de experimentos. Es bien sabido que todas las teorías físicas son incorrectas, en el sentido de que no pueden reproducir la "verdad absoluta", si es que eso existe. No hace falta que ningún "iluminado" venga a decirnos que todo lo que hacemos está, hablando muy estrictamente, mal: los físicos somos tan conscientes de ello que no nos lo planteamos nunca. No obstante, las nuevas teorías consisten en pasos adelante en la explicación de nuevos hechos naturales que el avance de la técnica nos presenta. Son pasos encaminados a comprender mejor el Universo en que vivimos. Es cuestión de tiempo que un día se descubra un hecho experimental que demuestre que nuestras teorías actuales no son correctas y deben modificarse. Y ningún físico se tiene que escandalizar por ello. Sin embargo, del mismo modo que la Mecánica Clásica es cierta en su ámbito de aplicación, las teorías más modernas funcionan muy bien, de ahí que cualquier teoría nueva ha de ser capaz de reproducir los resultados anteriores. En este último aspecto es donde se descubre a un charlatán. Para que una nueva formulación de la física tenga visos de ser auténtica, ha de presentarse haciendo hincapié en dos aspectos: 1) Ha de mostrar uno o varios experimentos, reproducibles por otras personas, donde las teorías actuales fracasen cuando tratan de explicarlos. 2) Ha de aclarar por qué fallan las teorías viejas, y, dado que las teorías antiguas funcionan muy bien, la nueva ha de ser capaz de englobar a las antiguas como algún tipo de caso límite. Así, cuando en las ecuaciones de Relatividad Restringida se toma el caso de velocidades pequeñas, se obtienen resultados análogos a los de la mecánica clásica. Ningún científico serio afirmaría que tiene una teoría "revolucionaria" sin hacer caso de los dos puntos anteriores. No se trata, tampoco, de que una persona sola tenga que crear la teoría al completo, con todos los límites que dan teorías viejas, sin ambigüedades. Basta con que, al menos, se esfuerce en buscar casos en que sus ecuaciones, bajo ciertas condiciones, coincidan con las anteriores. Las teorías físicas no se crean de la noche a la mañana. Pero hay que sospechar mucho de los que afirman que "toda la física está mal y mi teoría es la buena". No hay que fiarse de las teorías que rompen con todo. 2. Sobre la forma de pensar de los físicos: La norma básica es que los científicos del pasado eran tan capaces e inteligentes como los contemporáneos. Y buena parte de las teorías o modelos de éstos son aplicables cuando se suponen ciertas condiciones. Así, la mecánica de Newton que se aprende en el bachillerato es muy exacta cuando las velocidades son pequeñas comparadas con las de la luz. Sin embargo, sabemos que la mecánica newtoniana no es, estrictamente, correcta, sobre todo cuando las velocidades son muy grandes. En la época de Newton no podían medirse grandes velocidades, de manera que este sabio construyó su teoría con lo que la técnica de la época abarcaba: velocidades propias de la vida cotidiana. Y su teoría funcionaba muy bien, de hecho, hoy en día, para muchos cálculos no es necesario utilizar la Relatividad. Cuando la técnica avanzó y pudieron hacerse mediciones más precisas, empezaron a aparecer fallos, y tuvieron que formarse otras teorías. Por eso, a ningún físico se le ocurriría, jamás, elaborar una teoría universal tal que contradiga a las otras. La Mecánica Cuántica y la Relatividad, a pesar de no parecerse a la Mecánica Clásica ni por asomo, repito, son compatibles con ésta, al menos en cierto rango de sus variables físicas. Todas las teorías bien construidas, esto es, que son capaces de explicar muchos hechos experimentales y tienen capacidad predictiva, tienen algo de verdad. Una queja habitual de los "iluminados" es que la "ciencia oficial" no les hace caso. Suelen quejarse de que los científicos no nos damos cuenta de lo absurdo de nuestras teorías y que, o bien estamos tan ciegos que no somos capaces de comprender que ellos tienen razón, o bien, sabemos que los "iluminados" tienen razón, pero los ridiculizamos porque si se aceptan sus teorías, perderemos prestigio y empleo. En el primer caso, devuelvo la pelota a los "revolucionarios": ¿cómo pueden estar ciegos para no darse cuenta de que sus teorías no tienen ni pies ni cabeza? El segundo es un razonamiento ridículo. Si apareciera una persona, científico o no, capaz de montar un experimento que derrumbase las teorías actuales, ganaría el premio nobel automáticamente. Hacer algo así es el sueño de cualquier científico. O si no, al menos, estar con los que se dieron cuenta de ello. Es cierto que, más de una vez, un científico ha sido tomado en broma por sus colegas y al final, sus teorías han resultado ciertas; pero si los demás han defendido las otras teorías, ha sido porque las creían ciertas. 3. Insisto: el éter no existe: Me llama la atención el hecho de que más de uno de los "grandes revolucionarios" defiende la existencia del éter. La teoría del éter fue un intento de explicar cómo se propagaba la radiación electromagnética que tuvo cierto éxito durante el siglo XIX. Se suponía que la luz se propagaba en el seno de un fluido que lo permeaba todo, denominado éter. La física actual no necesita para nada el concepto de éter. Además, hay expermientos en contra de su existencia, de los cuales, el más famoso es el de Michelson-Morley, que mostró que la Tierra no se movía con respecto al éter, o que, al menos arrastraba a éste en su movimiento. Este hecho y otros muchos problemas experimentales y teóricos hicieron que la teoría del éter tuviera que apuntalarse cada vez más, hasta que se desarrolló una teoría que funcionaba muy bien sin éste. Un argumento curioso que cacé por Internet se basaba en el hecho de que como el vacío no es nada nada puede propagarse por él, de donde se deduce, de forma demasiado simplista, que el éter existe. En realidad, para la física teórica, el vacío existe. En teoría cuántica de campos, el vacío es un estado de mínima energía. En principio, el vacío es un estado donde no hay materia, pero a partir de la cual ésta puede "crearse" (matemáticamente, se le aplica al vacío un operador de creación de partícula para describir a una de ellas; pero esto es demasiado abstracto como para extenderme aquí). El problema más serio del éter es que, se quiera o no, suponer que existe implica que podemos definir un sistema de referencia absoluto: aquél que no se mueve con respecto del éter. Esto violaría principios bien sólidos de la Relatividad, ya que entonces, la velocidad de la luz, onda que se propagaría por el éter a velocidad constante, se sumaría o restaría de la velocidad de cada móvil, con lo cual, en cada sitio la luz tendría una velocidad. El vacío es algo no material, por eso se le llama vacío. La física moderna no necesita para nada el concepto de éter para explicarse la propagación de la luz. 4. La pobre Mecánica Cuántica: Por lo general, los "grandes revolucionarios" odian a muerte la Mecánica Cuántica. En realidad, no les culpo. Cuando Planck enunció por primera vez su principio de cuantización, lo creyó un mero truco matemático. A Einstein también le causó quebraderos de cabeza el caracter anti-intuitivo de la disciplina. Sin embargo, la base teórica y experimental de esta ciencia es muy sólida. El mayor problema de esta teoría es que, al contrario que otras ramas, no podemos imaginárnosla ni formarnos imágenes que sean lo bastante cercanas a la realidad. A pesar de todo, la mecánica cuántica es capaz de explicar con éxito una serie de fenómenos que cada vez son más abundantes. Un primer caso, reciente, es la observación del "efecto túnel" en materiales mesoscópicos. Se entiende por éstos los formados por "gránulos" o "moléculas" de unos miles de átomos y que presentan propiedades magnéticas (un ejemplo sería un dispositivo magnético de almacenamiento). Se ha logrado medir que, cuando se magnetizan estos materiales, la dirección del campo se invierte de manera espontánea, sin que haya un aumento de energía que lo justifique; la única alternativa es aceptar que los campos se han invertido merced al efecto túnel, bien explicado por la teoría cuántica. Este mismo efecto es el alma de los microscopios de efecto túnel, que son los mejores construidos hasta la fecha. ¿La mecánica cuántica es un engaño y se utiliza para construir aparatos de precisión? |