PESADILLA


Lo supe desde la primera vez que lo miré: sin duda, es una pesadilla. A veces no me deja dormir o me despierta sobresaltada en mitad del más profundo sueño. Al principio sólo parece un hombre vestido de negro, que se confunde con la oscuridad de la noche, pero en seguida observas que es un ser inquietante. Se oculta entre las sombras y apenas puedes verle, aunque tú sabes que está ahí, acechando..., incluso se oye su respiración. Entonces se te acerca y abre los ojos, y brota de ellos una luz dorada y enigmática que ilumina levemente la negrura. Yo siento miedo, pese a saber que no puede ser real. Parece un hombre, pero sus ojos, sus ojos... no son humanos. Esa mirada se clava en la mía y me infunde terror, y poco a poco el pánico me paraliza. Son ojos de gato y de serpiente y desprenden una luz intensa. Los sigo mirando inmóvil y al fin comprendo que lo que sale de ellos es toda la maldad de nuestro mundo. Eso empieza a diluir mi miedo y a transformarlo en agresividad. Él no me hace nada, pero yo intento atacarle, con una fuerza que no sé de donde proviene, y deseo que sus ojos se cierren para siempre, no quiero ver su horrible luz. Y cuando estamos en medio de la lucha, la pesadilla termina de golpe y me despierto. Otra luz, la del sol, entra a raudales por la habitación y me inunda el alma. Siento una paz infinita, pero me sigo acordando de él. Gracias, maldita noche... Gracias por revivir mis pesadillas.




Elizabeth


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