LADRÓN DE SUEÑOS


  La primera vez que se detectó su imagen en la red fue en las NEWS de Axis. Alguien había enviado una digitalización en la que se le podía ver, azul como las noches frías, como si de un Bogart felino se tratase. Gabardina, sombrero muy calado, farola al fondo y los ojos. En una gama de colores fríos, aunque tan pobre, era el contrapunto que distorsionaba la armonía del cuadro. Cualquier pintor que sepa lo que se trae entre manos sabe que el amarillo es el complementario del azul. Sus ojos felinos se ensamblaban en la imagen gracias a un halo amarillo que los suavizaba. Parecía obra de un fauvista con ganas de bromear. Porque esa misma imagen fue repitiéndose inesperadamente en diversos sitios WEB sin que nadie pudiera explicar exactamente cómo había llegado hasta allí y qué significaba. Ciertos gurús informáticos relacionados con la investigación acerca del Virus Dolina lo asociaron a éste. Como ejemplo citaban el desastre producido en Axis inmediatamente después de aparecer esta imagen en los monitores de los usuarios. Fue tan breve que muchos no advirtieron su presencia, pero desde entonces dejó de funcionar el Chat, el correo electrónico y las News. Y los usuarios que sí pudieron ver esta imagen fueron desposeídos de todos sus sueños.
  Los documentos de la época aseguran que siempre sucedía de la misma forma. El internauta era sorprendido por esta imagen que se ampliaba en su ordenador y quedaba atrapado en el color de sus ojos. Bastaban unos segundos para que sus sueños fuesen extraídos por este personaje, bautizado como Ladrón de Sueños. Las víctimas casi nunca eran conscientes de lo que les había sucedido. Uno no puede notar en qué momento sus sueños les han sido arrebatados. Normalmente ni siquiera se da uno cuenta de que los ha perdido, pues el común de las personas apenas si echa una mirada a su patrimonio onírico. Los sueños son a menudo abandonados, sin más. Pero aquellos que se alimentan de ellos y que los guardan celosamente como testimonio de lo que será, o pudo haber sido, o fue, echaron en falta este alimento espiritual. No sabían cómo denunciarlo ni ante qué autoridad, así que se desahogaron escribiéndolo en los sitios adecuados de la red. No fue difícil establecer las causas cuando se comprobó que todos tenían algo en común: el rostro de los ojos felinos.
  Los internautas se pusieron en guardia y cada vez que aparecía la imagen reseteaban el ordenador y evitaban mirar sus ojos. Pero el Ladrón de Sueños no se dio por vencido. Tomó forma corpórea y se hizo realidad tangible acechando en los callejones para fascinar con la mirada y sustraer los sueños de caminantes erráticos, prostitutas, mendigos y demás habitantes de la noche.
  Ciertos textos antiguos de aquellos primeros años de Internet cuentan que todo acabó de la manera más insospechada. El Ladrón de Sueños no lo pudo soportar porque cuando dormía tenía los sueños de todos aquellos a quienes había robado. Sueños ingenuos de adolescentes, ensoñaciones eróticas de solitarios, sueños terribles de los violentos de la calle, amables de enamorados, ambiciosos de políticos, nostálgicos de jubilados y perdedores… Y cada sueño pugnaba por conquistar el protagonismo en la mente del Ladrón de Sueños hasta que finalmente dio por concluida su desconcertante empeño.
  Cuentan que cargó cientos de sacos con todos los sueños acumulados y que los fue plantando por los más variopintos lugares de cada ciudad. Los sueños arraigaron, crecieron y se adueñaron de los sitios y las cosas. Un árbol de sueños había crecido junto al Corte Inglés. Cuando un ciudadano se disponía a hacer las compras de Navidad y los regalos de Reyes, sueños ajenos ocupaban su consciencia y adquirían objetos de consumo totalmente inútiles. Por todas partes ocurría lo mismo. La gente comenzó a actuar como movidos por resortes ajenos. Regalaban muñecas a sus padres, declaraban su amor a vecinas en otro tiempo detestadas, abandonaban magníficos empleos por cultivar aficiones nuevas, reservaban hoteles para fechas imposibles… Algún afortunado era infectado con sus propios sueños y entonces tenía una vida normal.
  Con el tiempo todo volvió a la rutina habitual, cuando nuevos sueños fueron soñados y reemplazaron a los ajenos. Pero aún quedan algunos árboles de sueños esparcidos por el mundo. Y todavía no se sabe qué ha sido del Ladrón de Sueños. ¿Pudiera ser que, sin darnos cuenta, aún conservásemos sueños que no nos corresponden? ¿Y si el Ladrón de Sueños sigue acechando y viene a robarnos cada nuevo sueño que inventamos? Ni siquiera estoy seguro de que esto que estoy contando sea cierto. Quizá todo no sea más que un sueño. Si es así, el Ladrón de la mirada felina podría venir a arrebatármelo. Por eso me he apresurado a escribirlo, para que sea patrimonio de todos y nadie pueda apropiárselo y hacerlo desaparecer.


DAJO, escribiendo demasiado apresuradamente…


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