EL LADRÓN DE SUEÑOS


  Esta es la historia de un hombre corriente que se convirtió en ladrón de sueños. Cuentan que este hombre era ecuánime, siempre en la línea de las cosas, sin traspasar el límite del bien y del mal, firme ante la debilidad. Tenía la palabra adecuada para el momento justo. Cuando por la tarde llegaba a su casa, después del trabajo, su rostro reflejaba el cansancio de mantener siempre la sonrisa y el gesto amable. En su casa le recibían con respeto y delicadeza. Él en silencio se dirigía a su cuarto, se sentaba en su gran butaca de orejeras, extendía sus largas piernas y cerraba los ojos. Mientras su familia creía que dormía un rato, realmente lo que hacía era soñar despierto. Se imaginaba historias fantásticas. Unas veces era un gran héroe de guerra, otras un caballero del Rey Arturo, otras un gran amante. Sus sueños no tenían límite. Era su verdadera vida, su escondite donde por unos momentos podía ser él mismo. Una tarde llegó más cansado de lo normal, había tenido que hacer un esfuerzo superior para demostrar lo que él creía esperaban de él. Le habían tentado el corazón para medir su resistencia. Según entró en su casa, sin apenas decir nada, se dirigió a su escondite. Entornó los ojos, empezó a soñar. En este sueño se le apareció la Dama de Blanco que le habló así: "Tus sueños son los mejores, los más exquisitos del País de los Sueños; tus sueños son más hermosos que un amanecer en los acantilados. Por eso te he elegido a ti para regalarte EL SUEÑO que te hará volar a la velocidad de la luz, te sumergirá en una aventura por los sentidos y te situará en el centro de la imagen..." Él intentó abrir los ojos pero no pudo. La Dama continuó hablando: "Como todo -dijo- tiene su precio. A cambio del Mejor Sueño de toda tu vida nunca volverás a soñar, ni siquiera recordarás éste. Pero merecerá la pena". El intentó de nuevo abrir los ojos, pero no pudo. Y en sueños le contestó a la Dama de Blanco: "Yo no quiero perder mis sueños porque son mi vida". Ella rozó dulcemente su frente, diciendo: "Hagamos una cosa, te muestro parte del sueño, luego tú decides si continúo o no". Él aceptó el trato.
  Cuentan que quedó tan fascinado que no pudo decir que no. Tampoco nadie sabe en qué consistía el Sueño, pues ni él mismo pudo volver a recordarlo por más que lo intentó. Al abrir los ojos, en su rostro se reflejaba una placidez que duró pocos segundos. Inmediatamente había olvidado el Sueño. Volvió a entornar los ojos, pero ningún sueño, ni ninguna historia, venía a su mente. Sintió frío, mucho frío, se sintió un poco muerto. De nuevo entornó los ojos tratando de visualizar alguna imagen, pero sólo vio una Dama de Negro que se reía de él. "Pobre ingenuo -le dijo-. Te has dejado engañar, jamás volverás a soñar". Intentó llorar; no tenía lágrimas. La Dama de Negro continuó hablando: "No tendrás ni sueños ni lágrimas. Yo también caí en la tentación por "el Sueño", pero no te preocupes. Hay muchos hombres y mujeres con maravillosos sueños; tú puedes arrebatárselos". Él contestó: "No puedo quitarle a nadie sus sueños, no puedo hacer lo que me ha hecho a mí la Dama de Blanco". Entonces comprendió que la Dama de Blanco y la Dama de Negro eran la misma. Se le aparecía de blanco y de negro alternativamente, riéndose de su suerte. Le susurraron al oído: "Necesitamos sueños ajenos para vivir. No podemos estar sin ellos. Sin ellos no podemos vivir. Igual te sucederá a ti". Intentó llorar de nuevo sólo para comprobar que era cierto lo que le habían anunciado: no tenía lágrimas, sus ojos estaban secos. Supo entonces que a partir de ahora viviría en las tinieblas. Toda su vida se vino abajo. Y entonces se planteó aceptar el consejo de las Damas y ser un Capturador de Sueños. Pero no era esa su forma de actuar. Pasó el resto del día replanteándose su vida, cabizbajo, apenado por comprender todo lo que había perdido por algo que no recordaba. Se acostó esa noche pronto, pero no podía dormir. Pensó una vez más aceptar la propuesta de La Dama. Miró a la mujer que yacía a su lado, durmiendo plácidamente. ¿Estará soñando? Se preguntó. Por más ahínco que ponía él no conseguía soñar. Una furia impropia en él le sobrecogió el alma. Como un sonámbulo se levantó de la cama, se vistió, tomó su gabardina, se puso el sombrero y se encaminó a la puerta de la calle. Notó que algo le sucedía en los ojos. Se detuvo ante el espejo del perchero y observó sobrecogido que sus ojos, antes negros como el carbón, tenían ahora color amarillo. Buscó sus gafas negras de sol y se las colocó algo asustado.   Recorrió las calles, callejeó por los lugares más oscuros y sin apenas transeúntes. Estaba cansado. Decidio que no le vendría mal tomar algo en un café. Entró y se dirigió a la barra. En frente había un espejo. A través de él vio a una mujer sola. Para cualquiera que se encontrara allí, la mujer sólo era alguien que estaba tomando un té. Pero el vio más; vio los sueños de ella tan nítidos como hasta esa misma tarde fatídica podía ver los suyos. Su rostro se transformó, los ojos le quemaban. Se sorprendió sentado al lado de la mujer en una animada conversación, riéndose con ella. Estaba aturdido por su capacidad de seducción hacía una mujer.Lo último que vieron en el café es que salieron juntos cogidos del brazo como viejos amigos. Dicen que la llevó por calles oscuras. Cuando más confiada estaba ella de las buenas intenciones de su nuevo amigo. Se quitó las gafas, sus ojos amarillos brillaron con una luz incandescente, cegadora. Estaba robando los sueños de la mujer. De ella dicen que anda vagando por las calles como un zombi. De él nadie sabe nada, pues no pudieron reconocerlo los del café. Pero cuentan los del lugar que, desde esa noche, hay un hombre grande ataviado con una gabardina oscura, sombrero y gafas negras para ocultar sus ojos amarillos. Que deambula por las noches robando sueños. "El ladrón de sueños" le llaman los de la comarca. Sólo los que carecen de sueños, o los que tienen el amuleto, se salvan de sus ojos. Nadie sabe a ciencia cierta, cuál ha de ser ese amuleto. Se cuenta que una mujer de grandes sueños pudo conservarlos al taparse los ojos con un pañuelo azul de lunares blancos. Y esta es la leyenda de un hombre cabal que se convirtió en "Ladrón de Sueños". Si veis su figura errática en una noche de luna llena avivad el paso o cubrid vuestros ojos con un pañuelo azul de lunares blancos.


DUENDE



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