Es el término más genérico, ya que con el tiempo ha englobado, en total confusión, a: brujería, hechicería, necromancia, mántica, augurio, ocultismo, chamanismo, el fenómeno de los "medicinemen" e, incluso, algunos ritos religiosos de ciertas tribus. Originalmente, la "magia" era, sólo, la religión de los mágoi del Irán. Se divide en "magia pública" (augurios griegos, etruscos y romanos, conjuros prebélicos, etc...) y "magia privada" (filtros amorosos o letales, curación, adivinación, etc...) En cuanto a la actuación mágica tenemos las siguientes clases: a) Intelectual o magia gnoseológica, dividida a su vez en pasiva o negativa (astrología, ciencias mánticas) y activa (los maleficios que sobrevienen por simple voluntad humana o sobrenatural). b) Objetiva: que actúa a través de: la ley de la totalidad (la acción directa sobre pelos, pezuñas, etc... afecta a la persona a la que pertenecieron), la ley de la similitud (acción sobre la efigie del enemigo), la ley de simpatía cósmica o magia simpática (ritos de fertilidad agrícola), la ley de contagio (el canibal adquirirá las cualidades de la víctima), etc... La magia puede ser benévola o (llamada a veces magia blanca aunque invoque poderes de los demonios) y malévola (magia negra). Sin embargo, generalmente, la distinción entre ambas magias radica en que sus efectos negativos recaigan sobre el grupo social del mago (negra) o sobre sus adversarios (blanca). La mayoría de los elementos de la magia que se encuentran en la literatura fantástica actual provienen de raíces históricas. Así, el uso de los círculos mágicos de protección y la invocación de los espíritus fueron usos babilónicos. La magia empleada basándose en los nombres (palabras de poder, dominio de la cosa por su nombre esencial) y los gestos, es invento egipcio. (Probablemente, de ahí provenga la necesidad de recitar los hechizos). En la magia israelí, hay influencias egipcias y babilónicas. Tanto Noé como Moisés y David se consideran magos. Los israelíes son los introductores de los tratados de magia, fuentes del poder de sus magos. Tales libros y versiones posteriores eran muy apreciadas por los magos medievales y renacentistas. A Salomón se le atribuyen vuelos en tapices, dominio del lenguaje de los animales, y un anillo poderosísimo, entre otros. El Corán habla de la magia de Salomón, cree en los ginn (genios) y admite el tratamiento mágico de enfermedades y envenenamientos. El sustrato mágico árabe es israelí, el cual se transmitió a Europa por medio de Toledo y las Cruzadas. La magia semita, a través de la Cábala y otras disciplinas, dominó en Europa durante los s. XII-XVI. Hasta entonces, la tradición mágica europea era escasa, reducida a amuletos enmascarados en objetos piadosos, a causa del cientifismo griego y a las persecuciones romanas de la magia. En una primera fase, la magia europea (s.XII-XIV) es magia natural (poderes misteriosos, pero normales, de las cosas). En adelante, (s.XIV-XVII) se vivió una oleada de obsesión por los demonios, provocada por las condenas y persecuciones de la magia negra ordenadas por la Iglesia. A partir del siglo XVII comenzó a negarse la existencia del demonio o la abundancia de sus intervenciones. Da comienzo el periodo ocultista, en que se sigue, entre otros, el cabalismo. El siglo XIX marcó el fin de la magia ceremonial y el cientifismo de las ciencias ocultas. De la magia ceremonial sólo pervive hoy el espiritismo. Se equipara (erróneamente), en el uso común, a la magia o la brujería, y se refiere a todo uso popular de fuerzas ocultas o sobrenaturales; aplicándose, por tanto, a prácticas tan distintas como las del chamanismo, las conjuraciones helenísticas, la alquimia o el ocultismo. En el sentido sociológico actual supone: a) El dominio consciente de una técnica de manipulación de lo sobrenatural. b) Su empleo con fines nocivos, en especial, el dominio de la voluntad ajena o el influjo en su destino. Al contrario que la hechicería, que es posible aprender, la brujería es una cualidad innata. Un brujo es una persona que puede causar daño en virtud de una capacidad inherente a ella, heredada, y de la cual puede ser inconsciente. Un brujo pone en acción sus poderes sobrenaturales al dejarse llevar por la envidia o el odio. En cambio, un hechicero usa deliberadamente magia ofensiva con objeto de dañar a sus enemigos. La brujería ha existido desde antiguo: los viejos ritos de "producción de lluvia" se consideran como tales. Sin embargo, la visión predominante en nuestra cultura es la brujería europea de los siglos XIV-XVII, con sus aquelarres. La aparición del macho cabrío - una versión modernizada del dios Pan - y sus ritos báquicos, la relacionan con rituales paganos que la visión cristiana deformó hacia pactos con el demonio. Así, acaba considerándose la brujería como una inversión de la teología cristiana donde el Salvador es el diablo. La acepción de los aquelarres como reuniones sabáticas, secretas, nocturnas y obscenas parece ser un elemento de la tradición inquisitorial, que aparece en las acusaciones contra los herejes medievales, contra los cristianos de la época romana y contra las bacanales de la época republicana de Roma. Este es un fenómeno eminentemente religioso, pero relacionado con la hechicería. El chamanismo combina la brujería y la hechicería, en el sentido de que los chamanes poseen habilidades adquiridas espontáneamente - es lo que se llama vocación, que es una "crisis religiosa" -, refinadas y de las cuales se gana control consciente tras aprendizaje y entrenamiento. A pesar de su "éxtasis", el chamán no es un simple histérico o un epiléptico, sino que son destacables su vigor físico, su capacidad intelectual y sus conocimientos, poco comunes; en todo caso, los chamanes terminan alcanzando un dominio total de sus actitudes especiales. A la condición de chamán se llega por vocación; la enfermedad, los sueños y el éxtasis se presentan como signos de una vocación muchas veces involuntaria e irrechazable. La vocación y formación de un chamán proceden de los espíritus, aunque ello no excluya la elección o herencia de otro chamán ni los largos años de preparación bajo su cuidado. Los poderes del chamán incluyen poder médico, en cuanto salud y más allá dependen del alma, mediación entre hombres y espíritus o dioses, y fenómenos físicos o parapsicológicos. Sus poderes emanan del Ser Supremo o de los seres celestiales, bien directamente, o bien a través de los espíritus protectores o de los chamanes que, en una edad de oro, gozaban de capacidades muy superiores. Los ritos iniciáticos de los chamanes se basan en la estructura muerte-resurrección: la vivencia de la muerte se logra mediante experiencias dolorosas (naturales o provocadas) y éxtasis (a veces obtenidos con drogas o intoxicaciones). La mística ascensión a los cielos, la conversación con los espíritus, las instrucciones que recibe el neófito, y la vuelta a la consciencia representan el ciclo de resurrección. Con su nuevo ser, el chamán tendrá acceso al mundo de los espíritus. Se trata de una adivinación hecha con artes mágicas o con cualquier arte de hechicería. También se aplica a cualquier acción realizada por arte de magia, aunque en sentido menos específico. Es la creencia que afirma la posibilidad de comunicarse con los espíritus de los muertos. Es interesante destacar que el espiritismo, históricamente muy antiguo, ha surgido de manera independiente en distintos lugares y países. Los intentos, en el siglo XIX de explicar las comunicaciones con espíritus a través de la psicología fracasaron, pero dieron origen a la parapsicología. El espiritismo supone la supervivencia de los difuntos en forma de espíritus; tesis evidenciada por fenómenos sin causa física aparente (cosas que se mueven solas), y por fenómenos parapsicológicos (hipnosis, telepatía, clarividencia). Filosóficamente, los espiritistas sustentan una concepción tripartita del ser humano: cuerpo corruptible, espíritu incorruptible y una sustancia de naturaleza mixta (periespíritu) que tras la muerte permanece unida al espíritu y le permite comunicarse con los vivos hasta que el difunto consigue su perfección total. |