Charles Bukowski: Poemas
Poema para el limpiabotas
Equilibrio es el que mantienen los caracoles que trepan los
acantilados
de Santa
Mónica;
Suerte es bajar andando la Western Avenue
y que las chicas de una sala de masajes
te griten, "Hola cariño".
El milagro es tener cinco mujeres enamoradas de mí
a los 55 años,
y lo bueno es que sólo puedas
amar a una de ellas.
El regalo es tener una hija más buena
que vos, con una sonrisa mejor que la tuya.
La calma te la da el manejar un
Volkswagen azul del ´67 através de las calles
como un adolescente, escuchando
-El anfitrión que más te quiere- en la raddio,
disfrutando del sol, disfrutando del fuerte zumbido
de un motor reconstruido
mientras serpenteás en el tráfico.
La bendición es que te guste la música rock,
la música clásica, el jazz...
Todo lo que contenga la energía original del placer
y la probabilidad que retorna
es la tristeza profunda por debajo
tuyo, por encima tuyo
entre paredes como guillotinas
furioso por el teléfono que suena
o los pasos de alguien que pasa;
pero la otra probabilidad
(el extremo melodioso que
siempre viene a continuación)
hace que la cajera del
supermercado se parezca a Marylin,
a Jackie antes de que acabaran con su amante de Harvard
a la chica del Instituto a la que todos
seguíamos hasta su casa.
Está lo que te ayuda a creer
en algo más aparte de la muerte:
alguien que se acerca en un coche
por una calle demasiado estrecha
y se corre a un lado para dejarte pasar,
o el viejo boxeador Beau Jack
limpiando zapatos
después de pulirse todo el fajo de billetes
en fiestas,
en mujeres,
en parásitos,
tarareando,
respirando sobre el cuero
dándole al trapo,
levantando los ojos y diciendo:
"¡Que coño!. Lo disfruté una temporada
que me quiten lo bailado"
Algunas veces soy amargo
pero en general el sabor ha sido
dulce, sólo que me he atrevido
a decirlo. Es como
cuando tu mujer te dice:
" Decime que me querés" y vos
no podés.
Si me ves sonreír en
mi Volkwagen azul
pasándome un semáforo en rojo
manejando rumbo al sol
es que estoy atrapado en
los brazos de una
vida loca.
Pensando en los artistas del trapecio
en los enanos con grandes habanos
en un invierno ruso a principios de los años ´40,
en Chopin, con su bagaje de tierra polaca
en una vieja camarera que me trae una
taza extra de café y
se ríe mientras lo hace.
Lo mejor de vos
me gusta más de lo que crees
los demás no cuentan
a no ser porque tienen dedos y cabezas
y algunos tienen ojos
y la mayoría tienen piernas
y todos ellos
tienen sueños buenos y malos
y un camino por recorrer.
La justicia está en todas partes y funciona
y las ametralladoras, los billetes
y los cercos lo demuestran.
Gracias a Eugenio Barragan
por enviar este poema
Esta pagina ha sido perpetrada por Sergi Puertas
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