LA MANTA
CHARLES BUKOWSKI
He estado durmiendo mal últimamente, pero no se trata concretamente de
eso. Es cuando parece que voy a dormir cuando pasa. Digo <<parece que
voy a dormir>> por que es justo eso. Últimamente, cada vez más,
parezco estar dormido, tengo la sensación de que estoy durmiendo, y sueño,
sin embargo, en mi sueño con mi habitación, sueño que estoy
dormido y que todo está exactamente donde lo dejé al acostarme.
El periódico en el suelo, una botella de cerveza vacía en una
silla, mi carpa dorada dando lentas vueltas en el fondo de su pecera, todas
las cosas intimas que son parte de mí como mi pelo, y, muchas veces,
cuando NO estoy dormido, pero estoy en la cama, mirando las paredes, adormilado,
esperando dormir, suelo preguntarme: ¿ aún estoy despierto o estoy
dormido ya y suelo con mi habitación?
Las cosas han ido mal últimamente. Muertes; caballos que corren mal;
dolor de muelas; hemorragias, otras cosas inmencionables. Tengo a veces la sensación
de que, bueno, de que las cosas no pueden ponerse ya peor. Y entonces pienso,
en fin, aún tienes una habitación, no estás en la calle.
Hubo tiempos en que no me importaban las calles. Ahora, no puedo soportarlas.
Puedo soportar ya muy poco. Me han pinchado, acuchillado y si, bombardeado incluso...
tan a menudo, que sencillamente estoy harto; no puedo soportar todo esto.
Y ahí está el asunto. Cuando me acuesto y sueño que estoy
en mi habitación o si está pasándome realmente y estoy
despierto, no sé, en fin, empiezan a pasar cosas. Me doy cuenta de que
la puerta del armario está un poquito abierta y estoy seguro de que no
lo estaba hace un momento hace un momento. Luego veo que la abertura de la puerta
del tocador y el ventilador (ha hecho calor y tengo el ventilador en el suelo)
se alinean apuntando en línea recta a mi cabeza.. con un súbito
giro, me aparto bufando de la almohada, y digo <<bufando>> por que
suelo maldecir bastante a <<esos>> o <<eso>> que intentan
echarme. Ya te lo oigo decir, <<este tío está loco>>,
y en realidad quizás lo esté. Pero de todos modos no tengo la
sensación de estarlo. Aunque sea un punto muy débil a mi favor,
si lo es en realidad. Cuando estoy fuera, entre gente, me siento incomodo. Ellos
hablan y tiene emociones en las que yo no participo. Y es, sin embargo, cuando
estoy con ellos cuando mas fuerte me siento. Y pienso esto: si ellos pueden
existir apoyándose concretamente en esos fragmentos de cosas, yo también
puedo existir, sin duda. Pero es cuando estoy solo y todas las comparaciones
deben enfrentarse a una comparación de mí mismo frente a las paredes,
a la respiración, a la historia, a mi fin, cuando empiezan a pasar cosas
extrañas. Evidentemente soy un hombre débil. He probado a recurrir
a la Biblia, a los filósofos, a los poetas, pero para mí, no se
por qué, ninguno ha dado en el blanco. Hablan de lago completamente distinto,
por eso dejé de leer hace ya mucho. Hallé cierta ayuda en la bebida,
en el juego y el sexo, en este sentido me he portado como cualquier hombre de
la comunidad, la ciudad, la nación. Con la diferencia única de
que a mí no me interesaba triunfar. No quería familia, hogar,
trabajo respetable, etc..y así veía yo. Ni intelectual ni artista,
sin las auxiliadoras raíces del hombre normal. Colgando como algo etiquetado
en medio y supongo, si, que es el principio de la locura.
¡Y que vulgar soy! Estiro la mano y me rasco el culo. Tengo hemorroides,
almorranas. Es mejor que a relación sexual. Rasco hasta sangrar, hasta
que el dolor me obliga a parar. Así hacen los monos. ¿No les has
visto nunca en los zoos con los culos rojos y ensangrentados?
Pero déjeme seguir. Aunque si te interesa lo raro te hablaré del
asesinato. Esos Sueños de la Habitación, permítanme llamarles
así, empezaron hace algunos años. Uno de los primeros fue en Filadelfia.
Entonces tampoco trabajaba y quizás estuviese preocupado por el alquiler.
Ya no bebía mas que un poco de vino y algo de cerveza, y el sexo y el
juego aún no habían caído sobre mí con plena fuerza.
Aunque vivía con una dama de la calle por entonces me parecía
muy extraño que ella quisiera mas sexo o <<amor>>, como decía
cuando se trataba de mí, después de estar con dos o tres o más
hombres aquel día y noche, y aunque yo tenía tanta cárcel
y experiencia encima como cualquier Caballero de la Vida, daba una sensación
rara meterla allí dentro después de todo AQUELLO... y eso se volvía
contra mí y lo pasaba muy mal.
-Querido -decía ella-, tienes que entender que yo te AMO. Con ellos no
es nada. No CONOCES a las mujeres. Una mujer puede dejarte entrar y tu creer
que estas allí dentro y no estarlo siquiera. Contigo es distinto.
Pero las palabras no ayudaban gran cosa. Sólo acercaban más las
paredes. Y una noche, no sé si soñaba o no, me desperté
y ella estaba en la cama conmigo (o soñé que despertaba) y miré
alrededor y vi allí a todos aquellos hombrecillos, treinta o cuarenta,
atándonos con alambres a la cama, una especie de alambre de plata, y
daban vueltas y vueltas enrollándonos, por debajo de la cama, por encima,
con el alambre. Mi chica debió sentir mi nerviosismo. Vi que tenía
los ojos abiertos y que me miraba.
-¡Quieta! -dije-. ¡No te muevas! ¡Están intentando
electrocutarnos!
-¿QUIÉN ESTA INTENTANDO ELECTROCUTARNOS?
-¡Maldita sea! ¡Quieta he dicho¡ ¡No te muevas!
Les dejé trabajar un rato más, fingiendo estar dormido. Luego
me alcé con todas mis fuerzas, rompiendo el alambre, sorprendiéndolos.
Le largue un viaje a uno, pero no le di. No sé donde se metieron, pero
me libré de ellos.
-Acabo de salvarnos de la muerte -dije a mi chica.
-Bésame, querido -dijo ella.
En fin, volvamos al presente. Despierto por la mañana con estos cintazos
en el cuerpo. Marcas azules. Hay una manta concreta a la que he estado vigilando.
Creo que esa manta se aprieta a mí mientras duermo. A veces despierto
y la tengo enrollada al cuello y apenas puedo respirar. Siempre es la misma
manta. Pero he procurado ignorarla. Abro una cerveza, extiendo el programa de
las carreras, miro por la ventana la lluvia e intento olvidar todo. Quiero sencillamente
vivir tranquilo y sin problemas. Estoy cansado. No quiero imaginar ni inventar
cosas.
Sin embargo está noche volvió a molestarme la manta. Se mueve
como una serpiente. Adopta diversas formas. No se está lisa y quieta
encima de la cama. Y la noche anterior la tiré al suelo de una patada.
Luego la vi moverse. Vi moverse esa manta muy rápido cuando fingí
volver la cabeza. Me levanté y encendí todas las luces y cogí
el periódico y me puse a leer. Lo leí todo, la bolsa, los últimos
estilos de la moda, como cocinar una calabaza, como librase de la yerba piojera;
las cartas al director, las columnas políticas, ofertas de trabajo, esquelas,
etc. Durante ese tiempo la manta no se mueve y bebo tres o cuatro botellas de
cerveza, quizás más, y luego a veces es de día y entonces
resulta fácil dormir.
La otra noche pasó. Bueno, empezó por la tarde. Como había
dormido muy poco, me acosté por la tarde, a las cuatro, y cuando desperté,
o soñé con mi habitación otra vez, estaba oscuro y tenía
la manta enrollada al cuello, la manta había decidido que ¡Era
El momento! ¡Basta de disimulos! ¡Iba a por mí, y era más
fuerte! O mas bien yo parecía muy débil, como en un sueño,
y me costó un trabajo inmenso impedirle que me cortara todo el aire,
pero seguía colgando a mi alrededor, aquella manta, dando rápidos
y fuertes tirones, intentando cogerme descuidado, empezó a llenárseme
la frente de sudor. ¿Quién podía creer aquello? Una manta
cobra vida e intenta matar a un hombre... Nada se cree hasta que pasa por PRIMERA
vez... como la bomba atómica o que los rusos mandasen un hombre al espacio
o que Dios descendiese a la tierra y luego le clavasen en una cruz aquellos
a los que El creara. ¿Quién puede creer todas las cosas que pasan?
¿el ultimo husmeo de fuego? ¿los ocho o diez hombres en una nave
espacial, la Nueva Arca, camino de otro planeta a plantar la insípida
semilla del hombre una vez más? ¿habría hombre o mujer
capaz de creer que aquélla manta intentaba estrangularme? ¡Nadie,
absolutamente nadie! Y, en cierto modo, esto empeoraba las cosas. Aunque , por
supuesto, no me afectase gran cosa lo que las masas pensasen de mí, deseaba,
en cierto modo, comprender a la manta. ¿Extraño? ¿Por qué
pasaba aquello? Y, también extraño, había pensado a menudo
en el suicidio, pero ahora la manta quería ayudarme, luchaba contra ella.
Por fin, logré liberarme de aquel chisme y tirarlo al suelo y encendí
las luces. ¡Eso lo resolvería todo! ¡LUZ, LUZ, LUZ!
Pero no, vi que aún se agitaba o se movía un centímetro
o dos allí, bajo la luz. Me senté y la observé atentamente.
Volvió a moverse. Treinta centímetros por lo menos. Me levante
y empecé a vestirme. Apartándome de la manta y bordeándola
para coger los zapatos, los calcetines, etc. Una vez vestido, no sabia qué
hacer. La manta aún seguía allí. Quizás un paseo,
el aire de la noche. Si, charlaría con el chico de los periódicos
de la esquina. Aunque esto ya no era posible tampoco. Todos los chicos de los
periódicos del barrio eran intelectuales. Leían a G. B. Shaw y
a O. Spengler y a Hegel. Y no eran chicos de periódicos ya: tenían
sesenta, ochenta o mil años. Mierda. Salí dando un portazo.
Luego, cuando llegue a las escaleras, algo me hizo volverme y mirar al descansillo.
Acertaste: la manta me seguía, avanzaba serpentinamente, los pliegues
y sombras de delante aparentaban cabeza, boca y ojos. Permíteme que te
diga que en cuanto empiezas a admitir que un horror es un horror, al fin se
hace MENOS horror. Por un momento pensé en mi manta como si fuese un
buen perro que no quisiese estas solos sin mí y tenía que seguirme.
Pero luego caí en la cuenta de que aquel perro, aquella manta. Había
salido a matarme, y entonces, a toda prisa, bajé las escaleras.
¡Sí, sí, vino tras de mí! Se movía con la
rapidez que quería bajando las escaleras. Sin ruido. Decidida.
Yo vivía en el tercer piso. Me siguió escaleras abajo. Hasta el
segundo. Hasta el primero. Mi primer pensamiento fue salir corriendo fuera,
pero fuera estaba muy oscuro. Es un barrio tranquilo y solitario, lejos de las
grandes avenidas. Lo mejor era acercarse a la gente para cerciorarse de la realidad
de los hechos. Son necesarias como MINIMO 2 votos para hacer real la realidad.
Los artistas que has trabajado años por delante de su época, han
descubierto eso, y los casos de demencia y de supuesta alucinación lo
han puesto también al descubierto. Si eres el único que ves una
visión, te llaman santo o loco.
Llamé a la puerta del apartamento 102. salió a abrir la mujer
de Mick.
-Hola, Hank -dijo-. Pasa.
Mick estaba en la cama, todo hinchado, los tobillos del tamaño doble,
con mas vientre que una mujer embarazada. Había sido un gran bebedor
y había fallado el hígado. Estaba lleno de agua. Esperaba que
quedase una cama libre en el hospital de veteranos.
-Hola, Hank -dijo-. ¿Trajiste un poco de cerveza?
-Vamos, Mick -dijo su vieja-, ya sabes lo que dijo el doctor: se acabó,
ni siquiera cerveza.
-¿Para qué esa manta, Hank? - pregunto él.
Miré. La manta había saltado hasta mi brazo para poder entrar
inadvertida.
Bueno -dije-, es que tengo muchas. Pensé que podría servios.
La eché sobre el sofá.
-¿No trajiste cerveza?
-No, Mick.
-Una cerveza seguro que podría aguantarla.
-Mick -dijo su vieja.
-bueno, es que resulta muy duro cortar en seco después de tantos años.
-Bueno, quizás una -dijo su vieja-. Bajaré a la tienda.
-No te molestes -dije-, traigo yo unas cuantas de la nevera.
Me levanté y fui hacia la puerta, vigilando la manta. No se movió.
Estaba allí posada, mirándome desde el sofá.
- En seguida vuelvo -dije, cerré la puerta.
- Creo, pensé, que es una cosa mental. Llevé la manta conmigo
e imaginé que me seguía. Tengo que relacionarme mas con la gente.
Mi mundo es demasiado limitado.
- Subí a casa y metí tres o cuatros botellas de cerveza en una
bolsa de papel y luego empecé a bajar. Cuando iba por el segundo piso
oí un grito, un taco y luego un tiro. Bajé corriendo las otras
escaleras u me lancé hacia el 102. Mick estaba allí de pie todo
hinchado con una mágnum del 32 de cuyo cañón salía
un hilillo de humo. La manta seguía en el sofá, donde yo la había
dejado.
- -¡Mick, estás loco! -le decía su vieja.
- -Es cierto - dijo él-. En cuanto entraste en la cocina, esa manta,
que muerto me caiga ahora mismo si no es cierto, esa manta salto hacia la puerta.
Intentaba girar el manubrio, para salir pero no podía. En cuanto me recuperé
de la primera sorpresa, salí de la cama y fui hacia ella, y cuando me
acercaba, saltó del pomo, saltó a mi cuello e intentó estrangularme.
- -Mick ha estado enfermo -dijo su vieja-. Ha estado poniéndose inyecciones.
Ve cosas. Solía ver cosas cuando bebía. En cuanto le ingresen
en el hospital se pondrá perfectamente.
- -¡Maldita sea! -gritó él plantado todo allí todo
hinchado con su pijama-. Te aseguro que ese chisme intentó matarme, y
suerte que la vieja mágnum estuviese cargada y que pudiese correr al
aparador y sacarla y atizarle cuando intentó atacarme otra vez. Se escurrió.
Volvió otra vez al sofá y allí está. Puedes ver
el agujero donde le metí la bala. ¡No son imaginaciones mías!
- Llamaron a la puerta. Era el encargado
- -Hacen ustedes demasiado ruido -dijo-. Nada de televisores ni radio ni ruidos
fuertes después de las diez -dijo.
- Luego se fue.
- Me acerqué a la manta, tenía una agujero, desde luego. Parecía
muy quieta. ¿cuáles son los puntos vitales de una manta viva?
- -Jesús, vamos a tomar una cerveza -dijo Mick-. Me da igual morirme
que no.
- Su vieja abrió tres botellas y Mick y yo encendimos un par de Pall
Malls.
- -Oye, amigo -dijo-, cuando te vayas llévate la manta.
- -Yo no la necesito, Mick -dije-. Quédatela tú.
- Bebió un gran trago de cerveza.
- -¡Sácame ese maldito chisme de aquí!
- -Bueno, ya está MUERTA, ¿no? -le dije.
- -¿Cómo diablos voy a saberlo?
- -¿Quieres decirme que te crees ese absurdo de la manta, Hank?
- -Sí, señora, lo creo.
- Ella echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
- -Vaya un par de chiflados, nunca vi cosa igual -luego añadió-:
Tú también bebes, ¿verdad Hank?
- -Sí señora.
- -¿Mucho?
- -A veces.
- -¡Yo lo único que digo es que te lleves esa condenada manta de
aquí.
- Bebí un trago de cerveza y deseé que fuese vodka.
- -De acuerdo, camarada -dije-, si no quieres la manta, me la llevaré.
- La doblé y me la eché al brazo.
- -Buenas noches.
- -Buenas noches, Hank, y gracias por la cerveza.
- Subí la escalera y la manta seguía muy quieta, quizás
la bala la hubiese liquidado. Entré en casa y la eché en una silla,
luego estuve sentado un rato, mirándola.
- Luego se me ocurrió una idea: cogí la panera y puse encima un
periódico. Luego cogí un cuchillo. Puse la panera en el suelo.
Luego me senté en la silla. Me puse la manta sobre las piernas: y agarré
el cuchillo. Pero costaba trabajo apuñalar aquella manta. Seguí
allí, sentado en la silla, el viento de la noche de la podrida ciudad
de Los Ángeles entraba soplándome en la nuca, y qué, y
qué trabajo me costaba clavar aquel cuchillo, ¿Qué sabía
yo? Quizás aquella manta fuese alguna mujer que me había amado,
y buscaba un medio de volver a mí a través de la manta. Pensé
en dos mujeres. Luego, pensé en una. Luego me levanté y entré
en la cocina y abrí la botella de vodka. El medico ,e había dicho
que una gota más de licor y estaba listo. Pero llevaba tiempo practicando.
Un dedalito una noche. Dos la siguiente, etc. Esta vez me serví un vaso
lleno, no era le morir lo que me importaba, era la tristeza, el asombro, las
pocas personas buenas que hay llorando en la noche. Las pocas personas buenas.
Quizás la manta hubiese sido aquella mujer e intentase matarme para llevarme
a la muerte con ella, o intentase amar como una manta y no supiese cómo...
o intentase matar a Mick porque la había molestado cuando intentaba seguirme
por la puerta...
- ¿Locura? Seguro. ¿Qué no es locura? ¿No es una
locura la vida? Todos estamos atados como muñecos... unos cuantos vientos
de primavera, y se acabó, y ya está... y damos vueltas por ahí
y suponemos cosas, hacemos planes, elegimos gobernadores. Segamos el césped...
Locura, sin duda, ¿qué NO ES locura?
- Bebí el vaso de vodka de un trago y encendí un cigarrillo.
- Luego alcé la manta por ultima vez y ¡CORTE! Corté y corté
y corté, corté aquel chisme en trozos pequeñísimos...
y metí los trozos en el balde y luego lo puse junto a la ventana y puse
en marcha el ventilador para soplar el humo, y mientras la llama se lazaba,
entré en la cocina y me serví otro vodka.
- Cuando salí estaba poniéndose rojo y bien, como cualquier bruja
del viejo Boston, como cualquier Hiroshima, como cualquier amor, como cualquier
amor, cualquiera, y yo no me sentí bien, no me sentí nada bien.
Bebí el segundo vaso de vodka y apenas lo noté. Entré en
la cocina a por otro, el cuchillo en la mano. Tiré el cuchillo en la
fregadera y desenrosqué el tapón de la botella. Volví a
mirar el cuchillo que había echado en la fregadera. En su filo había
una mancha clara de sangre. Me miré las manos. Las revisé buscando
cortes. Las manos de Cristo eran hermosas manos. Miré mis manos. No había
ningún corte. No había ni un arañazo. Ni un rasguño.
- Sentí rodar las lágrimas, arrastrarse como pesadas e insensibles,
sin piernas. Estaba loco. Tenía que estar loco sin duda.
Aportado por Camilo Espinosa
Esta pagina ha sido perpetrada por Sergi Puertas
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