PURPURA COMO UN IRIS
CHARLES BUKOWSKI
En un lado del pabellón decía A-1, A-2, A-3, etc., y allí
estaban los hombres. En el otro decía B-1, B-2, B-3, y allí tenían
a las mujeres. Pero luego decidieron que sería buena terapia dejarles
mezclarse de vez en cuando, y era muy buena terapia: jodíamos en los
retretes, en el jardín, detrás del granero, en cualquier sitio.
Muchas de las que estaban allí se fingían locas por que los maridos
las habían cazado dándole al asunto con otros, pero todo era cuento,
pedían ellas mismas que las ingresaran y así los maridos se compadecían,
y luego salían y volvían a las andadas. Luego volvían a
entrar, salían, etc. Pero mientras estaban allí dentro, tenían
que hacerlo, y nosotros hacíamos todo lo posible por ayudarlas, y, por
supuesto, el personal estaba muy ocupado: los médicos jodiendo con las
enfermeras y los ayudantes jodiendose entre sí, por eso apenas se enteraban
de lo que hacíamos nosotros. Y eso estaba muy bien.
He visto más locos fuera (mira donde quieras: almacenes, fabricas, oficinas
de correos, tiendas de animales, partidos de béisbol, oficinas políticas)
que dentro. A veces me preguntaba por qué estarían allí.
Había un tipo absolutamente equilibrado. Podías hablar con él
sin problemas, se llamaba Bobby, parecía normal del todo. De hecho, parecía
muchísimo mas normal que la mayoría de los comecocos que intentaban
curarnos. No podías hablar con un comecocos sin sentirte loco tú
mismo. La razón de que la mayoría de los comecocos se hagan comecocos
es que están preocupados por su propio coco.
Y examinar la propia mente es lo peor que puede hacer un loco, y todas las teorías
que digan lo contrario son pura mierda. De vez en cuando, algún loco
preguntaba algo así:
-Oye, ¿dónde está el doctor Malov? No ha aparecido hoy.
¿está de vacaciones, o el han trasladado?
-está de vacaciones -contestaba otro loco-, y el han trasladado.
-No lo entiendo.
-Cuchillo de carnicero. Muñecas y cuello. No dejó ni una nota.
-Era un tipo tan agradable.
-Sí, mierda, sí.
Esto es algo que yo no podía entender. Quiero decir lo de que funcionase
radio Macuto en lugares como aquel. Radio Macuto nunca se equivoca. Fabricas,
grandes instituciones como aquella... corre el rumor de que ha pasado esto y
aquello. Y más aún, con días, con semanas de antelación,
oyes cosas que resultan ciertas. Al viejo Joe, que llevaba allí veinte
años, le iban a soltar. O nos iban a soltar a todos o cualquier cosa
así. Siempre era cierto.
Otra cosa de los comecocos, volviendo a ellos, era que yo nunca podía
entender por qué tenían que seguir la vía dura teniendo
a su disposición todas aquellas píldoras.
Bueno, en fin, volviendo al asunto, los casos más avanzados (quiero decir
avanzados respecto a una aparente cura) tenían permiso para salir a las
dos de la tarde los lunes y los jueves, y tenían que volver a las cinco
y media porque sino perdían sus privilegios. La teoría era que
así podríamos lentamente ajustarnos a la sociedad. Ya sabes, en
vez de simplemente saltar del manicomio a la calle. Un vistazo podría
hacerte volver en seguida, al ver a todos aquellos locos sueltos.
A mí me concedían mis privilegios de lunes y jueves, durante los
cuales visitaba a un medico al que tenía enganchado y me cargaba de benzedrina,
dexadrina, mezendrina, arcoirís, libriums y demás, gratis. Se
lo vendía a los pacientes. Bobby las comía como caramelos, y Bobby
tenía muchísimo dinero. En realidad, la mayoría lo tenía.
Como dije, a veces me preguntaba por qué Bobby estaba allí. Era
normal en casi todas las áreas de conducta, sólo tenía
una cosita: de vez en cuando, se levantaba y se metía las manos en los
bolsillos y alzaba mucho las perneras de los pantalones y andaba ocho o diez
pasos soltando un torpe silbidillo. Una especie de melodía que tenía
en la cabeza. No era musical. Era una especie de melodía, siempre la
misma. Duraba sólo unos segundos. Eso era lo único que el pasaba
a Bobby. Pero seguía haciéndolo entre veinte y treinta veces al
día. Yo al verlo, al principio, creí que bromeaba y pensé,
vaya, que tío más simpático y agradable. Luego, más
tarde, te dabas cuenta de que tenía que hacerlo.
Vale. ¿Dónde estaba? Bien. A las chicas las dejaban salir a las
dos de la tarde también, y entonces teníamos más posibilidades
con ellas. Ponía muy caliente el andar jodiendo por aquellos retretes,
pero teníamos que darnos prisa porque rondaban por allí los cazadores.
Eran tipos con coche, que conocían el horario del hospital y llegaban
en sus coches y nos birlaban a nuestras lindas y desvalidas damas.
Antes de meterme en el trafico de drogas, no tenía casi dinero y sí
muchos problemas. Tuve una vez que trincarme a una de las mejores, Mary, en
el water de señoras de una gasolinera. Fue bastante difícil para
dar con la postura (cualquiera se tumba en el suelo de un meadero) y el asunto
no iba bien de pie, era espantoso hasta que recordé un truco que aprendiera
una vez. Cruzaba en tren Utah. Con una linda y joven india borracha de vino.
El dije a Mary que pusiera una pierna encima del lavabo. Yo subí una
pierna encima del lavabo también y entré. Funciono bien. Recuérdalo.
Puede serte útil algún día. Puedes, incluso, soltar el
agua caliente y que te bañe los huevos para añadir una sensación
más. Pero el caso es que salió primero Mary del water de señoras
y luego salí yo. Y me vio el de la gasolinera.
-Eh, amigo, ¿qué hacia usted en el water de señoras?
-¡Vaya hombre, vaya! -hice un delicado movimiento con la muñeca-.
¿Es que quieres ligarme? -y salí meneando el culo. No pareció
poner duda de mi condición. Eso estuvo preocupándome muchísimo
en unas dos semanas. Luego, lo olvidé...
creo que lo olvidé. En fin, de todos modos, la droga funcionaba bien.
Bobby se lo tragaba todo. El vendí incluso un par de píldoras
anticonceptivas. Se las trago también.
-Buen material, amigo. Consígueme más, ¿vale?
Pero el más raro de todos ellos era Pulon. Siempre estaba sentado en
una silla junto a la ventana, sin moverse. Nunca iba al comedor. Nadie lo veía
comer. Pasaban semanas. Y él seguía sentado allí, sentado
en su silla. Pero se relacionaba realmente con los locos que eran casos perdidos:
la gente que nunca hablaba con nadie, ni siquiera con los comecocos. Se plantaban
allí y hablaban con Pulon. Hablaban, cabeceaban, reían, fumaban.
Aparte de Pulon, también a mí se me daba muy bien el relacionarme
con estos casos perdidos.
-¿Cómo hacéis para vencer su resistencia? -nos preguntaban
los comecocos.
Entonces, ambos les mirábamos sin contestar.
Pero Pulon podía hablar con gente que llevaba veinte años sin
hablar. Conseguía que contestaran a preguntas y que le contaran cosas.
Pulon era muy raro. Era uno de esos hombres inteligentes capaces de morir sin
soltar prenda... y quizás por eso seguía aquel camino. Sólo
un zoquete tiene bolsas llenas de consejos y respuestas a todas las preguntas.
-Escucha, Pulon -dije-, tú nunca comes. Nunca te veo comer nada. ¿Cómo
puedes mantenerte?
-Jijijijijiji. Jijijijijij.
Me presenté voluntario para trabajos especiales sólo por salir
del pabellón, para andar por el hospital. Yo era un poco como Bobby,
sólo que no me subía los pantalones y silbaba alguna desentonada
versión de la Carmen de Bizet. Yo tenía aquel complejo de suicidio
y los graves ataques depresivos y no podía soportar las muchedumbres
y, sobre todo, no podía soportar estar en una larga cola esperando por
algo. Y en eso es que se esta convirtiendo toda la sociedad. Largas colas y
esperar por algo. Intenté suicidarme con gas y no resultó. Pero
tenía otro problema. Mi problema era salir de la cama. Me fastidiaba
salir de la cama, siempre. Solía decir a la gente:" los mayores
inventos del hombre son la cama y la bomba atómica: la primera te aísla
y la segunda te ayuda a escapar". Me tomaban por loco. Juegos de niños,
eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños. Van del coño
a la tumba sin que les roce siquiera el horror de la vida.
Sí, me fastidiaba levantarme de la cama por la mañana. Esto significaba
empezar la vida de nuevo y después de estar en la cama toda la noche
has creado un tipo de intimidad a la que es muy difícil renunciar. Yo
siempre fui un solitario. Perdona, supongo que lo que me pasa es que estoy desquiciado,
pero no me importaría que todos los habitantes del mundo su muriesen.
Sí, sé que no es agradable. Pero yo me pondría tan contento
como un caracol; después de todo fue la gente que me hizo desgraciado.
Todas las mañanas igual:
-Bukowski, ¡arriba!
-¿Quéeeeee?
-He dicho: ¡Bukowski arriba!
-¿Cómo?
-¡Nada de COMO! ¡Arriba! ¡Levántate de una vez!
-... arrr... tu puta hermana..
-Iré a avisar al doctor Blasingham.
-A la mierda el doctor Blasingham.
Y allí llegaba trotando Blasingham, furioso, algo alterado, en fin, por
que estaba metiendole el dedo a una de las estudiantes de enfermera en su despacho,
una que soñaba con casarse e ir de vacaciones a la Riviera francesa...
con un viejo subnormal al que ni siquiera se el levantaba. Doctor Blasingham.
Chupasangre de fondos del condado. Un farsante y un mierda. Yo no entendía
como no el habían elegido aún presidente de Estados Unidos. Quizás
no el hubiesen visto aún... estaba tan ocupado sobando y baboseando las
bragas de la enfermera...
-Vamos, Bukowski, ¡ARRIBA!
-No hay nada que hacer. No hay absolutamente nada que hacer... ¿Es que
no se da cuenta?
-Arriba. O perderá todos sus privilegios.
-Mierda. Eso es decir que perderás el condón cuando no hay nada
que joder.
-De acuerdo, cabron... yo. El doctor Blasingham, voy a contar... veamos... uno...
dos...
Me levanté de un salto.
-El hombre es la victima de un medio que se niega a comprender su alma.
-Tú perdiste el alma en el parvulario, Bukowski. Venga, lávate
y prepárate para el desayuno...
Me dieron el trabajo de ordeñar las vacas, por ultimo, y tenía
que levantarme antes que nadie. Pero era agradable tirarles de las tetas a las
vacas aquellas. Y me puse de acuerdo con Mary para encontrarnos junto al granero
aquella mañana. Toda aquella paja. Sería bárbaro, bárbaro.
Yo estaba tirándole de las tetas al bicho cuando asomó Mary por
un lado.
-Venga vamos, pitón.
Ella me llamaba "pitón". No tengo idea por qué. Quizás
piense que soy Pulon, pensaba yo. Pero, ¿qué demonios saca un
hombre de pensar? Sólo problemas. En fin, subimos al altillo del pajar,
nos desvestimos; desnudos los dos como ovejas esquiladas, tiritando, aquella
paja limpia y dura clavándose en la carne como alfileres de hielo. Demonios,
era lo que se lee en las novelas antiguas, dios mío, estábamos
allí...
Entré. Era magnifico. Ya empezaba a engranar cuando pareció como
si todo el ejercito italiano hubiese irrumpido en el pajar:
-¡EH! ¡ALTO! ¡ALTO! ¡SUELTA A ESA MUJER!
-¡DESMONTA INMEDIATAMENTE!
-¡SACA TU PIJO DE AHÍ!
Una pandilla de auxiliares, magníficos chicos todos, homosexuales la
mayoría, demonios
, yo no tenia nada contra ellos, pero... Vaya: suben la escalerilla...
-¡ESTATE QUIETO ANIMAL!
-¡SI TE CORRES TE CORTAMOS LOS HUEVOS!
Aceleré, pero era inútil. Eran cuatro. Me arrancaron de allí
y me tiraron de espaldas.
-¡DIOS SANTO, MIRA ESE CHISME!
-¡PÚRPURA COMO UN IRIS Y LARGO COMO MEDIO BRAZO! ¡PALPITANTE,
GIGANTESCO, FEO!
-¿DEBEMOS?
-Podríamos perder el trabajo.
-Pero quizás mereciera la pena.
En ese momento entro el doctor Blasingham. Eso lo resolvió todo.
-¿Qué pasa ahí arriba? -preguntó.
-Tenemos a este hombre bajo nuestro control, doctor.
-¿Y la mujer?
-¿La mujer?
-Sí, la mujer.
-Oh... ella está más loca que el diablo.
-De acuerdo, que se pongan la ropa y que vengan a mi despacho. Por separado.
¡Primero la mujer!
Me hicieron esperar allí fuera, a la puerta del despacho particular de
Blasingham. Allí estuve sentado entre dos auxiliares en aquel duro banco,
pasando un ejemplar del Atlantic Monthly a otro del Reader's Digest. Una tortura.
Como estar muriéndose de sed en el desierto y que te preguntes que prefieres:
chupar una esponja seca o que te metan nueve o diez granos de arena garganta
abajo...
Supongo que Mary recibió una buen reprimenda del doctor. Luego, sacaron
a Mary y me metieron a mí. Blasingham parecía tomarse en serio
el asunto. Me dijo que llevaba varios días vigilándome con unos
prismáticos. Que sospechaba de mí desde hacia semanas. Dos embarazos
sin aclarar. El dije que privar a un hombre de relaciones sexuales no era el
medio mas saludable de ayudarle a recobrar el juicio. El proclamó que
la energía sexual podía transferirse columna vertebral arriba
y reciclarse para otros usos más gratificantes. El dije que creía
que podía ser así, si fuese voluntario pero que siendo a la fuerza,
a la columna vertebral podía muy bien no apetecerle transferir energía
para otros usos mas gratificantes. En fin, en resumen, perdí mis privilegios
por dos semanas. Pero antes de diñarla, espero echar un polvo en aquella
paja. ¡Fastidiarme en plan como aquel! Me deben uno, por lo menos.
Aportado por Camilo Espinosa
Esta pagina ha sido perpetrada por Sergi Puertas
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