LA EDUCACIÓN COMO DERECHO SOCIAL

Ricardo Plaul

  

    El liberalismo positivista organizó a fines del siglo pasado nuestro sistema educativo, y en particular la escuela primaria, con la doble función de formar al ciudadano y de capacitarlo para el mundo del trabajo en el marco del avance del capitalismo.

    El sistema necesitaba una institución, que además de transmitir los saberes necesarios que demandaba la esfera económica, transmitiera los valores y creencias que legitimaran el derecho y el orden económico y social establecidos. La escuela y el ejército fueron los instrumentos que utilizó la oligarquía para garantizar la reproducción de un orden social injusto intentando conformar modos de comprensión del mundo que hicieran ver como natural la inclusión social desigual, selectiva, jerárquica.

    Con la complejización de la sociedad y las luchas de sectores progresistas, políticos y gremiales, la escuela pública se fue poblando de otros sentidos: la escueta para democratizar la vida social, para la movilidad social ascendente. para el protagonismo político.

    En los últimos diez años comienzan en el masco de la ideología neoconservadora, a aplicarse políticas de privatización y rnercantilización de la educación, impulsadas por organismos internacionales (F.M.I., B.M.) que tienen corno finalidad reducir a la escuela pública a su mínima expresión. El nuevo modelo socioeconómico cercena el derecho a la educación e intenta imponer la exclusión de una parte de los hasta ayer incluidos.

    Es hora de recuperar, en una fuerza común y colectiva, resistencias y alternativas aún fragmentarias, recrear la utopía social de la producción de conocimientos conectados a la cu1tura popular que contribuya a constituir al pueblo en una fuerza efectiva. Para eso hay que tener en cuenta que:

-   Con sólo elevar la cantidad de conocimiento dominante no vamos a garantizar que sea popular.

-   Que los saberes “socialmente significativos o válidos” son       aquellos que ayudan a formar ciudadanos libres que cuestionan el estado de cosas vigente y orientan su conducta hacia la construcción de una sociedad más justa, igualitaria y fraterna.

-   Que sólo docentes críticos, con sólida formación disciplinar y tecno-pedagógica, activos defensores del bien común, con conocimiento de la realidad social, pueden formar conciencias críticas en los ciudadanos que una auténtica democracia exige.

-   Que la calidad educativa no sólo depende de aspectos pedagógicos sino que está íntimamente relacionada con las condiciones laborales del trabajo docente y con las condiciones económicas, sociales y politizas en las que se desarrolla la vida de la comunidad.

-   Que la crisis que tanto nos preocupa, no es un fenómeno natural, sino consecuencia de políticas deliberadas.

-   Que nos enfrentamos a estrategias político-pedagógicas encaminadas a impedir la construcción de colectivos sociales.

    Defender el derecho social a la educación es pues defender una escuela que haga de lo público el centro de sus preocupaciones y que sea popular en su carácter de construcción política contra hegemónica, interpretando e intentando llevar adelante los intereses de los sectores populares, de la comunidad a la que se pretende servir en sus fines, en sus contenidos y en sus metodologías de enseñanza y evaluación.

    Deberemos pues, entre todos, aportar a la construcción colectiva de un proyecto que posibilite el encuentro entre los derechos y la igualdad. La igualdad es el poder impedir que la voracidad de los poderosos extinga la razón y 1a posibilidad de soñar.