EL KILOGRAMO

Hemos creado el kilogramo. ¡Sálvese quien pueda!

Porque un kilo necesita, para ser, de otros kilos en equilibrio aparente.

Nos invade; nos asfixia.

Y un kilo de bondad se pesa y se compara con un kilo contrario.

En dos hombres que murieron, los kilates por sus kilos acumulados

marcan la distancia de sus tumbas.

Un kilo de ojos bajos no me pintan a una virgen.

Ni el apretón de manos de un kilo de fuerza dá el título de amigo.

Un kilo de inocente plomo puede alimentar más de un kilo de muerte.

Un kilo de juez no hace un kilo de justicia;

ni un kilo de hambre se calma con un kilo de caricias.

Un kilo de oraciones no señala un lugar en paraíso alguno.

El kilogramo, en tanto, se solaza como monstruo sobre

quien su creador perdió ascendencia.

Nos arrastra a mil balanzas cotidianas, y de ellas

nos bajamos siendo un kilo de nada.



CANTAR DE HOY Y DE NUNCA
(Islas Malvinas, 1982)


     Es dura la noche...
     La angustia desciende por sus altas paredes
     desde las lejanas y frías estrellas.
     El ojo recorre las sombras.
     Una tos casi niña. Un gruñido la acalla.
     El frío muerde la carne
     y está ese otro frío sutil que corroe las almas.
     Es dura la noche.
     Está preñada de plomos.
     Y en ella otro hombre te busca y lo sabes.
     Repta en silencio.
     Desenfunda el filo y los dientes.
     Se acelera su pulso y corre...
     Y la dura noche se rompe entonces
     en monocordes sonidos de nunca.
     Estalla el grito.
     Se desboca el generoso río de vida.
     Canta la muerte su canción de odios
     y cosecha -simplemente cosecha-
     los maduros racimos, los niños racimos.
     Terminan las sombras.
     Llega el día y es tan distinto...
     Los hombres, los que iniciamos la noche,
     ya no somos los mismos.
     Son otros los hombres que nacen:
     en sus ojos se apagó una estrella.




 






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poesías: Aníbal Herrera