Abded no tiene opinión.

 

Abded tiene un horno,

Abded hace pan.

Su padre hizo pan,

igual que su abuelo,

igual que todos sus antepasados.

Algún día su hijo

seguirá su camino

los cuerpos blancos,

enharinados,

los brazos fuertes,

el fuego llameante

en el horno.

 

Abded no se mete con nadie,

no tiene opinión,

sabe que las opiniones son peligrosas

y sólo traen problemas.

Algunas noches ha oído gritos,

disparos, algún gemido

y luego llantos.

Por eso Abded no tiene opinión,

no quiere que esos gritos sean los suyos,

que esos disparos le arrebaten su vida

que esos lloros sean por su cuerpo

muerto

junto al horno que fue de su padre.

 

Hoy no hay horno,

Sólo ruinas

Abded sostiene entre sus brazos

a su hijo muerto.

Le llamaron libertad,

pero era sólo bombardeo;

algunos de sus vecinos ríen

llevan colores extranjeros pintados

en las mejillas.

Abded no puede culparlos,

no tiene opinión,

Sólo un deseo en su alma

Ser él el muerto en los brazos

de su hijo vivo,

en el horno de sus antepasados.