Tiemblo en las calles de Bagdad

con renacido desamparo.

El estridente taconeo de balas

va sembrando cruces

arropadas con el miedo

visceral de los vencidos.

No sabe de piedad

ni de palomas

y arremete halcón

henchido de soberbia.

No es un campo de batalla

ni guerra libertaria.

Es oprobio sumisión desprecio

izando la insignia de la muerte.

 

Acaso los soles a venir

apaguen la noche

dejando el estigma de Irak

junto a un campo en Auschwitz

o en Guernica

o con mis chacales de la cárcel.

Acaso nos consuele

su derrumbe irremediable

 y la memoria que nos queda.

 

 Rubén