Ha dejado de llover,
y ya no caen negras gotas de muerte y destrucción.
Nos quedan sus huellas, en el suelo, en los cuerpos, en el alma.
Ha dejado de llover,
y miro al cielo azul buscando respuestas que no encuentro en la arena sucia de sangre, asqueada de guerras, mugrienta de odio, ensortijada de penas.
Ha dejado de llover,
y nos queda el mañana, el pasado está muerto y el presente es hambre, sed, enfermedades, lloros, y agonías. ¿Cuando llegará mañana?
Ha dejado de llover,
y como recé para que dejara de hacerlo, que dejara de humillarnos, mutilarnos, aplastarnos, ¿liberarnos?
Ha dejado de llover,
y dios, su dios, mi dios, todos los dioses que son uno y ninguno, nos ve, nos ven, y caen al suelo retorciéndose de dolor, comparten nuestro dolor, mi dolor, tu dolor, nuestro dolor.
Por fin, hoy, ha dejado de llover. Ojalá, nunca más llueva de esa manera.
Mejuto, en Vigo, a 14 de abril de 2003