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          Mujer escribiendo una carta

 

Anoche tuve un sueño. Soñé que a través de una extraña ventana me observaban como os escribía está carta. Ahora pienso que quizás fue una premonición, un aviso de algo terrible que os va a suceder y me veo en la obligación de poneros sobre aviso. Eran unos personajes insólitos, vestían sin recato, sobretodo las señoras que lucían ropas muy ajustadas, y faldas tan cortas que se les podía ver los tobillos e incluso las pantorrillas; algunas usaban prendas de caballero. Perdonad mi atrevimiento en el lenguaje, sólo intento describiros lo que vi con exactitud.

 

Desfilaban ante mí sin pudor. Algunos pasaban mostrando indiferencia; otros se detenían durante largo rato, mirándome con descaro; la insolencia de otros los llevaba incluso a acercarse tanto, que sentí el temor de hallarlos en mi estancia en cualquier momento. Entonces vi, con una clarividencia sobrenatural, que uno de ellos relataría que ibais a morir envenenado como castigo por vuestros devaneos con mujeres casadas y solteras, por una bella mujer de la cual no pude percibir ni el nombre ni la imagen.

 

Esto me inquieto, porque mi apreciado Marqués de Sólrac, vos me jurasteis amor eterno; y vuestro amigo, el marques de Odráude, me aseguró que erais hombre decente y que podía ofreceros sin temor mis atenciones, a pesar de mancillar con ello el honor de mi esposo y mi propia reputación. No dudo de vuestra honestidad, pero la inquietud que me ha producido este sueño, y vuestro silencio después de obsequiaros con mis favores, me hacen temer que ya os hayáis olvidado de mí y de la discreción a la que os debéis. 

Esperando una respuesta tranquilizadora por vuestra parte, se despide, siempre vuestra.

Syana.